7,5

Título: Sabotaje (Saboteur)
Año:
1942
Guión:
Joan Harrison, Dorothy Parker y Peter Viertel.
Producción:
Universal Pictures.
Reparto:
Robert Cummings, Priscilla Lane, Norman Lloyd, Otto Kruger.

Argumento

Barry Kane es acusado de haber provocado un incendio en la fábrica de material de aviación en la que trabaja. Para probar su inocencia, huirá de la policía y seguirá las pocas pistas que tiene a su alcance para llegar al que él sospecha que es el verdadero saboteador.

Comentario

Sabotaje fue una película muy importante en la carrera de Hitchcock por dos motivos. En primer lugar, era su primera película 100% americana hasta el momento. Si no tenemos en cuenta Matrimonio Original (que fue un encargo y una obra bastante impersonal sin su marca particular), desde su llegada a Hollywood Hitchcock había dirigido dos películas de aroma puramente inglés (Rebecca y Sospecha) y otra con protagonista americano pero ambientada en Europa (Enviado Especial). Sabotaje sería la primera obra totalmente americana de su filmografía.
En segundo lugar, éste sería su primer film de propaganda proaliada. Aunque en Enviado Especial ya se dejaban entrever elementos de propaganda antifascista, por aquel entonces Estados Unidos todavía no estaba en guerra y se forzaba a los directores a que fueran neutrales en sus películas, por ello exceptuando el patriótico discurso final el resto de la película era simplemente otra película de intriga que no incidía en aspectos políticos. En 1942 Estados Unidos ya habían entrado en la guerra y Hollywood cambió radicalmente de política promoviendo la creación de películas antifascistas y patrióticas. Hitchcock, cuyo país natal llevaba ya tiempo sumergido en la guerra, se sumó encantado a esta tendencia.
Sabotaje incide en la idea de la paranoia hacia organizaciones y simpatizantes nazis que se encontraran dentro del país infiltrados como personas normales, un temor que estaba bastante extendido por entonces, sobre todo por miedo a posibles actos de sabotaje como los que aparecen aquí.

La estructura de la película es la misma que había seguido ya en 39 Escalones y que repetiría en Con La Muerte en los Talones, es decir, un hombre acusado de un crimen que no ha cometido que huye a través del país de la policía mientras se enfrenta a los verdaderos criminales para demostrar su inocencia y que, además, consigue la complicidad de una atractiva rubia de la que se acaba enamorando. Sabotaje es una película que nunca ha estado demasiado bien considerada quizás por las inevitables comparaciones, y es que cabe reconocer que ninguno de los diversos episodios a los que se enfrenta el protagonista están a la altura de las otras dos películas. Aun así, creo que es una película muy eficiente y entretenida con algunos momentos bastante destacables.

El primer aspecto que habría que remarcar es el esfuerzo por parte de Hitchcock de retratar la América pura enmarcando a Barry Kane en escenarios típicamente americanos: las largas carreteras desérticas, el rancho de Charles Tobin (el jefe de la organización fascista), el pueblo fantasma y, por supuesto, Nueva York. Hitchcock siempre fue muy aficionado a emplear monumentos y sitios que conociera el gran público y por ello se sirve de la famosa Estatua de la Libertad para crear el clímax final de la película.
En todos estos lugares Barry se irá topando con una serie de personajes que representan la gran masa, la América humilde, los Juan Nadie que componen el grueso de la población (de hecho, Barry es uno de ellos). No es casual que todos estos personajes humildes sean marcadamente positivos en contraposición con los villanos, que son gente adinerada y de clase alta, resulta obvio a quien iba dirigida la película. Así pues nos encontramos en primer lugar con un entrañable camionero (representante de la clase obrera y trabajadora) que se queja de que nunca le sucede nada excepcional, un amable ciego que vive en una cabaña y los extravagantes miembros de un circo. Todos estos Juan Nadie ayudan a Barry en su huída instintivamente, sabiendo que él es uno de ellos, alguien sincero en quien confiar (de hecho, aunque la verosimilitud nunca fue uno de los fuertes de Hitchcock, no puedo evitar achacarle que algunos personajes como el ciego son demasiado ingenuos puesto que su breve diálogo apenas puede darle pistas de que Barry es alguien de fiar).

 

Cabe destacar especialmente la escena de los miembros del circo, uno de los momentos más interesantes del film en primer lugar por su originalidad (todos esos personajes tan extraños contrastan con el resto de personajes normales y corrientes que habían salido hasta ahora) y, sobre todo, por su forma de actuar. En lugar de ayudarle sin más, llevan a cabo una votación democrática para decidir qué hacer con él, uno de los muchos guiños a las bondades de la democracia americana. De hecho, no sé hasta qué punto es descabellado imaginar que el irritante enano que quiere entregarles a la policía sin hacer votación podría ser un pequeño guiño paródico a Hitler con bigote incluído (de hecho uno de sus compañeros le llama literalmente "fascista" cuando se niega a hacer una votación democrática).

Las referencias a la democracia y los buenos valores norteamericanos son constantes a lo largo del film más que en cualquier otra película de propaganda aliada de Hitchcock (aunque también hay que decir que tampoco se prodigó mucho en este tipo de obras: además de ésta sólo podríamos incluir la ya mentada Enviado Especial y la ambigua Náufragos, además de los dos cortometrajes Aventura Malgache y Bon Voyage), lo cual puede hacer que se resienta algo hoy en día al quedar un poco anticuada pero que en su momento cumplía con su cometido. De hecho, en la misma escena de la votación entre miembros del circo no se puede evitar que uno de ellos remarque que "como americano, no es culpable hasta que se demuestre lo contrario".
Sin embargo el mayor discurso se encuentra en un largo diálogo entre Barry y el malvado Charles Tobin. Éste ve como una debilidad que Barry se preocupe por la chica y arremete contra "la gran masa" a la que se enfrenta con sus actos de sabotaje. Barry a continuación replica defendiendo a esa gran masa que ha estado conociendo durante los últimos días y que afirma que derrotará a villanos como él. La escena por otro lado está muy bien planteada al mostrarnos en todo el diálogo a Barry en un primer plano cercano mientras Charles permanece en un lejano plano general muy distante que le deshumaniza más aún.

 

Como es costumbre en Hitchcock, los villanos son seres atractivos, elegantes, de impecables modales y bien situados socialmente. Su opulencia, fruto de su traición al país, contrasta con la humildad en que viven el resto de personajes más nobles. De hecho, para rizar el rizo, la tensa escena en que los dos protagonistas están atrapados en la mansión de una de las cabecillas de la organización tiene lugar en un baile benéfico, una perfecta muestra de que los traidores pueden esconderse realmente en cualquier parte.
Hitchcock también huye del tópico villano de película mostrándonos unos saboteadores que también tienen sentimientos positivos para ciertas cosas. Cuando Barry es recogido por un miembro de la organización haciéndole creer que es un saboteador de verdad, en el viaje en coche éste le comenta los problemas caseros que tiene con su mujer (él quiere dejarle el pelo más largo a su hijo y ella quiere cortárselo) y dice que le gusta Charles Tobin por su buen corazón resaltando lo unido que está a su nieta.
Por otro lado, nunca llegamos a conocer demasiado a fondo la organización saboteadora, pero resulta curioso la forma como se refieren a ella, como si se tratara de un negocio más: "la empresa cuida a sus empleados". Todo lo que la rodea (sus empleados, la forma de referirse a ella) tiene cierto aire de respetabilidad y normalidad.

Otros elementos típicamente hitchcockianos a destacar son el uso de las esposas (haciendo más evidente aún las referencias a 39 Escalones) y los toques de humor que acompañan todo el film como los carteles de publicidad de Pat, la protagonista femenina, que Barry se encuentra en momentos clave de la película ("Te están siguiendo" cuando está huyendo de la policía, "Ella nunca le decepcionará" cuando ella le lleva a la comisaría a entregarle y "Un bello funeral" cuando viaja infiltrado con los saboteadores).

Una de las principales razones por las que Hitchcock nunca se sintió satisfecho con la película fue porque no consiguió a ninguno de los actores que quería para protagonizarla debido a que la Universal no podía permitirse pagar sus salarios. Su primera opción para Barry Kane fue Henry Fonda seguido por Gary Cooper (con el que siempre quiso trabajar y nunca lo consiguió) o incluso Joel McRea, que había aceptado a desgana en Enviado Especial pero del que acabó siendo muy amigo. Para Pat tenía en mente a Barbara Stanwyck y su mayor golpe de efecto era utilizar al actor Harry Carey como villano, puesto que nunca había encarnado un personaje así y el público de entonces habría quedado muy sorprendido al verle interpretando a un traidor al país. La esposa de Carey se indignó totalmente ante la simple proposición y convenció a su marido para que rechazara el papel.

Y aunque en general todos los actores hacen sus papeles de forma más o menos convincente, aquí tenemos que darle la razón a Hitchcock, y es que si hubiera podido contar con los excelentes e infalibles Henry Fonda y Barbara Stanwyck el film habría ganado muchísimo con sus interpretaciones. Robert Cummings es solvente como protagonista (incluso el mismo Hitchcock no debió quedar demasiado decepcionado porque volvió a contar con él en Crimen Perfecto) pero se nota que no sabe otorgarle al personaje la profundidad que le daría un intérprete de primera categoría, mientras que Priscilla Lane en cambio cumple a secas. Sin embargo, con el que menos se entendió de todos Hitchcock fue con Otto Kruger interpretando al villano, y sin embargo aquí discrepo con él puesto que creo que está bastante bien en el papel de villano encantador, aunque sin duda habría sido mucho mejor su golpe de efecto de utilizar para este papel a un conocido actor "respetable" para el gran público.

El que mejor sale parado de todos y con diferencia es el actor secundario Norman Lloyd interpretando a Frye el saboteador. Era su debut cinematográfico y aunque su carrera en Hollywood fue muy discreta aquí consiguió perfilar el personaje por el que será recordado siempre, un Frank Frye que interpreta mezclando de forma bastante siniestra los típicos tics de malo con una sonrisa que quiere ser encantadora pero provoca desconfianza. Hitchcock contaría con él décadas después como productor para su serie Alfred Hitchcock Presenta abriéndole camino para una pequeña carrera como productor televisivo.

En general Sabotaje es una película que va de menos a más y que cuenta con sus mayores golpes de efecto en la parte final de la película. En su primera mitad cabe destacar dos ideas muy ingeniosas del director: el plano del humo en la fábrica de reactores indicando que se ha producido el sabotaje y el juego con la perspectiva en algunos de los planos de la caravana de circo para ahorrar presupuesto. Tomando el ejemplo del director alemán F.W. Murnau (a quien Hitchcock admiraba y había tenido la oportunidad de ver en acción), decidió utilizar coches más pequeños y enanos en el fondo del plano para dar la sensación de que la caravana era más larga de lo que era realmente.

 

Sin embargo, lo mejor del empieza a partir de la escena del baile, uno de los momentos más hitchcockianos del film que juega con una idea esencial en su cine: la paranoia y angustia de estar atrapado no en una habitación oscura sino en un sitio público pero rodeado de gente que quiere matarte sin que puedas hacer nada para que el resto te crea (en Con la Muerte en los Talones explotaría aún más esta idea).
A continuación Hitchcock se sirve de un eficiente montaje paralelo para contarnos tres acciones simultáneas que acaban confluyendo entre sí: la huída de cada protagonista por su cuenta y el sabotaje del yate que está a punto de zarpar (como curiosidad, para los planos del barco después del sabotaje, Hitchcock se sirvió de imágenes reales de uno de verdad, el Normandie, que recientemente había sido incendiado accidentalmente y que provocó algunas protestas, diciéndose que el público las reconocería y se podría sospechar que la embarcación había sido saboteada realmente). Las acciones están muy bien repartidas de forma que el suspense y la tensión se mantienen en todo momento hasta acabar desembocando en el conflicto final: atrapar a Frye.

Aquí el director emplea su recurso de utilizar sitios conocidos para el espectador como son el Radio City Music Hall y la Estatua de la Libertad, donde tienen lugar dos de las mejores escenas del film. En el primer sitio, Frye se escabulle en un cine y el tiroteo que tiene lugar con la policía pasa inadvertido a los espectadores que confunden esos disparos con los de la película que están viendo hasta que un hombre es alcanzado accidentalmente.
El segundo es el momento más recordado de la película: Frye es acorralado en la Estatua de la Libertad y Barry Kane le da alcance en la antorcha del monumento. Ahí Frye se cae pero consigue agarrarse a la estatua a duras penas. Barry, que encarna los valores del clásico héroe, no duda en arriesgar su vida y acercarse a salvar al hombre que intentó matarlo agarrándole de la manga mientras esperan ayuda. Es una escena de una tensión casi insoportable, sin banda sonora, sólo sonido ambiente. Vemos como la chaqueta de Frye se va desgarrando poco a poco y aunque unos minutos atrás odiábamos a ese personaje, en ese instante Hitchcock consigue que nos pongamos de su parte y temamos tanto como él por su vida. Inevitablemente, Frye acaba cayendo poniendo fin a la película.

 

En conclusión, Sabotaje aun siendo una obra menor del director, es una película mucho más aprovechable y a tener en cuenta de lo que se suele considerar y que ve compensados sus puntos flojos (los actores, escasez de momentos brillantes en su primera parte...) con algunos logros destacables.

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