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Título: Juego Sucio (The Skin Game)
Año:
1931
Guión:
Alfred Hitchcock y Alma Reville, basado en la obra de John Galsworthy .
Producción:
British International Pictures
Reparto:
Edmund Gwenn, Helen Haye, Jill Esmond, John Longden, Phyllis Konstam.

Argumento

La película se centra en los enfrentamientos entre dos poderosas familias, los Hillcrest y los Hornblower, a raíz de la adquisición de unos importantes terrenos. Cuando los Hillcrest descubran el oscuro pasado de la joven Chloe Hornblower, decidirán usar esa información como chantaje.

Comentario

Al igual que Juno y el Pavo, estrenada poco antes, Juego Sucio era otra adaptación de una obra teatral de prestigio. Y al igual que la anterior, el resultado fue fallido entre otras cosas porque el enorme prestigio del material original no le permitió a Hitchcock tener mucha flexibilidad a la hora de adaptarla, dando como resultado una película aburrida y llena de diálogos que además se alejaba por completo del tipo de films que se le daban mejor

El film narra el típico conflicto entre dos clases sociales distintas cuyas ambiciones acaban chocando: los aristocráticos Hillcrest, que quieren mantener el poder en la región, y los Hornblower, cuyo cabeza de familia es el clásico hombre hecho a sí mismo y que quiere comprar los terrenos para instalar más fábricas. Unos representan la vieja Inglaterra, otros el progreso.
Aunque esas tierras son el origen de la discusión, al final acaba siendo un problema de clases: Hornblower detesta la altanería con que los Hillcrest tratan a los suyos, y éstos a su vez odian la falta de escrúpulos del pragmático Hornblower con tal de conseguir más dinero. Cuando al final los Hillcrest vencen, reciben la visita de un humilde matrimonio que iba a ser expulsado por Hornblower y que quiere agradecerles el favor que les han hecho, pero la realidad es que los Hillcrest ni les recordaban, su lucha no estaba motivada por el sentido de justicia sino por orgullo propio.

Por desgracia, lo que originariamente debió ser una gran obra teatral acaba convirtiéndose en un drama rutinario e insípido. La única escena que destaca sobre el resto y que llama la atención es la de la subasta en que las dos familias se disputan los terrenos. Es aquí donde podemos percibir ciertos destellos del director y de su cuidadosa planificación para sacarle el mayor partido posible. Para mostrar la venta, la cámara se va desplazando de un lado a otro de la sala siguiendo a los personajes para dar más dinamismo a ese crucial instante. En el clímax, pasa a utilizar el corte de un plano a otro cada vez más rápido para aumentar la tensión. Por otro lado, el subastador le sirve como contrapunto cómico para una escena de una gran tensión y de hecho será el único elemento de humor en todo el film, algo raro en su director.

La parte final de la película se centra en el chantaje por el oscuro pasado de Chloe Hornblower, que acaba desembocando previsiblemente en el suicidio de la joven. Sin embargo, cabe reconocer que el momento en que Hornblower confirma que las acusaciones sobre su nuera son ciertas desprende una gran fuerza. En el instante en que se conoce la verdad, Hitchcock aleja la cámara mientras todos los personajes permanecen en silencio, es un magnífico plano lleno de tensión.

  

Sin embargo, el film no tiene ningún interés salvo estos pequeños detalles concretos y algún truco visual típico del director (como el mareo de Chloe en la subasta que muestra con un plano subjetivo distorsionado de la habitación en que se superpone el rostro del hombre que la acusará). El reparto hace un buen trabajo que sirve para mejorar un poco una película que de otro modo estaría condenada al absoluto aburrimiento, destacando Edmund Gwenn como Hornblower (un papel que ya había hecho en la obra teatral), quien repetiría con el director más adelante.

Una película definitivamente prescindible y mediocre.

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