8,5

 

Título: La Soga (Rope)
Año:
1948
Guión:
Hume Cronyn y Arthur Laurents, basado en la obra Rope's End .
Producción:
Warner Bros. Pictures.
Reparto:
James Stewart, John Dall, Farley Granger, Cedric Hardwicke.

Argumento

Dos jóvenes, Brandon y Philip, estrangulan a un compañero de clase basándose en unos muy particulares principios personales que consideran el asesinato como algo destinado a seres superiores. Después del crimen, esconden el cadáver en un baúl y celebran una pequeña fiesta a la que han invitado a algunos amigos y familiares del fallecido.

Comentario

La Soga fue una película crucial en la carrera de Hitchcock, ya que fue la primera obra que estrenó producida por él mismo de forma independiente. Una vez acabó su contrato con Selznick, Hitchcock se alió con su amigo el productor Sidney Bernstein y juntos fundaron Transatlatic, la productora con la que esperaba poder crear sus futuras obras sin tener que rendir cuentas a nadie.

Su primer proyecto fue La Soga, una polémica obra teatral basada en el caso real de dos estudiantes que mataron a un compañero para experimentar qué se sentía al hacer algo así. A Hitchcock le fascinaba la historia por varias ideas: la premisa de cometer el crimen perfecto, el hecho de que tanto ellos como el profesor que les inspiró el acto fueran homosexuales, el hecho de que esconden el cadáver en un arcón sobre el que sirven una cena para sus familiares y amigos, y la idea de filmarla sin cortes, sobre la que volveremos más adelante.

Al trabajar por su cuenta, Hitchcock pudo permitirse rodearse de los colaboradores que quisiera, así pues para hacer un primer tratamiento del guión contó con su amigo Hume Cronyn, que había escrito algunos relatos cortos y había trabajado con Hitchcock como actor secundario en La Sombra de una Duda y Náufragos. El guión luego pasaría a Arthur Laurents, que entre otras cosas tuvo que cambiar su escenario de Reino Unido a Nueva York.

Debido a la censura de la época, el guión en ningún momento dice explícitamente la palabra homosexualidad ni hace referencia directa al hecho, pero es algo claramente palpable en la película. Para Hitchcock era importante mantener esa idea, y aunque no se lo pidió explícitamente al guionista, éste entendió que cabía mantenerla. Fue una de las grandes bazas de la película: aunque efectivamente nunca se dice nada, al ver el film uno no puede evitar sobreentender que Brandon y Philip son homosexuales. Es una de las mayores demostraciones de la capacidad del director para eludir la censura del código, ya que no había ningún diálogo o hecho concreto que pudieran pedir que suprimiera para evitar ese concepto, sencillamente se nota.

La idea inicial para el trío protagonista incluía a Montgomery Clift como uno de los jóvenes asesinos y a Cary Grant como el profesor Rupert, y ciertamente no es ninguna casualidad que Hitchcock hubiera escogido de forma un tanto perversa a un homosexual y a un bisexual para ambos papeles. No obstante, precisamente a causa de eso ambos se negaron por no atreverse a hacer ese tipo de papel. A cambio, Hitchcock consiguió a otros dos actores homosexuales muy eficaces para los papeles de los asesinos: John Dall y Farley Granger. Pero para encarnar a Rupert el director acabó escogiendo a un actor que tiraba por tierra cualquier sospecha de homosexualidad de su personaje: James Stewart. Stewart, que acabaría siendo uno de sus actores favoritos, aquí estaba algo fuera de lugar en un papel que en la teoría debería haber insinuado un triángulo amoroso entre él y sus dos antiguos estudiantes. Recurriendo a él Hitchcock ganaba un aliciente en taquilla pero a cambio perdía ese subtexto, ya que no sólo el actor no era homosexual sino que por la imagen que daba (el honesto auténtico americano medio) sería impensable dotarle de ese rasgo. Por tanto, el guión se modificó adaptándose a las circunstancias y Rupert acabó siendo simplemente un profesor enrollado con un perverso sentido del humor al que todos admiran por su locuacidad y sus inusuales ideas.

El resto de personajes cambiaron sustancialmente respecto a la obra de teatro original con la excepción del padre de David, que hace de voz de la conciencia al indignarse ante el discurso de Brandon. Entre los actores secundarios destacaban dos viejos amigos del director (de nuevo Hitchcock buscaba rodearse de conocidos) Cedric Hardwicke y Constance Collier. Hardwicke era uno de los pilares principales de la pequeña colonia de emigrantes británicos asentados en Hollywood, y por tanto Hitchcock tenía mucho trato con él, mientras que Constance Collier aportó el necesario contrapunto cómico a la película con su irritable personaje. Ambos acabaron siendo los únicos miembros del reparto que disfrutaron del tenso rodaje filmado en tomas larguísimas, ya que como tenían amplia experiencia teatral no les suponía un reto inusual, al contrario, lo encontraron estimulante.

La gran particularidad de La Soga que la convierte en una película única es el hecho de estar filmada en planos muy largos. La idea de Hitchcock era de hecho filmarla en un solo plano secuencia, pero resultaba imposible debido a que las bobinas solo llegaban a los 10 minutos. En consecuencia planificó el guión para que se rodara todo en 10 planos que en su mayoría duran cerca de 9 minutos. No obstante, resulta todo un misterio saber el por qué de este experimento técnico. El propio director renegó posteriormente de esta idea argumentando que contradecía sus ideas sobre realización cinematográfica, que se basaban fundamentalmente en el montaje, y añadió que no se trató más que de un experimento acrobático.

La finalidad era seguramente emular la obra de teatro, en que todo sucedía de forma seguida sin interrupciones, pero aún así se trataba de una idea excéntrica y que se justifica únicamente por sus inquietudes técnicas. Al convertirse por primera vez en un director independiente, Hitchcock probablemente tuvo más ganas de experimentar que nunca al no tener que rendir cuentas a nadie, y por ello aprovecharía para llevar a cabo este excéntrico rodaje.

Lo difícil no era que los planos fueran largos, sino que además la cámara tenía que hacer numerosos travellings para seguir a los personajes por toda la casa, de forma que el "montaje" se hacía filmando (pasando de un plano de medio de los personajes a un primer plano de un objeto, etc.) evitando así que la película resultara demasiado teatral. Eso implicó largos ensayos para planificar los movimientos de cámara, para los cuales además era necesario que los técnicos fueran retirando los muebles y algunas paredes a medida que se filmaba para dejar paso a la cámara... y luego, claro está, volver a colocarlos en su sitio para cuando volvieran a salir en otro plano. En otras palabras, requería de una sincronización perfecta entre actores y técnicos. Durante el rodaje se respiraba la tensión cada vez que llegaban al final de una toma, puesto que todos sabían que si algo salía mal, habría que volver a empezar desde el principio. Los actores además no solo tenían que recordar unos diálogos muy largos, sino que debían ir atendiendo a las leves señales que había en el suelo que les indicaban donde debían colocarse (eso mientras todo un equipo técnico montaba y desmontaba todo el decorado para adecuarse al paso de la cámara).

Hitchcock pretendía que el film diera la sensación de que se mostraba toda la acción en un mismo plano seguido, de modo que para disimular los cortes decidió que al final de cada toma la cámara se centraría en la chaqueta de un actor o algún elemento oscuro que escondiera el fundido a negro, y el siguiente plano volvería desde allá. La realidad es que acaba siendo un recurso tan obvio y visible que saca momentáneamente al espectador de la película, porque le hace ser consciente de la intención (fallida) del director.
Lo curioso y que no suele mencionarse mucho es que en la película hay algunos cortes que no se solucionan de esta forma, sino con un corte normal de montaje: del plano inicial de la calle al interior del apartamento, la llegada de Janet, el momento en que Farley niega la anécdota de los pollos y se muestra la cara observadora de Rupert... No obstante son cortes que pasan muy desapercibidos precisamente porque el espectador está acostumbrado al montaje cinematográfico y, al estar metido dentro de la historia, no les presta atención. Ése fue uno de los errores de Hitchcock en La Soga: habría disimulado mejor haciendo un corte limpio entre planos que con su recurso de utilizar superficies oscuras, ya que los cortes es más fácil que pasen desapercibidos y el recurso utilizado en el resto del film rompía la ilusión de que era un mismo plano por ser demasiado obvio.

Una de las implicaciones del plano secuencia es que se trata de un film en que el espectador jamás puede ver acciones que suceden al mismo tiempo. De esta manera, los actores van apareciendo ante la cámara y retirándose discretamente, que en mi opinión es el aspecto más teatral de la película.
También implica un curioso juego con el concepto de tiempo. Aunque la película dura hora y veinte minutos y teóricamente toda la acción ha sucedido en ese tiempo, a efectos prácticos es poco verosímil que toda esa acción tuviera lugar en menos de hora y media (el asesinato, la preparación de la fiesta, la celebración de la fiesta y la última visita de Rupert). No obstante Hitchcock consigue que parezca que todo se sucede con naturalidad en tiempo real.

La película supone también otra novedad técnica, ya que es la primera película en color de la carrera de Hitchcock. El director ya hacía tiempo que tanteaba la posibilidad de experimentar con el color, y decidió aprovechar la oportunidad de trabajar de forma independiente para tener su primera experiencia con el Technicolor. A la práctica el uso de color añadió otro problema extra a la producción. La idea inicial era que, como la película se situaba en el atardecer, se viera la puesta de sol y el cambio de iluminación - de igual forma, cuando la trama llega al tenso final la iluminación y los colores se vuelven convenientemente más oscuros. Desafortunadamente, los planos rodados en el atardecer tenían un color naranja demasiado poco realista y tuvieron que volver a repetirse.

No es de extrañar que a Hitchcock le interesara la historia de La Soga, ya que incide en esa asociación que tanto le gustaba hacer entre comida, sexo y muerte. La idea de dos jóvenes que celebran una cena sobre el arcón que contiene el cadáver del hijo y amigo de los invitados era demasiado atrayente como para dejarla escapar. Los mismos personajes hacen referencia a este hecho, hablando del arcón casi como altar con ofrendas hacia David, además de las similitudes de esta fiesta con un funeral. La película por otro lado está llena de expresiones macabras de doble significado, desde inocentes comentarios sobre "matar dos pájaros de un tiro" a la acertada predicción de la tía de David que lee el porvenir en las manos de Philip y le dice que esas manos le harán famoso (ella se refiere a su carrera como pianista, pero él y el espectador sabemos que ese inocente comentario puede guardar un segundo significado más tenebroso, que es el que acaba haciéndose realidad). Como anécdota, decir que el film también tiene una divertida referencia a Encadenados, la película de Cary Grant e Ingrid Bergman cuyo título los invitados no consiguen recordar.

La asociación con el sexo por otro lado es más que palpable en la escena inicial, en que vemos el estrangulamiento y los dos asesinos jadeando mientras hacen comentarios como "¿Qué has sentido mientras lo hacíamos?" - de hecho, el nerviosismo que ambos sienten ante el acto que acaban de cometer y que temen que se descubra no sería muy diferente al de dos homosexuales de la época que no quieren que se conozca que han mantenido relaciones sexuales previamente. Una vez cometido el crimen en la intimidad de la penumbra, abren las cortinas que hasta entonces les ocultaban (de nuevo una asociación con el acto sexual) y la habitación se llena de luz.

Es curioso remarcar cómo el film empieza con un plano de la calle que desemboca en el interior del apartamiento justo en el momento en que estrangulan a David. Es una forma de remarcar la diferenciación entre la vida normal exterior y los actos perversos y ocultos que tienen lugar en la intimidad del hogar. Tampoco debe ser casual que, al final de la película, Rupert decida advertir a la policía no con una llamada telefónica sino abriendo la ventana y disparando al exterior (un gesto que Hitchcock enfatiza con un plano de la mano de Stewart disparando fuera). Seguidamente entran en la habitación los ruidos de la calle, de ese mundo real del que se habían ocultado encerrados. La película se cierra por tanto tal y cómo empezó: de la tranquilidad del exterior al interior de una habitación en que sucede un crimen horrible, y al final se pasa del interior de la habitación en que se ha descubierto ese crimen a la irrupción de los elementos externos (las voces de la gente hablando, el coche de policía...) que irrumpirán en el escondrijo de los protagonistas.

El guionista de La Soga quería que en ningún momento se mostrara a David ni su cadáver, de forma que el suspense estaría también en el hecho de que el espectador no sabría a ciencia cierta qué hay en el arcón o si realmente contiene el cadáver de David. Tiene cierto sentido esa idea por el hecho de que David juega un papel similar al de Rebecca en el film del mismo nombre: el personaje alrededor del cual gira todo, del que conocemos numerosos detalles pero al que nunca vemos. En Rebecca ella nunca llegaba a verse, pero aquí sí que vemos a David al principio mientras lo estrangulan. La extrema violencia de ese plano, y más insertado sorpresivamente al inicio, molestó a muchos censores de la época, pero sirve a Hitchcock para remarcar la idea mencionada antes de comparar el armónico mundo exterior respecto a la brutalidad que se esconde tras las cortinas.

No obstante, está justificado que sí se sepa que hay un cadáver en el arcón, ya que así el suspense es más acentuado en los momentos en que están a punto de ser descubiertos. El momento más conseguido de la película y que aún deja sin aliento al espectador es cuando Hitchcock filma un primer plano del arcón mientras la criada va recogiendo todo. La cámara se queda ahí estática mientras los personajes hablan de fondo y el espectador sabe que de un momento a otro, ella acabará de recoger todo y abrirá el arcón para guardar los libros. Al no saber el espectador si Philip o Brandon son conscientes de los movimientos de la criada, el suspense se hace insoportable hasta que ella comienza a abrir el arcón y es detenida por ellos justo a tiempo. Es sin duda la escena más brillante y hitchcockiana de la película.

El papel de Rupert es el del clásico detective que intuye que algo va mal y husmea las pocas pistas que parecen intuirse. Su aparición es la más repentina de todas, sin anunciarse con el sonido del timbre y en un plano general en que aparece súbitamente causando sorpresa a todos los invitados. A partir de ahí, sus sospechas le llevan a ir tanteando a los dos anfitriones. A Philip de hecho le practica un interrogatorio en toda regla mientras está al piano, encendiendo una lámpara como hacen los policías en casos así y luego utilizando un metrónomo cuyo sonido continuo e insistente hace aumentar la tensión.

La pista que tanto buscaba le llega por casualidad a través del sombrero de David, que se pone por error y reconoce porque lleva sus dos iniciales en el interior. Poco después regresa al apartamento bajo el pretexto de que ha olvidado la pitillera, lo cual Philip y Brandon saben que es una excusa porque la "encuentra" en un sitio donde ellos habían mirado antes de su llegada, por tanto resulta obvio que la ha vuelto a colocar ahí para tantearles.

La escena en que Brandon y Rupert se tantean es otro momento de una gran tensión en que, como dice Philip, están jugando al ratón y al gato, ya que ni Rupert tiene mucha seguridad sobre qué ha sucedido ni cómo averiguarlo, ni Brandon conoce hasta qué punto su tutor les ha descubierto.

El mejor momento de esta secuencia es cuando Rupert decide explicar lo que él cree que sucedio, momento que Hitchcock filma reutilizando un recurso del que ya se sirvió en Rebecca. En lugar de recurrir a un flashback o a un primer plano de James Stewart recitando un largo monólogo, la cámara va recreando todo lo que Rupert menciona: la llegada al apartamento, Philip creando un ambiente relajado al piano, la copa que le ofrece, etc. Pero cuando llega a la parte en que debe decir dónde escondería el cuerpo la cámara hace un movimiento muy inteligente: encuadra un primer plano del baúl (dando a entender que Rupert cree que está ahí) que de repente es interrumpido por la irrupción de la mano de Philip ocultando una pistola en su bolsillo, ante lo cual Rupert improvisa otra respuesta. Esta solución es una forma muy visual de darnos a entender qué piensa Rupert y por qué no lo dice.

Como última carta a jugar, Rupert muestra la soga que tanto había sobresaltado a Philip, sin saber qué significado tiene, y le sirve como recurso para precipitar el clímax. Cabe decir no obstante, que el discurso final de Rupert es poco convincente, ya que choca frontalmente con todo lo que defendió anteriormente sobre el arte de matar que solo está a manos de unos pocos privilegiados. Rupert argumenta que Philip y Brandon le han dado un nuevo significado a sus palabras, pero realmente no es así, simplemente las han tomado literalmente cuando Rupert no pretendía eso. Todo este aspecto del guión en referencia al crimen como un privilegio para seres superiores y las referencias al superhombre de Nietzsche, son la parte que peor sale parada del guión, quizá porque a Hitchcock y su guionista no les interesaba el aspecto más reflexivo de la historia sino el suspense que podía generar.

La primera aventura de Hitchcock en solitario no salió del todo bien parada debido a que en muchos sitios se pusieron innumerables pegas a la película por considerarla demasiado macabra o ser demasiado obvio su subtexto homosexual. En algunas ciudades directamente se prohibió y en general fue considerada muy controvertida en su época.

Aún hoy día es una obra que genera muchas divisiones de opinión. Para muchos es un experimento fallido y no justificado que contradice el estilo del director, para otros es una de sus grandes películas. Yo me sitúo claramente en el segundo grupo. Aunque la película no es perfecta, siempre he sentido debilidad por ello, y al margen de si uno aprueba o no el experimento técnico, supone una curiosa novedad que la hace única y que no creo que haga que se resienta el resultado final, ya que sigue siendo un muy buen divertimento de suspense.

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