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Título: La Sombra de una Duda (The Shadow of a Doubt)
Año:
1943
Guión:
Sally Benson, Alma Reville y Thorton Wilder, basado en una historia de Gordon McDonell.
Producción:
Universal Pictures.
Reparto:
Teresa Wright, Joseph Cotten, MacDonald Carey, Henry Travers, Hume Cronyn.

Argumento

Los Newton son una familia que vive inmersa en su tranquila monotonía diaria en el pueblo de Santa Rosa hasta que reciben una inesperada noticia: el tío Charlie va a visitarles. La hija mayor de los Newton, Charlie, recibe eufórica la noticia puesto que le adora. Sin embargo, con el tiempo comenzará a sospechar que su idolatrado tío puede ser en realidad un peligroso asesino.

Comentario

En más de una ocasión Hitchcock mencionó que ésta era la película predilecta de su filmografía, y si bien no es tan vistosa como otras obras suyas de más renombre no es una elección nada descabellada. De hecho se trata de una de las grandes obras maestras ocultas de su carrera.

El film nació de una idea no acabada que sedujo inmediatamente al director propuesta por Gordon McDonell, un escritor de novelas de intriga. Este primer esbozo ya incluía la idea básica sobre una clásica familia norteamericana visitada por su encantador tío, que en realidad resulta ser un asesino de viudas. Para dar forma al guión, Hitchcock quiso trabajar con el prestigioso escritor Thorton Wilder, y para su sorpresa éste aceptó. Normalmente cuando el director había tanteado a escritores o guionistas de renombre era rechazado porque éstos tenían poco interés por el tipo de cine que hacía, que consideraban como un mero entretenimiento vacío. Para Hitchcock fue una refrescante novedad que alguien de la talla de Wilder aceptara su oferta Además, todo el proceso de escritura se desarrolló a la perfección: Wilder y Hitchcock congeniaron instantáneamente y trabajaron entusiasmados en el guión. Seguramente fue una de las colaboraciones más felices de su carrera por lo productiva que fue y por el ambiente en que se desarrolló (algo que fue extensible al relajado rodaje).

En esencia se mantuvo la idea de McDonell con algunos leves cambios como suprimir algunos personajes (un hermano mayor de Charlie y su novio) y añadiéndole esos toques cómicos esenciales para Hitchcock. Así mismo, Wilder aportó la idea para su famoso inicio, que está inspirado en Los Asesinos de Hemingway, un relato que empieza con un personaje tumbado en su cama esperando a que vengan a matarlo (pocos años después Robert Siodmak haría una excelente versión cinematográfica titulada Forajidos).

 

Esta escena inicial marca ya el que es uno de los grandes temas de la película: el doble, y la dualidad entre el bien y el mal, representado por los dos Charlies. La primera aparición de los personajes en la película es mediante dos planos idénticos: ambos tumbados sobre sus respectivas camas con la mirada perdida. Pero mientras el tío Charlie está en una pensión situada en un suburbio de New Jersey, Charlie está en una habitación confortable en el idílico pueblo de Santa Rosa. Él huye de la policía y tiene dinero desperdigado por todo el cuarto, mientras que ella vive una vida aburrida, sencilla y mediocre.

La idea del doble aparece acentuada de forma remarcadísima: la propia Charlie asegura que son como gemelos y que existe una especie de conexión mental entre ellos. De hecho es por culpa de eso que se sucede el conflicto, ya que cuando descubre que su tío oculta algo, ésta le dice cariñosamente que lo descubrirá porque no puede haber secretos entre ellos, y de hecho acaba siendo así. Este vínculo acaba reforzándose con el anillo que el tío Charlie ofrece a su sobrina, que es al mismo tiempo el objeto que le acaba sentenciando al ser la única prueba que hay contra él y que ésta usará para echarle de casa.
Sin embargo, la idea que transmite Hitchcock es de que al fin y al cabo no existe un mal y un bien en estado puro: el tío Charlie es un asesino pero al mismo tiempo es un hombre encantador que adora a su sobrina, mientras que la inocente Charlie al final dice a su tío que si hace falta le matará, cosa que acaba haciendo accidentalmente a bordo del tren.

 

El otro gran tema del film y quizás el más importante es el de la presencia del mal en un ambiente idílico y ordinario. En aquellos años en que la II Guerra Mundial estaba en pleno apogeo, los enemigos por excelencia de los films eran los nazis, pero aquí Hitchcock propone mostrarnos cómo la maldad también existe en el corazón de América, entre la gente normal.

Por ello es fundamental la descripción que hace el director de esa idílica familia típicamente americana. Aunque pueda parecer que algunos de sus personajes son demasiado cómicos lo que Hitchcock buscaba era captar esa visión idealizada típica de película, con más toques de comedia que de melodrama, para luego destruirla. La Sombra de una Duda es la obra donde capta a la perfección el protipo de un entorno norteamericano idealizado (el tipo de familia, las relaciones entre ellos, el estilo de vida, el humor bucólico e inocente, el pequeño pueblo donde todos se conocen por su nombre) para a continuación introducir en éste la presencia del mal. Pero no un mal visible, sino mucho peor, un mal camuflado bajo el encanto del tío Charlie. Esta idea queda remarcada con su llegada al pueblo a bordo de un tren cuya humareda negra ya anuncia la llegada de esa presencia maléfica.
Y sin embargo, el tío Charlie acaba integrándose perfectamente en esa comunidad como un miembro más de esa familia simpática y entrañable. En el momento en que abandona el pueblo, ya es un personaje ilustre que da discursos y se codea con gente respetable como el director del banco, de hecho más adelante se le entierra como a una persona importante de la comunidad. En ese sentido la idea de Hitchcock es más perversa que en sus anteriores films antinazis: no solo el mal está presente en ambientes idílicos como este pueblo, sino que consigue infiltrarse y, de no ser por Charlie, habría acabado formando parte de esa comunidad como otra persona normal y respetable.

Si Charlie se quejaba amargamente de que su vida es aburrida y monótona, la llegada de su tío le hará descubrir otro mundo completamente ajeno a esa existencia tranquila e idílica. En el mundo de la familia de Charlie no existe el crimen salvo en las conversaciones entre el padre de Charlie y su vecino en que fantasean sobre cómo cometerían un asesinato. No obstante son dos personajes tan sumamente inofensivos que la idea del asesinato suena irreal en sus bocas, y paradójicamente desconocen que bajo su mismo techo hay quien lo ha llevado a cabo de verdad.

 

Buena parte del film se rodó en exteriores en el pueblo de Santa Rosa, algo que animó visiblemente al director porque le permitió darle al film un look mucho más auténtico que habría sido más difícil de conseguir en estudio. En aquella época los rodajes en exteriores eran algo bastante inusual, pero Hitchcock se benefició del hecho de que, a causa de la II Guerra Mundial, los estudios tenían unos límites presupuestarios bastante estrictos en decorados, por lo que la mayor parte se rodó en el pueblo y la otra en estudio. Como curiosidad, la casa que aparece en el film es la de un médico. Pese a que era algo ostentosa para el nivel de vida de sus protagonistas, se escogió porque al estar algo descuidada podía dar el pego. Desafortunadamente, el médico la pintó dejándola como nueva para la película, por lo que los técnicos tuvieron que volver a ensuciarla (Hitchcock era muy exigente con estos detalles) y, al acabar el rodaje, volver a pintarla.

La película no tiene una gran escena mítica como otras del director, pero está repleta de grandes momentos. El más célebre de todos es el amargo discurso que hace el tío Charlie sobre las viudas, esas mujeres ociosas que viven a costa del dinero ganado por sus difuntos maridos. Es el único momento en todo el film en que se asoma su faceta oscura en un ambiente familiar. Su terrible discurso es enfatizado mediante un plano que se va acercando a su rostro hasta que Charlie le increpa que esas mujeres también son seres vivos. Entonces, el tío Charlie se gira y mirando directamente a cámara en un primer plano que ocupa toda la pantalla, responde (dirigiéndose a la vez a su sobrina y al espectador): "¿Lo son?".

Algunos detalles también dignos de reseñar son por ejemplo el tema del "Vals de la viuda alegre" que aparece visualmente en pantalla cada vez que Charlie se acerca a la verdad (primero con el anillo, luego leyendo una noticia sobre el caso) y cuando mata a su tío, un recurso por cierto muy deudor del cine mudo. También se ha resaltado a menudo la escena en que Charlie lee la noticia en el diario, momento en que Hitchcock realiza un amplio travelling con grúa mostrando a Charlie con un gran picado, como queriendo enfatizar la sorpresa del momento y su insignificante figura. Así mismo, también hay un ejemplo de un tipo de plano que le encantaba al director, de ésos que iban de lo general a lo concreto: mientras el tío Charlie da un discurso en casa, su sobrina baja y él descubre que ella lleva puesto el anillo incriminador, por lo que improvisa una excusa para dejar el pueblo. Es el detalle de ese anillo lo que interesa de ese momento y que Hitchcock remarca con la cámara acercándose a éste hasta encuadrarlo en primer plano.
Por último el film tiene algunos contrastes muy curiosos como el ya mencionado inicio con los dos planos idénticos o cuando Charlie y el detective pasean juntos y Hitchcock hace un corte brusco de los dos sonriendo a un plano de ella escandalizada al descubrir que en realidad es un detective. Ciertamente la subtrama amorosa entre ambos es poco interesante pero por suerte Hitchcock, consciente de ello, la reduce lo máximo posible. Eso queda patente en el diálogo amoroso entre ellos en el garaje, que se trató evitando que acabara volviéndose demasiado empalagoso (no obstante hay que decir que esta escena acabó siendo así a petición expresa de Teresa Wright, que creía que la escena era demasiado tópica y el director accedió a cambiarla para que no acabara con el típico beso, sino que más bien quedara como un romance que tampoco acaba de fructificar).

 

Aunque la película no tiene ninguna gran estrella es de ésas que cuentan con un reparto perfecto y en la que incluso los papeles secundarios están perfectamente escogidos (con la posible excepción del detective enamorado de Charlie, encarnado por un soso MacDonald Carey). Curiosamente en los papeles principales no se utilizó a ninguna de las primeras opciones del director, pero por una vez eso benefició a la película en vez de perjudicarla.
Para encarnar a Charlie Hitchcock quería a William Powell, que era esencialmente un galán de comedias al que Hitchcock quería utilizar en un contexto diferente, de la misma manera que había hecho con Cary Grant. Desafortunadamente nunca pudo trabajar con él, pero a decir verdad se hace un poco extraño imaginarlo como un posible tío Charlie, aunque bien seguro que habría conseguido un impacto enorme en el público. De todos modos también hay que reconocer que es imposible imaginarse a otro actor que no sea Joseph Cotten en el papel. Cotten por entonces aún estaba empezando en el cine en los primeros films de Orson Welles, y aquí ofrece la mejor interpretación de su carrera. Consigue transmitir al mismo tiempo el encanto y el lado oscuro de tío Charlie con toda su complejidad. Gracias a él éste ha acabado siendo uno de los más memorables villanos de la carrera de Hitchcock.

Por otro lado, para el papel de Charlie se pensó en Joan Fontaine o su hermana Olivia de Hallivand, que mostró un gran interés por trabajar con Hitchcock. Cuando se tuvieron que desechar ambas opciones se recurrió a la que es una de las más grandes actrices del Hollywood de la época injustamente olvidada hoy día: Teresa Wright. Por aquel entonces la joven actriz sólo había realizado tres películas, pero las tres eran de primer nivel y demostró en ellas ser una excelente actriz. No decepcionó en absoluto en el nuevo film de Hitchcock: su interpretación capta a la perfección la candidez inicial del personaje que va dando paso a sus dudas y a su posterior descubrimiento de la maldad existente en el mundo.

 

Finalmente, los papeles secundarios recayeron todos en actores que se amoldaron perfectamente a éstos: la actriz de carácter Patricia Collinge está excelente como madre de familia que adora a su hermano Charlie, Henry Travers tiene un papel más discreto como padre pero capta enseguida la personalidad del personaje, en cuanto a los niños cabe resaltar que la pequeña Ann no era una actriz profesional sino que fue reclutada por Hitchcock tras encontrársela por la calle y hacerle una pequeña prueba.

Por último cabe decir que este film marcó el inicio de una de las amistades más íntimas del director durante el resto de su vida. El actor Hume Cronyn inicialmente no parecía el adecuado para encarnar al vecino de mediana edad debido a su juventud, pero Hitchcock optó por contratarle igualmente y maquillarle para que aparentara ser más viejo. Éste era el primer papel en el cine del actor, que hasta entonces sólo había trabajado en teatro, y aunque en la gran pantalla nunca llegó a ser un actor de renombre sus actuaciones eran generalmente excelentes, sobre todo en papeles secundarios con personalidad. Solo volvería a trabajar con Hitchcock en su siguiente obra, pero a raíz de este encuentro se inició una larga amistad entre ambos.

A decir verdad, uno de los motivos por los que este film se encuentra entre los favoritos de Hitchcock no es sólo la película en sí misma, sino también las circunstancias que le rodearon. En primer lugar, el poder trabajar con un escritor de prestigio como Thorton Wilder, con el cual sintonizó enseguida. En segundo lugar, también fue a raíz de este film que conocería a Joseph Cotten y, sobre todo, Hume Cronyn, que se convertirían en amigos del director durante décadas. Finalmente, éste fue uno de esos casos especiales en que todo salió a la perfección: Hitchcock mantuvo el control de la historia del principio al final (trabajar para la Universal suponía un descanso en comparación con Selznick, que procuraba controlar todo) y el equipo se convirtió en una especie de pequeña familia durante el rodaje, que estuvo marcado por la armonía entre todos los que participaron en él. Si a eso le sumamos el excelente resultado final, no se puede culpar a Hitchcock por sentir debilidad hacia esta joya, una de sus obras maestras más sutiles y llena de ideas interesantes bajo su aparente sencillez.

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