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Título: Fácil Virtud (Easy Virtue)
Año:
1928
Guión:
Eliot Stannard, según una obra teatral de Noel Coward .
Producción:
Gainsborough Pictures.
Reparto:
Isabel Jeans, Ian Hunter, Franklin Dyall.

Argumento

Larita Filton acaba de salir de un escandaloso divorcio, tras el cual decide viajar a Francia. Ahí conoce a John Whittaker, con el que decide casarse pero escondiendo su polémico pasado.

Comentario

Dentro de la primera etapa muda de Hitchcock, Fácil Virtud debe incluirse entre las películas más olvidables y flojas del director. La idea de adaptar una obra teatral de Noel Coward en una película muda (y por tanto sin sus diálogos) no era muy prometedora, pero por entonces gozaba de mucho éxito y era una oportunidad comercial demasiado atractiva como para dejarla escapar.

El problema básico que Hitchcock debía afrontar era el tener que lidiar con un tipo de material demasiado alejado de su universo: un drama social sobre una mujer que, tras un escandaloso divorcio, se casa con un joven de clase alta cuya pedante familia no acepta a la recién llegada. Desde luego no parece un material adecuado para Hitchcock.

  

No obstante, el inicio resulta falsamente prometedor, ya que es en la escena del juicio donde se pone de manifiesto la habilidad de Hitchcock tras la cámara. Por un lado el director se regodea en algunos trucos de cámara como el monóculo visto desde un punto de vista subjetivo - en sus films mudos más flojos como éste, Champagne o El Hombre de Man, Hitchcock siempre intentaba resarcirse haciendo experimentos técnicos, como buscando alguna forma de volver interesante un material que obviamente no lo es - o el plano inicial de la peluca del juez, que antes de reconocerse resulta extraño al ser una forma no identificable al espectador.

Pero más allá de estos pequeños apuntes, lo realmente genial es la forma como se narra el juicio, con una fluidez narrativa que demuestra que quien se hallaba tras la cámara conocía sobradamente los mecanismos de la narrativa cinematográfica. En lugar de un flashback entero de los hechos, Hitchcock nos muestra al fiscal mostrando una prueba preguntando su papel en los hechos, lo cual lleva a un fragmento de flashback que parte de ese objeto. Así pues, todo lo que le ha sucedido a Larita nos es comunicado mediante esos pequeños flashbacks que visualmente representan con una gran fluidez lo que es en esos momentos su declaración (es decir, haciendo lo que debe hacer todo buen film mudo: convirtiendo la palabra en imagen).

  

En esos minutos la interesante narrativa y el ritmo de la película auguran buenos presagios al espectador, pero en realidad aquí se acaba lo más interesante. A partir de entonces el film se mueve entre lo previsible y lo banal. La historia de Larita nos resulta terriblemente poco interesante y Hitchcock simplemente se convierte entonces en un narrador eficiente pero poco destacable, demostrando que seguramente no sentía el más mínimo interés por la película. Una de las pocas escenas interesantes es la que utiliza un recurso muy hitchcockiano: en lugar de mostrarnos la conversación en que John y Larita hablan sobre matrimonio, Hitchcock prefiere ofrecer un plano de la telefonista que escucha su conversación, de manera que el espectador sabe qué se están diciendo por sus reacciones.

Aún no siendo una historia que concuerde con su estilo, Hitchcock fracasa igualmente en conseguir transmitir el clima de asfixia que debe sentir Larita al vivir con la familia de John y en crear algo de suspense en el desenlace cuando se da a conocer su pasado. Al contrario, Hitchcock nos transmite estos momentos con cierta pasividad que nos alejan aún más de la película.

Un proyecto que se nota que se realizó deprisa y sin mucho interés. Prescindible y aburrida.

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