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Título: The Manxman
Año:
1929
Guión:
Elliot Stannard, basado en la novela de Hall Caine.
Producción:
British International Pictures.
Reparto:
Anny Ondra, Malcolm Keen, Carl Brisson.

Argumento

Peter y Philip son dos viejos amigos que viven felizmente en la Isla de Man. Pete, que es pescador, quiere casarse con la bella Kate, pero su padre no está de acuerdo debido a su humilde situación. Así pues, Pete deja la isla en busca de fortuna confiando Kate a su amigo Philip. Pero por desgracia, comenzará a surgir en romance entre ellos dos.

Comentario

Olvidable melodrama cuyo único interés reside en la anecdótica circunstancia de que fue la última película muda de la carrera de Hitchcock.

La historia no es más que el típico triángulo amoroso contado sin mucha gracia ni interés por parte del director. Él mismo justificó esa apatía en su libro de entrevistas con Truffaut: "la verdad es que se trataba de una adaptación de una novela muy conocida de sir Hall Caine. Era un libro que tenía fama y una gran tradición; había que respetar tanto la reputación del autor como la tradición". En otras palabras, Hitchcock intentó justificar la poca calidad del film argumentando que tenía que ceñirse demasiado al original, pero no deja de ser una excusa, puesto que aunque el guión fuera muy rígido podía haber hecho un trabajo mucho mejor de dirección.

Las escenas de amor entre Philip y Kate por ejemplo son frías y poco inspiradas, algo inusual para un cineasta como Hitchcock (recordemos por ejemplo el apasionado e intenso beso bajo la luz de una farola de los dos protagonistas de El Enemigo de las Rubias). Quizás por eso pecan por su ausencia aún siendo su romance el tema central del film. Solo hay una escena que destacaría en la que el director supo capturar a la perfección la pasión que existe entre los dos amantes: cuando Kate y Philip visitan el interior de un molino. Ella se dirige a las ruedas del molino y le muestra inocentemente su funcionamiento a Philip, que se mantiene a distancia mirándola fijamente. De repente, los dos se quedan inmóviles mirándose en silencio durante un momento. A continuación ella se acerca a él casi hechizada y se funden en un apasionado beso. Hitchcock consiguió capturar en ese silencio, en ese cruce de miradas, la tensión sexual que hay entre ellos antes de que se materialice en un acto físico.
Los escenarios naturales por otro lado se agradecen pero ni mucho menos los aprovecha Hitchcock tanto como podría. El único momento en que nos permite disfrutar de ellos es en el último encuentro entre los amantes justo antes de que Pete vuelva de su viaje, en que vemos a Kate paseando por praderas e imponentes paisajes rocosos que el equipo rodó en Cornualles.

 

El resto de metraje resulta aburrido y terriblemente insulso. Conociendo a Hitchcock uno no puede evitar pensar al ver el resultado que rodó la película totalmente a desgana y sin tener esperanzas en el proyecto. En sus otros films mudos menores, Hitchcock siempre encontraba algún momento para llevar a cabo alguna que otra proeza técnica más o menos llamativa con la que parecía intentar llamar la atención demostrando que, pese a la baja calidad del film, había un cineasta inquieto tras la cámara (podemos encontrar algún ejemplo de ello en títulos como Easy Virtue o Champagne). Sin embargo, aquí ni siquiera se permite ese lujo, desconozco si por apatía o simplemente por intentar mantenerse lo más fielmente posible al estilo secamente realista de la novela original.
Sólo puedo destacar un par de momentos que visualmente me hagan pensar en Hitchcock. En primer lugar, la escena en que Pete vuelve a casa y se pregunta dónde está su mujer hasta que ve que la mesa está puesta pero que no hay cubiertos para ella, lo que le hace deducir que le ha abandonado (una forma sencilla pero muy efectiva de darnos a entender algo tan complejo de explicar visualmente, sin caer en la típica nota de despedida). En segundo lugar un pequeño truco visual en que encadena el momento en que Kate se lanza al agua para suicidarse con un primer plano del tintero que usa Philip en el juzgado. No aporta mucho pero llama suficientemente la atención para sacar momentáneamente al espectador del aburrimiento.

No hay mucho más que merezca ser destacado de The Manxman. Es un film en general bastante desaprovechado, no se potencia suficientemente la tensión provocada por ese triángulo amoroso (la escena de la boda es la prueba de ello, Hitchcock la filma con toda pasividad pudiendo haberla explotado mejor, y más cuando el banquete se desarrolla en el molino en que Philip y Kate tuvieron su primer encuentro), ni se aprovecha el asfixiante clima opresivo del pueblo, que solo se deja intuir en momentos puntuales.
Solo me queda por mencionar a la preciosa Anny Ondra, que es sin duda la que más destaca del trío protagonista y que volvería a repetir con Hitchcock en su siguiente obra, La Muchacha de Londres.

  

Es una pena que Hitchcock cerrara su etapa muda con una película tan insípida y poco representativa de su dominio del lenguaje visual como ésta. No es de sus peores obras pero su interés es meramente anecdótico.

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