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Título: La Trama (Family Plot)
Año:
1976
Guión:
Ernest Lehman, basado en la novela de Victor Canning .
Producción:
Universal Pictures.
Reparto:
Bruce Dern, Barbara Harris, Karen Black, William Devane.

Argumento

Blanche es una mujer que se hace pasar por espiritista con la ayuda de su novio George, un taxista que ejerce de detective aficionado facilitándole datos sobre sus clientes para que así ella pueda hacerles creer que los conoce gracias a sus poderes paranormales. Un día se les presentará la ocasión de sus vidas: una acaudalada anciana que les ofrecerá una enorme recompensa a cambio de que encuentren al hijo ilegítimo de su fallecida hermana. Cuando Blanche y George inicien su búsqueda no imaginarán que ese hombre es hoy en día un secuestrador.

Reseña

Cuando uno ve a día de hoy La Trama lo primero que le viene a la mente es que, podrá gustar más o menos, pero definitivamente no parece la película de un director de 76 años ni mucho menos la última de su carrera.

Después del éxito de Frenesí, un rejuvenecido Hitchcock compró los derechos de la novela de The Rainbird Pattern, decidido a continuar trabajando pese a su avanzada edad. No obstante, su entusiasmo se vio frenado por los problemas de salud que arrastraba por entonces y que hicieron que el periodo de años entre los estrenos de Frenesí y La Trama fuera el más largo de su carrera. En medio, el director tuvo que implantarse un marcapasos y estuvo ingresado durante un tiempo a causa de diferentes dolencias.

A cambio, su debilidad física - que fue lo que le impediría llevar a cabo el que iba a ser su último film, The Short Night - no mermó sus facultades como director. La Trama es una película ágil, entretenida e inusualmente ligera para venir de un hombre de más de 70 años. El material de origen era una historia muy oscura ambientada en Inglaterra, pero Hitchcock decidió trasladarla a Estados Unidos dándole un tono de comedia negra. Para ello decidió contar con el guionista Ernest Lehman, autor de una de sus mejores películas Con La Muerte en los Talones, con el que mantuvo largas sesiones para dar forma al guión.

Como es habitual, lo que más interesaba a Hitchcock del material original era la premisa o su estructura, que luego alteraba a su gusto. En este caso al director le fascinaba el paralelismo entre dos parejas cuyas historias se cruzan: un falsa vidente y un taxista que buscan a un rico heredero perdido, y un respetable vendedor de joyas que se dedica a secuestrar a gente importante junto a su amante, que por supuesto acaba siendo ese heredero sin sospecharlo. Hitchcock, a quien le apasionaban la construcción de las historias y los juegos simétricos, estaba encantado con esa idea. Lehman, aunque no tuvo una colaboración tan fructífera como cabía esperar con el director, entendió rápidamente lo que Hitchcock buscaba y jugó con esas simetrías de parejas y potenció el humor de la historia.

El inicio del film ya juega directamente con esa doble historia. Por un lado tenemos a Blanche que engaña a ancianas haciéndoles creer que puede contactar con los muertos mientras que George consigue datos por su cuenta para tener información confidencial de ellas que su amante les puede suministrar en sus sesiones espiritistas. Por el otro está Arthur Adamson, que regenta un elegante negocio de lujo cuando en realidad planea secuestros junto a su amante Fran. En ambos casos cada pareja tiene una profesión supuestamente respetable bajo la cual se dedican a engañar a los demás. Por supuesto los engaños de Blanche y George son mucho más inocentes y basados en la comedia (la sesión espiritual que Blanche improvisa en la cocina de su casa mientras habla con George es uno de los mejores momentos humorísticos de la película), y por ello simpatizamos con ellos inmediatamente.

De hecho buena parte del conflicto se basa en la confusión que se produce entre parejas por esos juegos de falsas identidades: Arthur Adamson en realidad es Edward Shoebridge, pero este cambio de nombre que le permitió enterrar su pasado le impide a George dar con él y hacerle partícipe de la gran fortuna; del mismo modo, el hecho de que Blanche se haga pasar por espiritista, lleva a Arthur y Fran a creer que está usando sus poderes para buscarles por sus crímenes, cuando en realidad ella no tiene tales poderes y ninguno de los dos sospecha de su actividad clandestina. Un conflicto relativamente fácil de resolver (encontrar a un heredero para hacerle partícipe de una gran fortuna) acaba derivando en una compleja historia a causa de esas confusiones.

Hitchcock se sentía claramente fascinado por este dualismo y los puntos en común entre ambas parejas, que se recalcan desde el principio (por ejemplo, en la presentación de personajes se nos insinúa claramente que tanto unos como otros harán el amor esa noche después de haber cometido cada uno su particular engaño).

Uno de los aspectos más curiosos y que también debió gustar especialmente al director, es hacer que la pareja antagonista sea mucho más elegante que la protagonista. Si uno toma como referente uno de los grandes héroes hitchcockianos, Cary Grant, el elegante Arthur Adamson está mucho más cercano a él que George. De hecho, George es un claro antihéroe hitchcockiano: físicamente poco atractivo, torpe, poco hábil en sus pesquisas (Joe Maloney se da cuenta enseguida de que no es quien dice ser) y definitivamente más cómico que heroico. El director de hecho nos lo muestra engullendo de forma muy poco elegante una hamburguesa mientras habla con Blanche pero a cambio no le vemos nunca enfrentándose a los criminales (en la escena del coche simplemente esquivan a Joe cuando intenta atropellarlos y al final atrapa a Arthur y Fran encerrándolos por sorpresa).

Esto viene íntimamente vinculado a un aspecto al que volveremos a la hora de hablar del reparto, y es la reticencia de Hitchcock por entonces de utilizar a grandes estrellas. Como consecuencia de ello, en sus dos últimas películas decidió compensar esa carencia apostando por antihéroes de los que se servía potenciar otros aspectos a cambio: en Frenesí eso le servía para jugar con la idea de que el psicópata sea un hombre encantador y el protagonista una persona repulsiva, mientras que en La Trama no sólo vuelve a incidir en esa idea como acabamos de ver, sino que potencia aún más el aspecto cómico gracias al saber hacer de Bruce Dern y Barbara Harris.

Las escenas de suspense por tanto son más bien escasas. De hecho solo hay una escena que sea propiamente de suspense: el encuentro en la carretera en que Joe inhabilita los frenos del coche de George, provocando que éste no pueda frenar en esa peligrosa carretera de curvas. Ciertamente, para ostentar el título de ser la última escena de la carrera de Hitchcock no es gran cosa, pero está bien resuelta y es emocionante.

El desenlace también incorpora los toques de suspense típicos del director, como el tenso encuentro entre Blanche y Arthur y Fran, justo cuando éstos iban a entregar al obispo. Hitchcock muy hábilmente muestra en paralelo la conversación de Blanche y Arthur con un plano del traje del obispo que se ha enganchado a la puerta y que Fran intenta ocultar en vano.

Por otro lado, es cierto también que todo el film se basa en una clara premisa de suspense en que el espectador conoce más información que los personajes, haciendo que en este desenlace temamos por la seguridad de Blanche al no ser ésta consciente de que está hablando con dos criminales.

Uno de los aspectos más remarcables del film para mí junto a su estilo ligero tan bien conseguido es el hecho de ser una película que captura perfectamente la atmósfera y el tono de los Estados Unidos de los años 70. No solo en la elección de los protagonistas sino también en los escenarios en que se sitúa (el director buscó que no fueran identificables a propósito pero tienen un aroma auténticamente americano) o en el comportamiento de los personajes, incluyendo los secundarios. La Trama es una película que vista hoy día nos recuerda a otras producciones americanas de la época creadas por jóvenes realizadores que estaban capturando el estilo del momento. Lo interesante es que en este caso está realizada por un director de casi 80 años que, lejos de quedarse anticuado, supo captar el estilo y el espíritu de la época.

El reparto de La Trama es uno de los más curiosos de la carrera de Hitchcock. Después de haber perdido a sus estrellas favoritas por la edad (Cary Grant, James Stewart, etc.), incapaz de encontrar unos sustitutos adecuados y molesto por los elevados salarios que se llevaban (en el caso de Cortina Rasgada es de sobras conocido lo mucho que le molestó ese aspecto), en sus dos últimas películas Hitchcock se "vengó" evitando utilizar grandes estrellas. No sólo evitaba esos elevados salarios sino que era una demostración de que no hacía falta un actor de moda para vender sus películas: él solo se bastaba. Por suerte su estatus le permitía poder permitirse ese tipo de jugadas sin interferencias del estudio.

Inicialmente se barajaron los nombres de Jack Nicholson (quien creo que habría encajado muy bien como George), Al Pacino, Faye Dunaway y Liza Minnelli entre otros. Pero la reticencia de Hitchcock a pagar sus elevados salarios le llevó a buscar entre actores de menos caché en los que confiara igualmente. Bruce Dern, un muy buen actor que solía aparecer en papeles secundarios y en televisión, fue una de las elecciones más acertadas. Ya había trabajado con él en un pequeño papel de Marnie la Ladrona y le había visto en su serie de televisión, y le gustaba. Dern no era en absoluto una estrella ni tenía el tipo para serlo, pero a Hitchcock le gustaba y era más barato que las primeras opciones que tenía, así que fue escogido. Resulto una feliz elección. Fue el miembro del reparto con quien mantuvo una relación más cordial. También disfrutó mucho trabajando con Barbara Harris, una actriz que se ha prodigado poco en el cine a la que el director admiraba.

Para encarnar a la pareja antagonista, Karen Black fue una elección rápida, pero el personaje de Arthur Adamson resultó más conflictivo. Una vez decidido a utilizar actores poco conocidos, la primera elección de Hitchcock fue William Devane, pero éste no estaba disponible y se utilizó a Roy Thinnes. No obstante, al poco de empezar el rodaje, Devane volvió a estar disponible, y al no estar Hitchcock especialmente contento con Thinnes le reemplazó rápidamente por Devane, lo cual provocó una situación bastante violenta. A la práctica, Hitchcock tampoco congeniaría demasiado con Devane aunque realmente éste hizo un buen papel, sabiendo captar la suave máscara de fina elegancia tras la cual se oculta un criminal.

Por último habría que añadir que La Trama supone la única colaboración entre Hitchcock y el reputado compositor John Williams, que creó una banda sonora que capta perfectamente el tono del film, misterioso pero ligero. Seguramente de haber prolongado su carrera, la colaboración entre Hitchcock habría sido más duradera.

En su momento La Trama fue bien recibida pero si excesivo entusiasmo, como un film menor competente y bien hecho de un cineasta altamente respetado, pero que sabía a poco después de la genial Frenesí. Vista en perspectiva es una película que aguanta muy bien el paso del tiempo y que confirma las buenas vibraciones que aporta Frenesí: es decir, que Hitchcock había logrado superar el bache de Cortina Rasgada y Topaz y que era capaz de hacer películas con los nuevos tiempos que corrían. Su último film es un gran cierre de filmografía: entretenido, ligero, fiel a si mismo y acorde con los tiempos.

No deja de ser una maravillosa casualidad que el último plano de la última película de Hitchcock sea un primer plano de Blanche guiñando el ojo a cámara - casualidad porque Hitchcock por entonces no pensaba que éste sería su último film. Es decir, un guiño directo al espectador, algo prácticamente inédito en el cine de Hitchcock, que siempre había respetado las convenciones de la cuarta pared. Así pues, Hitchcock cerraba su carrera con un guiño al público al que había estado sirviendo fielmente durante 50 años, al que le gustaba entretener, asustar y hacer reír. Pocos cierres de filmografías conozco tan apropiados como éste.

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