8,5

Título: Sabotaje (Sabotage)
Año:
1936
Guión:
Charles Bennet, Ian Hay y Helen Simpson, basado en la novela El Agente Secreto de Joseph Conrad.
Producción:
Gaumont British Picture Corporation.
Reparto:
Sylvia Sidney, Oscar Homolka, Desmond Tester, John Loder.

Argumento

Karl Verloc es el encargado de unos cines que lleva en apariencia una tranquila vida familiar con su mujer y el hermano pequeño de ésta, pero en realidad trabaja para una red de terroristas que se dedica a llevar a cabo actos de sabotaje para aterrorizar a la población.
Sin embargo, aunque su propia familia no sospeche nada, la policía ya va tras su pista mediante la figura de Ted Spencer, un detective que trabaja camuflado de tendero en la tienda que está al lado de su cine para controlar sus movimientos.

Comentario

Sin duda, la gran película olvidada de la primera etapa británica de la carrera de Hitchcock. Una impecable obra de suspense bastante oscura y con muchos aspectos destacables que merecen ser comentados.

Como ya sucedía en La Muchacha de Londres, en Sabotaje Hitchcock demuestra un gran interés por retratar el ambiente urbano del Londres de la época y a la humilde familia de clase media-baja protagonista. Él siempre creyó que los crímenes tenían más interés cuando sucedían en lugares cotidianos que le eran familiares a los espectadores, y en este film aplica esa idea empeñándose en relacionar todos los acontecimientos más importantes de la película con sitios conocidos por todo el mundo: el protagonista, encargado de cometer actos de sabotaje, regenta un humilde cine de barrio; el lugar donde se cita con su superior es el acuario del zoológico, y el fabricante de los explosivos oculta su verdadera identidad trabajando en una pajarería. La idea era integrar una trama de terrorismo dentro de un contexto tan cotidiano que los espectadores la sintieran como algo cercano, alejándose de los tópicos del género que sitúan siempre este tipo de argumentos en lugares sórdidos y poco comunes. Tal y como dice en cierto momento el pequeño Stevie, si los gángsters realmente tuvieran cara de gángster la policía los atraparía con facilidad. Hitchcock en ese instante enfatiza aún más la idea ofreciéndonos un primer plano cerrado de la cara de Karl Verloc, ese apacible dueño de un cine que en realidad es un saboteador.

También se esmera el director en hacer una descripción del entorno familiar de la familia Verloc y las relaciones entre ellos: la Sra. Verloc que adora con ternura a su marido y su hermano pequeño; el señor Verloc, reservado, callado y apacible (ella continuamente dice en su favor que sería incapaz de matar una mosca, y realmente su apariencia es de lo más inofensiva), y el pequeño e inocente Stevie, que más adelante tendrá un papel crucial. Stevie de hecho ya queda retratado la primera vez que aparece en la película: intenta ayudar a poner los cubiertos en la mesa con resultados desastrosos llegando a romper un plato que el niño esconde inmediatamente en un cajón (gesto que por cierto podremos volver a ver más adelante en la protagonista de Rebecca). Tanto la señora Verloc como Stevie son víctimas y ambos son engañados por los dos principales personajes masculinos: el señor Verloc y el detective Ted Spencer, que les espía haciéndose pasar por verdulero (sin duda el personaje más flojo de los cuatro y que habría ganado mucho de haber sido interpretado por Robert Donat, protagonista de Los 39 Escalones, tal y como estaba pensado).

 

Uno de los mejores aspectos que destacaría del film es que es conciso, breve y directo, de hecho dura tan solo hora y cuarto, que es bastante poco teniendo en cuenta todo lo que sucede. La precisa economía de lenguaje de la que hace gala aparece excelentemente reflejada ya en los primeros minutos, compuestos por una serie de planos muy inteligentemente escogidos para darnos a entender toda la idea global: una definición de "sabotaje" de un diccionario, una bombilla que se apaga, la ciudad sumida a la oscuridad y el caos, una mano inspecciona una máquina de la cual saca arena, unas voces dicen "¡Sabotaje! ¿Quién puede haber sido?", como respuesta Hitchcock nos ofrece un primer plano de Verloc. En unos segundos y sirviéndose de imágenes simples y precisas se nos ha introducido en la premisa inicial del film, de hecho Hitchcock se sirve tan bien de la imagen que esta escena casi parece sacada de una película muda.
Ya conocemos el conflicto, así que lo próximo que se nos presenta son los personajes. Antes remarcábamos la forma como Stevie quedaba tan bien retratado en unos simples segundos, pero de hecho lo mismo sucede con la relación de los Verloc. La primera vez que vemos a la Sra. Verloc está peleándose con los clientes del cine que exigen el dinero de sus entradas por el apagón. Vemos que es insegura e incapaz de llevar ella sola la situación y se lamenta porque su marido no esté ahí para ayudarla. Karl Verloc entra en su habitación sin que la vea y cuando su esposa entra se hace el dormido. Ya sabemos dos cosas: la primera es el carácter tan débil e inseguro de la Sra. Verloc (incapaz de llevar adelante una situación conflictiva) y la segunda y más importante es que ella no tiene ni idea de los actos de sabotaje que comete su marido. Es justo destacar aquí la excelente labor de Charles Bennett, uno de los guionistas más habituales y eficientes de Hitchcock que sabía trasladar a la perfección el estilo del director en forma de buenos guiones que se ahorraban palabrería inútil e iban directos a la acción.

Si pasamos a analizar las mejores escenas del film, hay dos que destacan con toda justicia: la escena de la bomba y el apuñalamiento.
La escena de la bomba es un auténtico prodigio y uno de los momentos de su filmografía que mejor retrata su teoría del suspense, que se basaba en la premisa de dar a conocer al espectador más información de la que saben sus personajes. En este caso Verloc se encuentra atrapado, le ha llegado un paquete que contiene una bomba programada para estallar a la 1:45 y que tiene que llevar a Piccadilly Circus. Sin embargo, el detective Spencer aparece sorpresivamente justo cuando iba a llevar el paquete y no puede dejar la casa sin levantar sospechas. Entonces decide mandar al joven Stevie haciéndole creer que son unos rollos de películas que debe dejar en una consigna. La situación es perfecta para el suspense: nosotros sabemos que ese niño lleva consigo una bomba que explotará a una determinada hora, pero él no. Si a eso le añadimos el hecho de que anteriormente hemos visto que Stevie es un niño patoso y algo irresponsable, nos hace temer aún más por él.
Naturalmente Stevie se irá retrasando como preveíamos pero será un desfile lo que le retendrá durante horas prácticamente condenándole. Hitchcock enfatiza el peligro en todo momento insertando planos de relojes y de la bomba para mantener el suspense. En un último intento por llegar a la hora, Stevie coge un tranvía aunque está prohibido viajar en él con material inflamable como rollos de películas. Los relojes de la calle cada vez se acercan más a la hora fatal, la tensión se hace cada vez más insoportable porque sabemos que nada puede salvarle y nos angustia. Y efectivamente, a la 1:45 explota la bomba. La última imagen que veremos de Stevie será él en el tranvía jugando inconscientemente con un cachorro de perro.
Aunque éste era el desenlace de la novela original, siempre se criticó a Hitchcock por haber tomado la decisión tan cruel de matar a Stevie, y es que seguramente sea uno de los momentos más inusualmente crueles de su carrera. El director siempre lamentó esta decisión pero es muy probable que se arrepintiera de ella simplemente porque no le acabó gustando al público y la crítica, en mi opinión es absolutamente necesario para el desarrollo de la trama.

 

Cuando la Sra. Verloc se entera de la muerte de su hermano, Hitchcock nos refleja su tormento interior mediante una serie de recursos visuales bastante sencillos pero efectivos. Por ejemplo, al desmayarse le parecerá ver la cara de Stevie entre los niños que la rodean, y más adelante verá un niño corriendo dirigiéndose a ella al que confundirá con su hermano fallecido. Sin embargo el mejor momento es cuando, en busca de consuelo, entra en la sala del cine justo cuando proyectan unos dibujos animados. Todos los niños del público se ríen con la historia de dos pájaros que se disputan un mismo amor y ella, sintiéndose mejor en gran parte por todas las carcajadas de los espectadores, ríe también consolada. Pero entonces uno de los dos pájaros mata al otro con una flecha y mientras los niños siguen riendo ella se queda horrorizada repentinamente: eso que hace tanta gracia a los niños a ella le parece espantoso porque le recuerda la muerte de su adorado hermano. Es un instante muy breve pero interesantísimo y lleno de lucidez, que nos muestra por un lado la crueldad que se esconde bajo lo que nos hace reír, y por otro el cómo una misma cosa puede afectar de formas radicalmente distintas a diferentes personas según el estado en que se encuentren, una interesante reflexión sobre el cine vista desde el mismo cine.

Finalmente, la última gran escena del film es aquélla en que la Sra. Verloc apuñala a su marido. Una escena que refleja a la perfección aquello que comentaba Hitchcock sobre lo interesantes que eran los crímenes cometidos en la intimidad del hogar, crímenes cometidos por personas corrientes. La escena es un absoluto prodigio desde el punto de vista de la dirección, puede parecer simple a primera vista pero denota una cuidadosa planificación de la estructura de planos.
La Sra. Verloc se dispone a servir la mesa mientras su marido intenta inútilmente hacer como si nada hubiera sucedido. Vemos un plano de ella sirviendo la comida, a continuación uno de la silla vacía donde debería estar Stevie, luego uno de su marido, una simple asociación de conceptos. Mientras Karl Verloc sigue hablando, ella continúa sirviendo la comida en cada plato pero con expresión casi ausente y empuñando fuertemente el cuchillo para después dejarlo caer sobresaltada. Karl (encuadrado en un primer plano muy cerrado) de repente se calla y la mira extrañado, ella repite el gesto. Tanto él como nosotros entendemos lo que pasa por su cabeza. A continuación Karl se levanta y se dirige a ella, pero lo hace dando un extraño rodeo que no hace más que enfatizar la gran distancia que les separa (es interesante también señalar que en ningún momento se les ha encuadrado en el mismo plano, manteniendo la separación entre ellos), cuando se le acerca a ella, ésta le apuñala en un gesto que parece casi hecho sin pensar, él no parece oponer mucha resistencia. Karl cae al suelo y muere, ella se sienta en una silla y susurra el nombre de su hermano mientras cantan los canarios que hace unas horas Karl le había regalado a Stevie.

  

  

Todos estos aciertos de guión y dirección que hemos ido resaltando se complementan con un muy buen trabajo de actores. La actriz norteamericana Sylvia Sydney es quien se lleva más elogios con toda justicia, puesto que hace una actuación excelente, bordando a esa sencilla e inocente mujer de clase obrera que de repente descubre que su marido es un saboteador. Oscar Homolka, actor de origen europeo que tuvo una larga carrera en Estados Unidos en papeles secundarios, también hace una buena interpretación y muy creíble. La única pega es la que comenté antes referente a John Loder como Detective Spencer, que sin ser mal actor simplemente no está a la altura del resto.

Sin lugar a dudas, Sabotaje es una de esas pequeñas películas olvidadas por el gran público pero muy queridas por los seguidores del director que merece mucho más reconocimiento del que goza.

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