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Título: Náufragos (Lifeboat)
Año:
1944
Guión:
Jo Swerling y John Steinbeck.
Producción:
20th Century Fox .
Reparto:
Tallulah Bankhead, William Bendix, Walter Slezak, John Hodiak, Hume Cronyn.

Argumento

En plena guerra mundial un barco americano es torpedeado por un submarino alemán y varios supervivientes se aplegan en uno de los pocos botes salvavidas que han quedado intactos. Para su sorpresa, pronto se les incorpora un miembro del submarino enemigo. Los náufragos deberán encontrar una manera de llegar a tierra antes de quedarse sin provisiones al mismo tiempo que tendrán que discutir qué hacer con ese polizonte: ¿arrojarle al mar o aceptarlo entre ellos?

Reseña

Náufragos nació de una idea que Hitchcock llevaba acariciando desde hacía tiempo: filmar una película entera en un bote salvavidas, sin salirse de ese espacio. La idea le vino tras leer numerosas historias en la prensa sobre naufragios y rescates de supervivientes que llevaban semanas perdidos en medio del mar. El propio Hitchcock debía haber sufrido bastante con esta idea las veces que viajó hasta Reino Unido en avión durante la II Guerra Mundial, temiendo que de un momento a otro su avión fuera derribado como le sucede a los pasajeros de Enviado Especial. Si aquel film terminaba en el bote salvavidas, este nuevo proyecto se centraría en ese episodio.
Obviamente lo que más le atraía de esta idea era el desafío técnico que le supondría a un director como él, pero le hacía falta un conflicto, y lo halló con una premisa macabra e irresistible: hacer que uno de los pasajeros del bote fuera el capitán del submarino alemán que ha hundido el barco. ¿Qué hacer en una situación así? ¿Confiar en él? ¿Retenerlo como prisionero de guerra bajo vigilancia continua? ¿Lanzarlo al agua? ¿Y si además resultara ser el mejor navegante de todos?

No obstante, aunque Hitchcock fue paseando su idea por los estudios en que trabajaba, nadie parecía interesado. La oportunidad de llevarla a cabo le llegó cuando tuvo que trabajar para la Twentieth Century Fox, un estudio que llevaba tiempo intentando atraerle en vano, ya que al director no le gustaban las ideas que le proponían y temía que el jefe del estudio, Darryl Zanuck, estaría continuamente inmiscuyéndose en la película que hiciera. Afortunadamente para Hitchcock, Zanuck se ausentó del estudio una temporada para participar en la II Guerra Mundial y el director aprovechó muy hábilmente esa ausencia para colar su historia sobre náufragos al estudio.

El estudio le propuso que el guión fuera redactado por un escritor de prestigio, lo cual daría caché a la película. La primera opción fue Ernest Hemingway, que Hitchcock aprobó entusiasmado, pero el escritor tenía ya otros compromisos entre manos que le impidieron aceptar la oferta. La segunda opción fue John Steinbeck, aclamado por obras como De Ratones y Hombres o Las Uvas de la Ira, que retrataban fielmente la América de la Gran Depresión. Steinbeck era reticente a trabajar en Hollywood por temor a perder su integridad, pero en aquella época quería colaborar de alguna forma con su país para demostrar su patriotismo. No había podido alistarse en el ejército porque sus tendencias políticas eran consideradas radicales (y por tanto sospechosas), así que escribir el guión de una historia de propaganda aliada era una buena opción.

La idea era que Steinbeck escribiría un primer tratamiento así como una versión novelizada que se podría comercializar junto a la película, una maniobra comercial bastante hábil. Sin embargo, pese a que Steinbeck acometió su labor rápidamente, su versión resultó ser muy poco aprovechable para una película. El escritor había planteado Náufragos desde el punto de vista de uno de los personajes, un proletario, que narraba toda la acción en flashback. En su historia, incluía escenas oníricas y nunca se llegaba a saber si el alemán era el capitán del submarino o no. Su visión seguramente funcionaría como novela, pero era muy poco cinematográfica.

Como Hitchcock no pudo reescribir el guión con Steinbeck ya que éste se marchaba a Europa como corresponsal de guerra, decidió empezar de cero esta vez con un guionista profesional, Jo Swerling. Juntos escribieron Náufragos tal y como la conocemos hoy día: no había flashbacks ni secuencias oníricas (para el director era fundamental que la cámara nunca saliera del bote para crear mayor sensación de claustrofobia al espectador), el protagonismo pasaba del proletario a una reportera snob que daba al film un toque de humor, se desarrollaba la inevitable historia de amor y el alemán era menos ambiguo que en la novela, convirtiéndose en un antagonista. Por aquel entonces el proyecto ya llevaba muchos meses en funcionamiento, y cuando Zanuck volvió al estudio se escandalizó por la demora y por lo que él veía como un film potencialmente peligroso (algo en lo cual no se equivocaba). Hitchcock, que llevaba tanto tiempo dando vueltas a la idea, se resistió a hacer cambios significativos.

Uno de los inconvenientes de encontrarse en mitad de una guerra es que muchos de los actores estrella de los estudios no estaban disponibles al estar combatiendo. Por ello el reparto de Náufragos fue uno de los menos lucidos a nivel de estrellas de la carrera de Hitchcock en Hollywood, lo cual no quiere decir que no fuera acertado igualmente. Para la protagonista el director pudo contar con la que había sido siempre su primera opción: la veterana actriz Tallulah Bankhead. Bankhead nunca había tenido éxito en el cine, pero sí en el teatro, y Hitchcock pensó que una mujer con una personalidad tan fuerte como ella podría interpretar a Connie, la protagonista, sin demasiados problemas al tener mucho en común. De hecho llegó a decir que la elección de Bankhead se basó en la idea de empezar el film mostrando en un bote salvavidas a la persona más improbable de encontrar en ese contexto, algo en lo que acertó por completo. Aunque el director y la actriz congeniaron fácilmente, cabe decir que Bankhead era una persona muy difícil y que hizo insufrible el rodaje al resto de sus compañeros de reparto, a los que restregaba en cara continuamente su prestigio al ser ellos unos don nadie (también protagonizó algunas anécdotas más divertidas, como cuando uno de los actores se quejó a Hitchcock de que ella nunca llevaba ropa interior).

El resto de actores eran nombres poco conocidos que nunca pasaron de ser secundarios en el mundo del cine, como John Hodiak encarnando a John Kovac (el que era el protagonista en la versión de Steinbeck), William Bendix como Gus, el amigo de Hitchcock Hume Cronyn en un papel secundario o Walter Slevak como el alemán Willi, quien es de los que mejor sale parados de la película. La única imposición de la Fox fue Mary Anderson como la enfermera, que fue el único miembro del reparto con el que Hitchcock no se sintió nada satisfecho.
El rodaje fue muy duro para todos ellos, que estuvieron semanas enteras trabajando en un bote dentro de un enorme tanque de agua del estudio empapándose continuamente y sufriendo el calor de los focos. Por otro lado, al situar todo el film en un espacio cerrado, Hitchcock se encontró con un pequeño problema: ¿cómo hacer su famoso e inevitable cameo? La primera idea de aparecer flotando como un cadáver se descartó de inmediato al no querer mojarse. Finalmente tuvo una ocurrencia basada en el hecho de que entonces estaba siguiendo una estricta dieta: aparecer en un anuncio del periódico que lee uno de los personajes en un anuncio de un producto adelgazante que le mostraba a él con las típicas imágenes de "Antes" y "Después". No solo fue uno de sus mejores cameos sino que provocó que muchos espectadores ingenuos escribieran al estudio preguntando por ese milagroso adelgazante.

Náufragos se inicia con un magnifico travelling que va siguiendo una serie de objetos flotando en el agua tras un naufragio mientras se oyen los gritos de auxilio. La cámara llega entonces al bote salvavidas donde lo primero que vemos es, tal y como Hitchcock predijo, al personaje más incoherente que uno podría encontrar en tal situación: una mujer vestida elegantemente con cara de aburrimiento, Connie.

Uno de los aspectos más interesantes del film es la evolución de este personaje. Connie es una reportera prestigiosa que ha viajado por todo el mundo y que tiene un carácter cínico y consentido. Tal y como dice John, es el tipo de persona que cree que la guerra es un espectáculo organizado para su deleite, y por ello no tiene el dilema moral de fotografiar a gente huyendo desesperada durante el naufragio o incluso un biberón flotando en el agua.
Está acostumbrada a conseguir lo que quiere y por tanto una situación como ésa le supondrá (aunque ella no quiera verlo así) una dura prueba. La forma como se muestra eso es con la pérdida progresiva de todas sus posesiones a lo largo del metraje. En primer lugar pierde la cámara con las valiosas fotos que hizo del naufragio, que le supondrían el mejor reportaje de su carrera. Seguidamente pierde su abrigo de visón, su equipaje y, al final, renuncia a su posesión más valiosa: su pulsera. Esa pulsera significa su ascensión social, ella misma se refiere a ella como el pasaporte del South Side al North Side de Chicago, de sus orígenes humildes a su actual estatus (seguramente emparejándose con alguien acaudalado). Es lógico que por tanto John Kovak, que está enamorado de ella pero es un proletario de izquierdas, odie esa pulsera, porque representa el salto a esa forma de vida acomodada que él tanto detesta. Como le dice Willi a Connie, debe renunciar a la pulsera para conseguirle a él. Muy significativamente, Connie renunciará a la pulsera al final del film, desesperada por el hambre, utilizándola para pescar un pez. El verse en una situación tan desesperada la lleva a desprenderse de su último bien material para satisfacer una necesidad tan humana como el hambre. Por fin Connie ha experimentado lo que es pasarlo mal de verdad, y es justo entonces cuando son rescatados, tras esta suerte de aprendizaje.

La base del film es entender ese bote salvavidas como un pequeño microcosmos en que se reúnen personajes de diferentes clases. En el bote están en una auténtica democracia ya que no existen ahí diferencias sociales o económicas. Al principio existe cierta diferenciación entre ambos bandos (mientras Connie y el ricachón Rittenhouse charlan de temas sin importancia como si estuvieran en un encuentro social, el resto ayudan a la madre que acaban de rescatar), pero luego acaban unidos todos por los mismos problemas. Rittenhouse por tanto no es más poderoso que el obrero Kovak y al final es éste último quien toma el mando.

La intención de Hitchcock era mostrar a personajes que representan diversos estratos sociales enfrentados a otro que representa el terror nazi, Willie. Éste no mantiene la ambigüedad que le confirió Steinbeck originalmente, o al menos no más allá de la típica ambivalencia hitchcockiana de mostrarnos un antagonista simpático (su rostro se antoja agradable, y cuando empieza a hablar en inglés se muestra simpático y cordial cantando canciones alemanas mientras rema). Incluso cuando todavía no se conoce su juego, Hitchcock nos deja claro de qué lado ponernos al mostrarle bostezando cuando la madre se pone histérica al saber que ha perdido a su hijo o consultando la brújula a escondidas (en otro sentido, hay un primer plano de su rostro ensombrecido por la vela que acaban de izar que simboliza perfectamente su faceta malvada).

Su intención es por tanto hacerse con el mando del bote, y para ello va progresivamente avanzando desde su posición marginal al otro extremo acercándose poco a poco al resto de personajes. Cuando se sucede la tormenta y, al mismo tiempo, se descubre su juego, aprovecha la caída de Sparks al mar para tomar el timón y erigirse sorpresivamente como capitán. De esta forma pasa de ser el prisionero a ser el responsable del barco.

El trabajo de puesta en escena de Hitchcock es brillante: consigue mantenerse fiel a su premisa de no salir del bote, al mismo tiempo que aprovecha magníficamente el espacio y consigue que el film no tenga un estilo demasiado estático o aburrido (de hecho consiguió su segunda nominación al Oscar con esta película). Sería el primero de una serie de films de suspense limitados en un mismo espacio, a los que le seguirían La Soga, Crimen Perfecto y La Ventana Indiscreta. Pero así como supo estar a la altura del desafío técnico que se planteó, la película tiene ciertas carencias.

Por ejemplo, algunas escenas se antojan algo alargadas, con demasiados diálogos, como la parte previa a la amputación de la pierna de Gus. Por otro lado, la historia de amor entre Connie y John, que pasan de odiarse a quererse resulta poco creíble y no muy bien desarrollada. Finalmente, cabe decir que el personaje afroamericano es tristemente el peor desarrollado de todos. Hitchcock, a decir verdad, nunca mostró a personajes afroamericanos en papeles relevantes y el guión le da una forma demasiado estereotipada, el prototipo de "Tío Tom", un negro amable, buenazo y profundamente religioso. El hecho de que tenga un pasado carterista más que darle profundidad lo hace aún más tópico. De todos los personajes es el que menos conocemos, casi ajeno a todo lo que sucede. Uno podría sentirse tentado de pensar que es una (triste) representación del papel de la población afroamericana en la sociedad, relegados a un segundo plano, pero dudo que esa fuera la intención del guión. Como dato destacable, es el único de todos que no participa en el linchamiento de Willi, y teniendo en cuenta que en aquella época aún eran frecuentes los linchamientos a afroamericanos, es un detalle bastante acertado (sea hecho de forma consciente o no).

Náufragos era en su época una película muy cruda, mucho más de las típicas películas de propaganda aliada. La dureza de la situación venía reforzada por la forma como Hitchcock reflejó el desgaste físico de todos los náufragos a lo largo del film así como la ausencia de banda sonora. Zanuck insistió en añadir algunos temas musicales, por ejemplo en las breves escenas de amor, pero Hitchcock fue firme. Eso hizo que la película tuviera un realismo inusual.

Por si eso fuera poco, la película contenía algunas escenas que resultarían muy desagradables al público de entonces aún cuando se tratasen desde la distancia: la madre histérica y el bebé fallecido, la amputación de la pierna de Gus o el linchamiento de Willi. Sin embargo, lo que causó más polémica es el hecho de que Willi fuera el miembro del bote más hábil y fuerte. En plena guerra mundial y con los sentimientos patrióticos de la población más elevados que nunca, cualquier film que se separara un poco de la línea era mal visto, y ése era el caso de Náufragos. Algunos críticos defendían que la película podría haber servido como propaganda para el bando alemán, mostrando a ese superhombre engañando al resto inteligentemente y manteniéndose fuerte mientras el resto desfallecen. Lo que el crítico pareció olvidar es que Willi se mantiene más fuerte porque tiene ocultas unas raciones de agua y cápsulas vitamínicas, no porque sea superior a ellos.

Zanuck, que ya se lo veía venir, no le dio a la película demasiada publicidad y difusión para no calentar los ánimos. Hitchcock, que había hecho un trabajo técnico del que estaba orgulloso, se sintió muy defraudado porque no se promocionara el film como creía que se merecía y no volvió a trabajar nunca más con Zanuck ni con la Fox.

Precisamente Náufragos ha soportado muy bien el paso del tiempo al no ser una película de mera propaganda aliada sino una obra consistente basada en una premisa atrayente excelentemente dirigida. Su inusual crudeza y lo atractivo de la propuesta siguen vigentes hoy día, y se trata de la más interesante de las cuatro películas que hizo Hitchcock de propaganda aliada (las otras son Enviado Especial y los mediometrajes Bon Voyage y Aventura Malgache).

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