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Título: El Hombre Que Sabía Demasiado (The Man Who Knew Too Much)
Año:
1956
Guión:
John Michael Hayes, basado en la película homónima de 1934.
Producción:
Paramount Pictures
Reparto:
James Stewart, Doris Day, Bernard Miles, Brenda de Banzie.

Argumento

El Dr. Ben McKenna está disfrutando de unas exóticas vacaciones en Marruecos acompañado por su mujer Jo y su pequeño hijo Hank. Ahí conocen a un amable y misterioso hombre, Louis Bernard, con el que entablarán amistad. Al día siguiente de su encuentro, Bernard es asesinado en un mercado. Poco antes de morir, se acerca a Ben y le susurra que hay en marcha un complot para asesinar a un alto mandatario en Londres en un breve periodo de tiempo. Inmediatamente después, Hank es secuestrado y los McKenna reciben órdenes de no revelar nada de lo sucedido a las autoridades si quieren volver a ver a su hijo con vida.

Comentario

Haciendo referencia a las dos versiones de El Hombre Que Sabía Demasiado Hitchcock dijo que "la primera versión la hizo un aficionado con talento, mientras que la segunda versión la hizo un profesional". Seguramente esta frase sea la que mejor resume las diferencias entre ambas versiones, no solo en lo que a calidad respecta sino también en cuanto a su estilo y factura.

Aunque éste sería el único remake que Hitchcock haría a lo largo de su carrera, desde los años 40 el director británico había tanteado ya la posibilidad de un remake en color de su primer gran éxito, El Enemigo de las Rubias, que nunca llegó a hacerse. Desde su llegada a Estados Unidos, también había propuesto a Selznick volver a realizar su thriller El Hombre Que Sabía Demasiado, pero no fue hasta más de 10 años después y habiéndose separado ya de Selznick que el proyecto tomó forma. Hitchcock por suerte en ningún momento pretendió realizar una copia de la original sino que tomó únicamente la misma premisa (el secuestro del hijo para que los padres no desvelen el complot de los espías) y la famosa escena del Royal Albert Hall. El resto del film así como el tratamiento de los protagonistas sería totalmente distinto, comenzando por el hecho de que una de las claves para que el proyecto saliera adelante fue el saber desde el principio que James Stewart sería el protagonista. De este modo, la escritura del guión se hizo teniendo en cuenta al célebre actor y adaptándose al tipo de personajes que solía encarnar.

Para empezar, en esta nueva versión Hitchcock cambió los Alpes nevados por la calurosa y exótica Marrakech. En la primera parte del film el director optó por seguir una de sus tácticas predilectas y que usaría a menudo durante su carrera: ofrecer un inicio con tono ligero e incluso de comedia para luego introducir el elemento de horror o suspense. Por ello le fue muy útil contar con dos actores versados en la comedia como James Stewart y Doris Day, los cuales consiguen fácilmente mantener ese tono de película agradable e intrascendente (un ejemplo bastante claro es la cena en el restaurante exótico con los intentos del Dr. McKenna por adaptarse a las costumbres árabes).

El elemento hitchcockiano que va rompiendo con este ambiente es el tema de las dobles identidades, que ya se muestra desde los primeros minutos de film: al principio Louis Bernard parece una persona encantadora y fiable pese a su insistencia en hacer preguntas, luego acaba convirtiéndose en un extraño a evitar; por otro lado, el matrimonio inglés al principio hace desconfiar a Jo, pero luego acaba confiando a ellos el cuidado de su hijo. Más adelante se sabrá que en realidad su primera impresión era la correcta en ambos casos. Una vez su hijo es secuestrado, serán los McKenna los que deberán representar un nuevo papel ante el resto: el de un matrimonio despreocupado y feliz que en realidad está viviendo un infierno personal.

La otra gran diferencia respecto a la primera versión es la sustitución de la escena del dentista por otra de tono más claramente cómico en que el Dr. McKenna acaba siguiendo una pista falsa hasta un taxidermista con el que intenta negociar el rescate de su hijo. Éste, que no entiende nada de lo que McKenna le está diciendo, se asusta ante lo que cree que es un demente. La escena resultaría casi abiertamente humorística de no ser por las terribles circunstancias que la rodean, y muestra una vez más el gusto de Hitchcock por introducir toques de humor macabro para aliviar momentáneamente la tensión del film. De hecho, la escena se inicia con un pequeño momento de suspense basada únicamente en su miedo (McKenna cree oír pasos que le siguen) que, juntamente a la música macabra de Bernard Herrmann, hace que el espectador espere una escena llena de tensión. El desenlace que acaba teniendo resulta tan anticlimático que resulta obvio que Hitchcock no está conduciendo solo a McKenna hacia una pista falsa, sino también al espectador hacia unas falsas expectativas que no verá cumplidas.

La gran mejora indiscutible de este film respecto a su predecesor es sin duda la escena del Royal Albert Hall. En el film original era una escena con mucha tensión pero que no era ni siquiera el momento cumbre de la película, mientras que la versión del remake es directamente una de las mejores escenas de la carrera de Hitchcock.
En esta escena el asesino a sueldo contratado por los espías va a matar a un importante político de otro país en mitad de un concierto en el Royal Albert Hall (como curiosidad, el director de orquesta es ni más ni menos que Bernard Herrmann, el inolvidable compositor de las bandas sonoras más memorables de Hitchcock). Jo acude ahí para advertir a la policía, pero el temor a que eso implique perder a su hijo le hace dudar sobre cómo actuar: ¿debe callarse para salvar la vida de su hijo o debe correr el riesgo e intentar detener el asesinato?

Hitchcock, como el experto que es en el manejo del suspense, insiste de forma sistemática en dejar bien claro al espectador la importancia del momento en que se producirá el asesinato: una parte de la canción en que el sonido de los platillos ocultaría el ruido del disparo. Para que el espectador conozca ese instante crucial, nos muestra al jefe de espías enseñando al asesino el momento exacto en que sucederá poniendo un disco dos veces.
La importancia de los platillos para Hitchcock es esencial, puesto que representan el momento del asesinato, de hecho en sus entrevistas con Truffaut dice que el músico de los platillos es en cierto modo el asesino. El motivo por el que enfatiza tanto los platillos es seguir su principio básico del suspense: dar al espectador información anticipada sobre lo que sucederá. En este film lo sigue tan a rajatabla que la película se inicia con una orquesta interpretando un tema que acaba con un sonoro choque de platillos sobre el que se superpone la frase "Un simple choque de platillos y cómo cambió la vida de una familia americana". De esta forma ya se está avanzando a la trama para dejar caer ya en el inicio esa idea, quizás basándose en la premisa de que algunos espectadores ya conocerían la primera versión del film y sabrían el significado de esos platillos.

 

Durante toda la secuencia del Royal Albert Hall, Hitchcock alterna en montaje la situación de los diversos espacios relacionados entre sí: el asesino mirando el palco del político al que va a matar, Jo como impotente espectadora de todo lo que sucede y varios planos del músico de los platillos, que representa la consecución del momento del asesinato. Cuanto más cerca está de su choque de platillos, más cerca está el asesinato de tener lugar. Y para remarcar la llegada de ese instante fatal, Hitchcock va mostrando a lo largo de la escena cómo el músico va cogiendo los platillos y cómo en su partitura se acerca cada vez más el momento en que debe hacerlos sonar, de hecho llega al extremo de incluir un plano subjetivo suyo para que se le vea preparado con los platillos en la mano.

Uno de los aspectos que hace que esta versión sea claramente superior a la original es hacer que el Dr. McKenna acuda al Royal Albert Hall a intentar impedir el asesinato (en la versión inglesa permanecía prisionero hasta el final). Esta aparición, remarcada con un cambio en el tono de la música haciendo énfasis en su entrada con un sonido de tambores, da a la escena un complemento indispensable que aumenta más aún el suspense y añade un cuarto componente: mientras el asesino saca su pistola, el músico prepara sus platillos y Jo contempla todo sin saber que hacer, Ben paralelamente corre por los palcos para detener al asesino, dándole a la escena un tono aún más frenético.

 

La totalidad de la escena además se sucede sin ningún diálogo, aún cuando en el guión aparecían escritos por si hacía falta utilizarlos. Pero fue una precaución innecesaria, puesto que todos los hechos se suceden sin escuchar una sola palabra, ya que Hitchcock se dio cuenta de que los diálogos que tienen lugar se entendían perfectamente con los gestos de los personajes, demostrando una vez más una de las mayores cualidades del director: no recurrir innecesariamente al diálogo cuando puede emplear la imagen para expresar lo que necesita.
Esto hace que cobre una importancia aún mayor la pieza que interpreta la orquesta y que acompaña toda la escena: "Storm Clouds" de Arthur Benjamin. Aunque a Herrmann le ofrecieron la oportunidad de componer la música que interpretaría la orquesta, éste declinó esa oferta tan tentadora porque no se veía capaz de superar el tema de Arthur Benjamin. Y no es de extrañar, puesto que es un acompañamiento musical perfecto que complementa el progreso de la escena y que Herrmann difícilmente podría superar.

La combinación de la planificada y cuidadísima puesta en escena de Hitchcock, el montaje que consigue aumentar la tensión hasta hacerla casi insoportable, la convincente interpretación de los actores (especialmente Doris Day) y la banda sonora hacen de éste uno de los mejores y más representativos momentos de la carrera de Hitchcock.

El otro aspecto más remarcable de este remake respecto a la original es la forma como profundiza en la relación de los McKenna, que quedaba algo más difusa en la anterior película. En la versión americana, se define mejor la personalidad de cada uno de ellos y se utilizan esos rasgos en beneficio de la trama: él es un médico de mundo que repentinamente se ve inmerso en una situación que, por primera vez, se le escapa de las manos y que no sabe llevar (como prueba de ello está la confusión de Ambrose Chapel o cuando es atrapado por los espías en la iglesia), ella es una cantante de éxito que se retiró al casarse con Ben. Durante esta pesadilla, Jo volverá a cobrar el protagonismo que perdió al renunciar a su carrera artística, llegando incluso a cantar de nuevo en la escena final para conocer el paradero de su hijo, es decir, para salvarle debe recuperar momentáneamente su anterior carrera.
Incluso la pareja de espías tiene mayor profundidad (aunque ninguno de ellos está a la altura del terrorífico Peter Lorre de la versión inglesa) gracias al personaje de Lucy, que no puede evitar cierta compasión por el pequeño Hank, al que pide que se trate con educación pese a ser un rehén y al que luego ayuda a salvar. El acierto recae también en el hecho de no concretar sobre su nacionalidad o el bando para el que trabajan, convirtiéndolos en espías anónimos de modo que no se asocian con un estereotipo desprovisto de personalidad.

Esta mejora de los personajes viene acompañada afortunadamente de unas magníficas interpretaciones que acaban de hacerlos plenamente creíbles. No hace falta hablar sobre James Stewart, un viejo conocido del director que de nuevo hace un gran trabajo, pero sí de una sorprendente Doris Day. La actriz estaba por entonces encasillada por sus papeles cómicos de poca relevancia y resultaba una elección a todas luces desacertada para un thriller. Su papel de hecho iría a caer en manos de Grace Kelly, pero cuando la actriz se retiró del cine, Hitchcock perdió a la actriz ideal para sus películas.
La ventaja de utilizar a Doris Day recaía en que era también cantante, y eso permitió crear una canción que no solo sirvió a la película de cara a la escena final, sino que además fue un gran éxito comercial que se convertiría en el tema más famoso de la carrera de la actriz galardonado con un Oscar: "Qué Será Será". Pero en el terreno dramático, Doris Day se sintió muy insegura durante todo el rodaje al encontrarse en un terreno diferente al suyo y no saber si estaba haciendo un buen trabajo debido a que Hitchcock nunca le daba a entender si le gustaba lo que estaba haciendo. En realidad no tendría que haberse preocupado, puesto que sorprendentemente Doris Day hizo una actuación sobresaliente, destacando sobre todo en escenas tan difíciles como en la que Ben le comunica que su hijo ha sido secuestrado después de haberla sedado para que no sufra un ataque de nervios. Que Doris Day saliera airosa de una escena tan compleja a nivel interpretativo demuestra que supo estar a la altura de las circunstancias.

Aunque tradicionalmente siempre se ha considerado el remake superior a la primera versión, con el paso del tiempo la versión inglesa (más sencilla y cruda, realizada por un "amateur con talento") ha ido ganando más adeptos que la prefieren a la americanizada (con más presupuesto y más perfeccionada según los cánones de una gran producción de Hollywood, la versión del "profesional"). La versión americana es ciertamente más pulida, sintetizando toda la parte londinense en un solo día para dar pie al gag final en que se presentan en el hotel en que les esperaban sus amigos como si solo hubieran ido a buscar a su hijo, un tono totalmente distinto a la inglesa, que finaliza con un tiroteo en que mueren varios personajes.

Resulta bastante difícil decantarse por una de las dos puesto que Hitchcock tuvo el acierto de hacer un remake con un estilo más diferenciado para evitar esas comparaciones, mi impresión es que cada una tiene elementos a favor que la sitúan por encima de la otra: la versión inglesa contaba con un carismático villano encarnado por Peter Lorre que en la versión americana sencillamente no existe, pero a cambio la versión americana tiene a una pareja protagonista más eficiente que la anterior y además su relación es explorada más a fondo; o por ejemplo, la escena del Royal Albert Hall es claramente superior en el remake, pero el magnífico tiroteo final de la versión inglesa desaparece en la americana.

Yo me decanto por el remake, que me parece no solo superior a la original sino una de las mejores películas de su carrera.

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