8,5

Título: Marnie, la Ladrona (Marnie)
Año:
1964
Guión:
Jay Presson Allen, basado en la novela homónima de Winston Graham.
Producción:
Universal Pictures.
Reparto: Tippi Hedren, Sean Connery, Diane Baker, Louise Latham.

Argumento

Marnie Edgar es una mujer que se dedica al robo utilizando siempre el mismo sistema: entra en empresas ganándose la confianza de sus superiores para luego llevarse una suma de dinero y a continuación volver a cambiar de identidad. Sin embargo, cuando ingresa en la empresa de Mark Rutland no sospecha que el señor Rutland la ha reconocido y vigila sus movimientos, más fascinado que temeroso.

Comentario

Marnie la Ladrona representa en cierto modo el fin de una etapa en la carrera de Hitchcock. Es por un lado la obra que cierra su edad de oro y abre paso a una etapa más confusa e incierta. Por otro lado es también la última película que realizó con muchos de sus colaboradores clásicos como el director de fotografía Robert Burks o el compositor Bernard Herrmann.

Aparte de esos detalles, Marnie la Ladrona destaca en su filmografía por ser una de sus obras más especiales. Pocas veces realizó Hitchcock una película que se volcara tanto en el estudio psicológico de los personajes abandonando su sentido del suspense.
Resulta inevitable en este sentido resaltar que se trate de una de sus pocas películas escritas por una mujer (sin contar las colaboraciones de su esposa Alma en sus inicios), Jay Presson Allen, ya que seguramente el director era consciente de que necesitaba ayudarse de una mujer para darle cierto toque femenino y una sensibilidad particular.

En realidad, el proyecto de Marnie la Ladrona ya había pasado por otras manos antes de llegar a Allen. Inicialmente Hitchcock le encargó al guionista de Psicosis, Joseph Stefano, que adaptara la novela. La idea era que este film sería el gran retorno de Grace Kelly a las pantallas después de su retiro años atrás para convertirse en Princesa de Mónaco. Kelly aceptó la propuesta entusiasmada tras conocer el argumento pero una vez salió a la luz la noticia todo se vino abajo: el pueblo de Mónaco no veía con buenos ojos que su princesa volviera a protagonizar un film de Hollywood - y menos aún encarnando a una cleptómana con un problema sexual -, y la Metro, que era quien tenía a Grace Kelly bajo contrato cuando ésta se retiró del cine, dejó claro que si la actriz volvía a hacer películas ellos contaban con que cumpliría los compromisos que habían quedado pendientes con ellos. Eso sumado a que la monarquía de Mónaco estaba pasando una época difícil en aquella época por conflictos con Francia, obligó a Kelly a renunciar al papel. Tanto ella como Hitchcock quedaron sumamente deprimidos y el proyecto se dejó de lado, ya que sin ella no tenía sentido.

Después de acabar Pájaros, Hitchcock decidió rescatar la historia aunque fuera sin su actriz predilecta. Al no estar Stefano disponible le pidió al guionista de Pájaros, Evan Hunter, que escribiera el guión. Éste se mostró muy receptivo a la idea y empezó ilusionado el trabajo, pero pronto llegaron a un conflicto por culpa de la escena de la noche de bodas. La idea inicial era que Mark violaba a Marnie, provocando que ésta luego se intentara suicidar. Para Hunter esta escena era inviable: ¿cómo iba Mark, el protagonista masculino, despertar simpatía en el público tras algo así? Hitchcock en cambio no creía que la escena fuera tan conflictiva e insistió en que debía permanecer en el guión. Hunter la escribió a regañadientes aunque avisando de que sería un error incluirla. Hitchcock tomó nota de su sugerencia y decidió prescindir de sus servicios. Aunque no parece probable que Hitchcock despachara a un guionista únicamente por tener opiniones diferentes sobre una escena, para Hunter éste fue el gran detonante.
Fuera ése el motivo principal o no, la elección de Jay Presson Allen fue más que acertada, ya que director y guionista se entendieron a la perfección. Para Allen la escena de la violación no suponía ningún problema, creía que el carisma de una buena estrella haría que el público mantuviera su simpatía hacia él, además que para ella realmente no era una violación. El tiempo les dio la razón a ella y Hitchcock: la escena se rodó con bastante delicadeza y buen gusto, y no afectó al funcionamiento de la película.

Con Grace Kelly descartada, Hitchcock valoró a otras posibles candidatas entre las que destacó la actriz Claire Griswold, que conocía por su serie de televisión. Griswold estuvo muy cerca de conseguir el papel, ya que se le hicieron numerosas pruebas, pero finalmente Hitchcock decidió apostar por Tippi Hedren después del éxito de su papel en Pájaros. No obstante, el papel de Marnie era considerablemente más complejo que el de Melanie Daniels, y muchos colaboradores de Hitchcock pensaban que le vendría grande a una actriz aún inexperta como Hedren. Finalmente Hitchcock conseguiría sacar de ella una buena actuación, pero es cierto que en ocasiones se notan sus limitaciones para un personaje que requería una interpretación más profunda, y es que Marnie era de hecho el personaje femenino más complejo de la carrera de Hitchcock.

A cambio, la elección del protagonista masculino fue uno de los mayores aciertos del film. Tanto Allen como Hitchcock apostaron inicialmente por Sean Connery, por entonces en pleno auge de popularidad por la serie Bond. Connery se sintió a gusto en un papel que le apartaba del encasillamiento que estaba empezando a sufrir tras protagonizar las dos exitosas películas sobre el famoso agente secreto y demostró ser un muy buen actor. A decir verdad, Connery podría haber sido perfectamente el último actor fetiche hitchcockiano tras Cary Grant y James Stewart: era como ellos elegante y atractivo, podía dotar a su personaje de sentido del humor, era un buen actor capaz de enfrentarse a papeles difíciles pero que daba el pego también como galán y, además, se entendió a la perfección con el director durante el rodaje. Por desgracia no pudieron volver a trabajar juntos, aún cuando Hitchcock le tanteó en dos ocasiones más (le ofreció participar en Topaz pero Connery se negó porque quería evitar los papeles de espía, y más adelante fue el candidato más firme para el que iba a ser el último film del director que no pudo llegar a rodarse, The Short Night). Así pues, su personaje de Marnie puede considerarse como el último gran galán hitchcockiano de su carrera.

La idea inicial de Hitchcock era crear una especie de reverso más oscuro de Atrapa a un Ladrón, es decir, la historia de un hombre que se siente atraído sexualmente por una mujer porque es una ladrona. Sin embargo, la trama acaba siendo mucho más ambigua y compleja de lo que daba a entender esta premisa inicial: Mark se siente atraído sexualmente por Marnie al ser una ladrona y la contrata por ese motivo, pero luego desea sinceramente protegerla y ayudarla. De hecho, en la novela y en el primer guión de Stefano, cobraba una gran importancia la figura de un psiquiatra al que Marnie acude animada por Mark para que pueda curarse. En el guión final, la figura del psiquiatra desaparece y es Mark quien intenta llevar a cabo esas sesiones terapéuticas, de esta forma se buscaba darle mayor protagonismo y potenciar la imagen de éste como el salvador de Marnie, el hombre que la va a curar - para justificar un poco los conocimientos de psiquiatría del personaje, Hitchcock nos muestra que está leyendo algunos libros sobre el tema.

Otro elemento que se suprimió del guión fue un segundo hombre que compite con Mark por ganarse el favor de Marnie, es decir, un triángulo amoroso. En lugar de eso, Hithcock y Allen convirtieron a ese personaje en una mujer, Lil, la hermana de la esposa fallecida de Mark. Este cambio es fundamental para entender el planteamiento que le querían dar a la película. Se suprime el elemento amoroso (dos hombres compitiendo por la misma mujer) y se potencia el conflicto psicológico: Lil nunca es un peligro real para Marnie como competidora por el corazón de Mark - no sólo Mark no siente ningún interés por ella, sino que de hecho Marnie no quiere estar con él inicialmente -, pero sí que lo es como elemento desestabilizador que quiere descubrir los engaños y flaquezas de Marnie para que Mark rompa con ella. Lo importante para Allen y Hitchcock no es por tanto el elemento amoroso, es decir, si Mark se decantará por una o por otra, sino el hecho de que los celos de Lil provoquen conflictos en el proceso de rehabilitación de Marnie: escuchando su conversación telefónica le revela a Mark que Marnie tiene una madre, en una fiesta de sociedad invita a uno de los hombres a los que Marnie ha robado para hundirla, etc.

En el guión de Allen había una escena que se rodó pero suprimió en la sala de montaje en que Lil y Marnie tienen un leve acercamiento en el tramo final. Esa escena permitía al personaje de Lil explicar su comportamiento a Marnie y cerrar ese conflicto existente entre las dos. En la versión que conocemos, Lil desaparece virtualmente tras la muerte de Forio y nunca llegamos a profundizar del todo en ella. Eso nos demuestra que Hitchcock estaba interesado ante todo en centrarse en la evolución psicológica de Marnie.

  

Por tanto, Marnie la Ladrona no tiene una historia de amor fuerte propiamente dicha, y ése debió ser uno de los motivos por los que decepcionó al público del momento. En todo el film no vemos jamás la reconciliación final entre Mark y Marnie, simplemente a ella musitando que quiere seguir con él, pero no es un momento enfatizado desde el punto de vista romántico. Para Hitchcock la clave era la recuperación psicológica de Marnie, mientras que el espectador de la época esperaría ver como Sean Connery y Tippi Hedren acaban fundiéndose en un beso bajo una música romántica seguida de los títulos de crédito. No hay nada de eso al final, simplemente una leve esperanza.

El otro elemento clave que enfatiza el film es la relación entre Marnie y su madre, que es la base de su cleptomanía. Marnie viene asociada para su madre inevitablemente a ese pasado deshonroso que pretendía enterrar, de ahí que no pueda evitar sentir cierto rechazo instintivo hacia ella, además de inculcarle una educación excesivamente puritana (fomentando la idea de que debe evitar los hombres), como temiendo que siguiera sus pasos. En contraste, Marnie intenta conseguir el favor de su madre comprándole regalos caros y siente celos de la hija de los vecinos, que con su cabello rubio viene a ser como una sustituta de ella.
En el libro la madre fallece antes del desenlace y Marnie descubre la verdad a través de una tercera persona, pero para Hitchcock y Allen la relación entre ambos personajes es tan importante que deciden hacer que se confronten en la escena final de la revelación, una de las ideas más acertadas del guión. Siguiendo esa premisa tan inocente y hollywoodiense ya expuesta en Recuerda (1945) de que para curar un trauma basta con descubrir el origen del mismo, aquí la revelación final es lo que libera completamente a Marnie, permitiéndole reconciliarse tanto con su madre como con Mark. Esta sensibilidad a la hora de mostrar la relación madre-hija es casi inaudita en el mundo de Hitchcock y hacen de Marnie la Ladrona una película sumamente especial en la que la ayuda de una guionista femenina debió ser fundamental para darle ese tono exacto.

Otra de las aportaciones más acertadas de Allen fue convertir a Mark en un zoólogo aficionado, de esta forma su interés por el comportamiento de Marnie adquiere un nuevo matiz. Para él Marnie al principio es otro animal al que ha atrapado y al que se dedica a estudiar. Su finalidad es conseguir lo mismo que hizo con su jaguarundi: que confíe en él. De esta forma Marnie es vista casi desde el prisma de un animal, y su comportamiento en ocasiones enfatiza esa idea, por ejemplo en un par de momentos en que se siente acosada, sus gestos son los de un animal acorralado (por ejemplo, la escena de la tormenta o la noche de bodas, en que se encoge en un rincón de un sofá para evitar el encuentro sexual).

El film en general es bastante rico en metáforas e ideas bastante bien relacionadas la psicología de los personajes. La primera noche que están Mark y Marnie solos, éste sucumbe a los encantos de ella - la escena en que empieza a besarla delicadamente está filmada en un magnífico plano cerrado que demuestra la habilidad de Hitchcock para rodar este tipo de momentos. Como símbolo de la ruptura de su pasado, una rama destroza la vitrina con los objetos de cerámica de su esposa fallecida, que era lo último que le quedaba de ella. Besando a Marnie está renunciando pues a su pasado, a su antiguo matrimonio, para entregar su corazón a otra mujer.
Del mismo modo, la relación entre Marnie y su caballo Forio es muy interesante. Ese animal es el único ser al que puede transmitir su cariño, de una forma casi infantil. Cuando se ve obligada a matarlo - una de las escenas más duras de la película excelentemente interpretada por Tippi Hedren - está rompiendo con uno de los vínculos más fuertes con su otra forma de vida.

  

Aún sin ser un film de puro suspense, Marnie la Ladrona es una obra claramente hitchcockiana desde ese inicio tan bien sintetizado con imágenes muy claras y un montaje de conceptos bien unidos. Lo primero que vemos es un primer plano de un bolso que se va ampliando hasta ver a una mujer caminando por una estación. Seguidamente una voz dice "¡Robo!" y Hitchcock nos lleva directamente a una escena en que dos policías interrogan al empresario que ha sido robado. En ese breve interrogatorio conocemos que la chica es atractiva y fue contratada pese a no tener credenciales. A continuación, volvemos a esa mujer, de la cual seguimos sin ver el rostro, pero por los gestos deducimos cómo trabaja. De un monedero extrae varias tarjetas de identidad, más tarde en el baño observamos como se destiñe su pelo moreno y vemos por fin su rostro (acompañado de la romántica música de Herrmann). En una estación de tren deposita sus pertenencias en una taquilla y lanza la llave disimuladamente por unas rejas. En estos breves minutos Hitchcock nos ha mostrado de una forma muy cinematográfica el modus operandi de Marnie, todo con planos cuidadosamente escogidos y pocos diálogos. Puro Hitchcock.

Algunos detalles hitchcockianos más llamativos son los tonos rojos que impregnan la pantalla cada vez que se vuelve a desarrollar su trauma - que simbolizan tanto el asesinato que cometió como la pérdida de pureza o virginidad, vinculando su trauma con su represión sexual -, el movimiento de cámara en la fiesta de lo general al rostro del antiguo jefe de Marnie al que ella robó (movimiento de grúa que evoca directamente al de Encadenados) y la única escena de puro suspense en que intenta robar una caja fuerte. Esta escena dentro de su filmografía no deja de ser un momento de suspense creado con el piloto automático para lo que podía hacer Hitchcock, pero aún así funciona con toda precisión. Le vemos robando mientras al lado hay una mujer de la limpieza a la que ella no ve, una simple premisa de puro suspense (el espectador sabe más que el personaje) llena de tensión y filmada sin ninguna banda sonora. Cuando Marnie descubre a la otra mujer y se quita los zapatos, huye disimuladamente hasta que uno de éstos cae accidentalmente provocando ruido, pero la mujer de la limpieza no se gira. Más tarde, cuando Marnie está a salvo, descubrimos que esta sorda. Esta escena es de los pocos momentos en que Hitchcock nos evoca dos elementos característicos suyos que están ausentes en la mayor parte del film: el suspense y el humor.
Otro momento excelentemente realizado es el breve flashback en que se nos explica el origen del trauma de Marnie, filmado de una forma casi irreal fomentada por la forma como se introduce en la historia: con un travelling hecho al mismo tiempo que un zoom en dirección contraria, el famoso efecto que utilizó en Vértigo para imitar la sensación de vértigo del protagonista pero que aquí tiene un sentido más expresionista.

A cambio, una de las flaquezas del film que se le reprocharon ya en su momento, es el desmesurado uso de decorados de estudio, que además se nota claramente que son poco realistas. Hitchcock quiso en esta ocasión que la filmación fuera más sencilla y casera, y era reticente a ir a filmar a exteriores, así que mandó reconstruir todo lo que pudo en el estudio. Algunos escenarios, como la calle de Baltimore, son descaradamente falsos y en su momento se le echó en cara esto argumentando que se había anticuado (en Cortina Rasgada volvió a caer en el mismo defecto).

  

El rodaje de Marnie la Ladrona es también tristemente recordado por ser el escenario en que se deterioró para siempre la relación entre Hitchcock y Tippi Hedren. Aunque aún le faltaba algo más de experiencia para convertirse en una gran actriz, por entonces estaba claro que Hedren tenía muchos puntos de convertirse en la siguiente rubia hitchcockiana con la que el director podría contar en sus próximas obras. El director no solo fue su descubridor sino que dedicó muchísimo tiempo a enseñarle todo lo que debía conocer sobre interpretación. Consciente de la dificultad de interpretar a un personaje como Marnie, Hedren y él pasaron muchas horas juntos hablando del personaje y su comportamiento, hasta los más pequeños detalles. Sin embargo, su relación empezó a resentirse: el posesivo Hitchcock quería moldearla a su gusto, mientras que la independiente Hedren era receptiva a aprender de él pero no hasta ese extremo. Inevitablemente chocaron -según una versión de la historia, Hitchcock le propuso mantener relaciones sexuales, según otra discutieron amargamente por motivos contractuales- y el rodaje, que empezó desarrollándose a la perfección, acabó convirtiéndose en un infierno, con el director y la actriz protagonista tratándose lo menos posible y con suma frialdad. Hitchcock y Hedren no volverían a trabajar juntos después de Marnie la Ladrona. La carrera de Hedren como actriz cayó en picado a partir de entonces y Hitchcock no volvió a encontrar una rubia hitchcockiana para sus films.

Aparte de la pareja protagonista, del reparto destacaban las actrices Diane Baker y Louise Latham como Lil y como madre de Marnie respectivamente. La segunda tuvo que someterse a largas sesiones de maquillaje para encarnar a la anciana madre de Marnie, ya que por entonces tenía poco más de 40 años. Como curiosidad, en el papel anecdótico del marinero se puede ver a Bruce Dern, por entonces un actor principalmente de televisión. Más de 10 años después, Hitchcock le escogería para encarnar al último protagonista masculino de su carrera en La Trama (1976).

  

El film supuso en su momento una decepción tras el infalible trío de Con La Muerte en los Talones (1959), Psicosis (1960) y Pájaros (1963), tres magníficos films de suspense que encantaron al público de la época. Marnie la Ladrona en comparación sabía a poco con una historia en que había poco suspense y romance, y que a cambio se centraba demasiado en la psicología de su protagonista. En su momento recuperó beneficios en gran parte por el tirón de los nombres de Hitchcock y Sean Connery, pero se quedó muy lejos del éxito de sus anteriores films.
No obstante, el paso del tiempo ha sido generoso con la película, y a día de hoy es una de las obras más reivindicadas de la carrera de Hitchcock, de ésas a los que los fans les gusta destacar por estar olvidadas o infravaloradas. Y ciertamente, se merece ese nuevo estatus, ya que no solo es una gran película, sino que en cierto modo es una obra que posee una belleza y una sensibilidad únicas en su carrera.

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