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Título: El Proceso Paradine (The Paradine Case)
Año: 1947
Guión: James Bridie, Ben Hecht, Alma Reville y David O. Selznick, basado en la novela de Robert Hichens.
Producción: Vanguard Films, distribuida por Selznick Releasing Organization.
Reparto: Gregory Peck, Ann Todd, Alida Valli, Charles Laughton, Ethel Barrymore, Louis Jordan .

Argumento

El abogado Anthony Keane es llamado a defender a la señora Paradine, acusada de haber envenenado a su anciano marido. Keane acabará enamorándose de ella y tendrá que intentar llevar adelante el caso mientras se enfrenta al dilema sobre qué hacer con su matrimonio.

Comentario

El Proceso Paradine es seguramente una de las películas más maltratadas injustamente en la filmografía de Hitchcock. Es indudable que se trata de una obra menor, y el hecho de encontrarse entre joyas como Encadenados o La Soga no hace más que perjudicarla. Pero aún sin ser de sus mejores trabajos es un film muy estimable y con bastantes puntos de interés.

Esta película se trata de la última colaboración entre Hitchcock y el productor David O. Selznick, cuya relación era por entonces algo tensa. Esto repercutió en el resultado final, ya que se trata de la menos destacable de las obras que realizaron juntos. El guión nunca llegó a satisfacerles e iba reescribiéndose en medio del rodaje. Con frecuencia los actores se encontraban al llegar al estudio con diálogos nuevos escritos por Selznick la noche anterior que debían aprenderse rápidamente para el rodaje de ese día.

Hitchcock, cada vez más desilusionado con el proyecto, se abocó en los aspectos más interesantes de dirección para mantener el interés y olvidó a los actores mientras Selznick le presionaba continuamente por retrasarse. El montaje inicial era de unas tres horas. Selznick tuvo que recortar hasta suprimir una hora. Pero pese a que ninguno de los implicados quedó muy satisfecho con el resultado final y pese al fracaso de taquilla que fue en su época, El Proceso Paradine no es ni mucho menos una mala película.

La idea de la que parte es sin duda prometedora: un exitoso abogado que se enamora de su cliente hasta tal punto que confía tanto en su inocencia que es capaz de arruinar su carrera por ella. Quizás se le podría achacar que el proceso de enamoramiento y fascinación por parte de Keane no está del todo bien resuelto sobre todo en lo que se refiere a la relación con su mujer. Así como la postura de ella es bien clara y además muy sugestiva (quiere que gane el caso porque teme que si lo pierde y matan a la señora Paradine, Anthony la recordará siempre de forma idealizada, así que prefiere que siga viva y puedan "competir" en igualdad de condiciones), la de él nunca nos queda clara del todo. Sabemos que está enamorado de ella pero nunca hasta qué punto quiere llegar con ese sentimiento más allá del juicio.

A cambio, el guión se centra por completo en las consecuencias que tiene esto en él y aquí radica el mayor punto de interés del film, en ver hasta qué punto ese respetable abogado acabará hundiéndose por salvar a la mujer que ama. Al preparar la defensa, Keane barajará las posibilidades de que Keane o bien se suicidó o bien fue asesinado por su fiel ayudante de cámara Latour. Son las únicas alternativas que existen para desmentir que la señora Paradine fue la culpable y sin embargo ella niega tajantemente cualquiera de esas dos hipótesis por lo que, en otras palabras, está casi confesando su culpabilidad y sin embargo Keane seguirá empeñado en creer en su inocencia. Esta obsesión le llevará al extremo de convertirse en el juicio no en el abogado defensor de la señora Paradine sino en el fiscal de Latour (a quien además el abogado odia profundamente porque éste a su vez dice aborrecer a su adorada señora Keane). Lo peor de todo es que Keane no utiliza a Latour de chivo expiatorio sino que en su ceguera realmente cree que él es el culpable pese a que para nosotros resulta casi evidente que es ella.
Todo este proceso acaba estallando en el momento en que Latour se suicida y una desconsolada señora Paradine confiesa ser la culpable. El discurso que hace a continuación Keane a nivel de guión creo que no consigue funcionar del todo (es un momento de una tensión insoportable en el que él por fin reconoce su error y se sincera públicamente, pero no acaba de ser un momento tan emotivo como debería), aunque a cambio Hitchcock consigue con su trabajo tras la cámara dotarlo de un dramatismo especial (espectacular ese plano picado de todo el tribunal en que se nos muestra como Keane abandona la corte).

Destaca especialmente en todo el film el uso que se hace de la iluminación de los personajes. Tanto la señora Paradine como Latour son personajes inquietantes de los que no sabemos qué pensar en realidad, y ese aura misteriosa se nos enfatiza muchas veces con la forma como se les ilumina en contraste con los otros personajes (no hay más que recordar la primera aparición de Latour abriendo la puerta de la mansión dejando su rostro completamente en las penumbras). A eso hay que añadirle sus interpretaciones de las que hablaremos más adelante.

La dirección de Hitchcock es otro de los puntos cruciales que dota a la película de más interés y que se hace notar especialmente en todo el metraje dedicado al juicio. Destacan especialmente dos momentos magistrales a nivel de realización: la entrada y salida de Latour al tribunal. La primera vez que entra se nos muestra su recorrido en todo momento desde el punto de vista de la señora Paradine, enfatizando cómo ella está atenta a sus movimientos y dándonos a entender la importancia que tiene Latour para ella.
En el libro de entrevistas con Truffaut, Hitchcock hace una descripción muy interesante de esta escena: "Hay una toma interesante en esta sala del tribunal. Cuando a Louis Jordan se le llama para testificar, entra en la sala del tribunal y debe pasar por detrás de Alida Valli. Ella le da la espalda, pero quería dar la impresión de que ella lo huele; no que adivina su presencia, sino que lo huele. Hubo que rodar esa escena dos veces. La cámara recoge a Alida Valli y, por encima de sus hombros, vemos de lejos, y a un lado, a Louis Jourdan que entra y que avanza tras ella para ir al lugar de los testigos. Filmé primero la panorámica con doscientos grados, mostrando a Jourdan que camina desde la puerta hasta el lugar que ocupan los testigos ante el tribunal, pero sin Alida Valli; luego filmé el primer plano de Alida Valli ante la pantalla de transparencia y tuve que instalarla en un taburete giratorio para restablecer el efecto del grio. Hacia el final del movimiento, había que ocultar a Alida Valli, pues la cámara debía volver a recoger a Louis Jourdan que llegaba hasta la silla de los testigos. Es muy complicado de rodar, pero muy interesante."

La salida de Latour en cambio es planteada de una forma distinta pero que sin embargo sigue remarcando la idea de que ambos personajes están unidos: se nos combinan planos de Latour saliendo del tribunal con los de la señora Paradine desde su punto de vista en todo momento (primero de perfil, luego de espaldas y finalmente desde lejos). En este momento es el personaje de Latour el que no aparta la vista de ella.

Deberíamos destacar también la escena inicial de la detención de la señora Paradine, de un estilo totalmente hitchcockiano: una mujer de clase alta en su cómoda mansión que de repente es detenida y pide al mayordomo que diga a la cocinera que esa noche seguramente cenará fuera. La forma tan sobria y fría con que recibe su detención hace que sintamos enseguida cierta fascinación por este personaje. Pese al marcadísimo contraste entre su elegante mansión y la pequeña celda cuya puerta se cierra ruidosamente tras su espalda, el personaje no varía su expresión de indiferencia.

El otro gran aspecto remarcable del film que esconde mejor sus carencias (como una falta de ritmo considerable en ciertos segmentos) es el solidísimo reparto que, curiosamente, era muy diferente al que quería Hitchcock. Para empezar quería como protagonista a Laurence Olivier (cabe reconocer que habría sido una gran elección) y se barajó la posibilidad de que Greta Garbo volviera de su retiro para encarnar a la señora Paradine, pero finalmente se negó. Gregory Peck fue muy criticado en su momento por su interpretación de Anthony Keane, y realmente no es de sus mejores papeles y se nota que no acaba de bordar el personaje, pero tampoco creo que haga un mal trabajo y diría que en parte sale perjudicado por el hecho de que su personaje no esté tan definido como debería.
El resto de actuaciones son sin duda memorables destacando al infalible Charles Laughton bordando un papel de juez creado a su medida (sarcástico, cruel con su mujer, lascivamente atraído por la señora Keane...) y, por supuesto, a Alida Valli como la señora Paradine, que consigue transmitir la fascinación y el misterio que acompañan a su personaje.

En líneas generales, El Proceso Paradine es seguramente más un film de grandes momentos sueltos y que, por esa falta de uniformidad, ha quedado relegada a obra menor. Pero el resultado, aunque sea algo desigual, justifica su visionado sobradamente.

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