9,5

Título: Frenesí (Frenzy)
Año:
1972
Guión:
Anthony Shaffer, basado en la novela Goodbye Piccadilly, Farewell Leicester Square de Arthur La Bern.
Producción:
Universal Pictures.
Reparto:
John Finch, Barry Foster, Alec McCowen, Barbara Leigh-Hunt.

Argumento

Un psicópata que se dedica a violar y matar mujeres está sembrando el pánico en Londres. Se le conoce como "el asesino de la corbata" porque siempre las estrangula con esa prenda.
En este contexto se nos presenta a Richard Blaney, un pobre desgraciado que es expulsado de su trabajo y tiene que recurrir a su exmujer y a su buen amigo Bob para conseguir algo de dinero. Su suerte empeorará aún más cuando la policía comience a sospechar que es el
famoso asesino de la corbata.


Comentario

La última joya de la filmografía de Hitchcock y una de sus mejores obras.

Frenesí fue quizás la mayor sorpresa de la carrera del director, ya que por aquella época muy pocos se podían imaginar que el maestro aún tendría fuerzas e inspiración para hacer una película como ésta a sus 73 años. Los fracasos de Cortina Rasgada y Topaz sumados a unos cuantos años de inactividad hacían suponer que Hitchcock acabaría retirándose o bien relegado a crear obras menores habiendo pasado ya su momento de gloria. Nada de eso, el veterano cineasta volvió a aparecer con una obra que no sólo recuperaba su inconfundible estilo personal (evitando el error de Topaz) sino que además era fresca y muy moderna, una película que parecía más bien la obra de un joven director antes que la de un hombre que ya pasaba los 70 años (no olvidemos que el germen de este film se encuentra en el arriesgado proyecto inacabado de Kaleidoscope, del cual hay más información en la sección de Proyectos Inacabados).
La película suponía además el retorno del director a su Londres natal, algo que éste se cuidó de remarcar bien procurando mantener en su obra el aroma de un Londres que seguramente ya no existía tal y como aparecía en el film, un Londres visto más bien desde un punto de vista nostálgico, como queriendo evocar la visión que tenía el director de la ciudad y no la realidad de la época. Tal es así que Hitchcock hizo que en los diálogos hubiera numerosas expresiones pretendidamente anticuadas y se esmeró en retratar el mercado de Convent Garden, por entonces a punto de desaparecer (algo que muchos han visto como un retorno consciente al pasado, ya que su padre poseía ahí mismo un puesto de verduras).

Podemos encontrar en Frenesí dos de los grandes temas recurrentes en la carrera del director muy inteligentemente unidos: el falso culpable y el mal oculto bajo una apariencia inofensiva. Sin embargo, en esta ocasión Hitchcock se atrevería a llevarlos a unos extremos a los que nunca había llegado, hasta el punto de que el protagonista es un personaje abiertamente antipático y sin carisma y el antagonista un hombre absolutamente encantador. Esto hace que el espectador prácticamente quede desamparado sin un protagonista fuerte en el que sustentarse y que además tenga que enfrentarse a un psicópata inusualmente agradable y por tanto muy inquietante.
Y si con eso no bastaba, tampoco dudará en acabar con la chica de la película a mitad del film. En otras palabras, ignoró por completo todas las clásicas convenciones sobre buenos y malos que se había visto obligado a respetar en su carrera (recuérdese sino el caso de Sospecha con Cary Grant).

Otro aspecto en que el director se atrevería a llegar más allá es en la violencia. Si en Psicosis (1960) horrorizó a los espectadores de la época mostrando un apuñalamiento en una ducha, en Frenesí Hitchcock decidió mostrar una violación.
Seguramente la escena más recordada de la película, la violación de Brenda resulta doblemente chocante por su contenido y porque es en esta escena cuando sabemos que Bob es el asesino, lo cual hace que el espectador esté aún más desprevenido.
Por contraste la violación y asesinato de Babs se nos muestra de forma exactamente inversa. Si con Brenda Hitchcock optó por mostrarnos todo con detalle, con Babs se decantó por una elipsis remarcadísima, de esta manera no se repite y explota las ventajas de ambas opciones. En el caso de Babs, Hitchcock nos muestra cómo ésta entra en el apartamento de Bob y, justo antes de entrar, él le dice "¿Sabes? Eres mi tipo de chica", que es la frase que le dijo a Brenda antes de atacarla. Inmediatamente después la puerta se cierra y la cámara hace un maravilloso travelling que retrocede por las escaleras lentamente hasta llegar a la calle. No hace falta que se nos diga o muestre nada más porque ya sabemos qué estará sucediendo en el interior del apartamento. El contraste entre el inquietante silencio de la escalera y el bullicio de la calle remarca la sensación de vida que respira la calle al lado de ese tenebroso silencio mortal. Es sin duda el plano más interesante de la película.

Este gusto por la violencia queda contrastado por un tono humorístico que impregna todo el film. Si Hitchcock siempre había sido un amante del humor negro, en un film como éste y en una época en que podía gozar de más libertad creativa no pudo desperdiciar la oportunidad de recrearse en ello. Ya el mismo inicio nos deja clara esa tendencia con el discurso de un político que se compromete a limpiar las aguas del Támesis de residuos y desechos poco antes de que aparezca flotando el cadáver de la primera víctima.
Más adelante, un par de hombres maduros con apariencia de ser los típicos refinados ingleses comentan cómo esta serie de asesinatos son buenos para el turismo.

Sin embargo donde mejor se explota el sentido del humor típico del director es en una serie de viñetas que fueron ideadas por el propio Hitchcock y que no aparecían en la novela. Mientras la trama avanza, vamos viendo cómo el Inspector Oxford de Scotland Yard prosigue con su investigación mediante las conversaciones que tiene con su mujer mientras intenta comer sus "exquisitos" platos, ya que la señora Oxford tuvo la poco acertada idea de apuntarse a un curso de comida sofisticada y su pobre marido debe lidiar con sus horribles experimentos culinarios.
En realidad la finalidad de estas escenas es que podamos ver cómo avanza la investigación policial además de ayudarnos a seguir la trama, pero Hitchcock, consciente de que este tipo de contenido por sí solo se haría mortalmente aburrido, tuvo la idea de añadir esa subtrama culinaria que además sirve para darle un delicioso (nunca mejor dicho) tono humorístico a una película tan sórdida.
Las diversas escenas que tienen lugar en el comedor de los Oxford resultan un descanso muy entretenido de una trama principal que no deja descanso al público con sus asesinatos y unos personajes demasiado ambiguos como para poder apoyarse en un claro protagonista. Sirven para frenar momentáneamente el ritmo de la película y ofrecernos un poco de ese humor típicamente hitchcockiano con esos platos imposibles de digerir que el inspector Oxford finge disfrutar (o el detalle de que la señora Oxford rompa un bastón de pan mientras su marido explica que el asesino le rompió el dedo a una víctima). La apacible y cómica vida hogareña de los Oxford contrasta fuertemente con la del resto de personajes y constituye un retrato muy acertado y entrañable de lo que acaba siendo la rutinaria vida en matrimonio.

El estilo de la película vuelve a recordarnos al mejor Hitchcock, lo cual queda patente en las dos escenas mencionadas de las violaciones mencionadas anteriormente. Su gusto por lo visual y la economía narrativa queda patente en escenas como la del juicio. Ése es el típico momento que tanto odiaba el director: es necesario mostrarlo pero no aporta nada a la película y se hará aburrido al público. ¿La solución? Filmarlo desde fuera mediante un guardia que observa lo que sucede en el interior mientras se pronuncia el veredicto. Cuando se dicta sentencia, su curiosidad le mueve a abrir la puerta para escuchar y es entonces cuando sabemos que ha sido declarado culpable. El plano picado que a continuación nos mostrará Hitchcock de Blaney encerrado en su celda y tocando las paredes en las que está aprisionado es quizás uno de los que mejor refleja la angustia del falso culpable atrapado y sin escapatoria.

Otro de mis planos favoritos de la película es el de Babs saliendo furiosa del pub en que trabaja. Una vez en la calle parece darse cuenta del importante paso que ha dado renunciando a su trabajo por el hombre que ama y Hitchcock nos la muestra en un primer plano muy cerrado en silencio mientras ella está pensativa. Este breve instante tan bello queda interrumpido cuando se oye tras ella una voz que resulta ser la de Rusk ofreciéndole ayuda. Después de ese breve momento en que Babs medita sobre su futuro, el destino le tiende una trampa que acabará siendo su perdición, este tipo de plano se hace especialmente llamativo porque nos demuestra cómo pese a su edad Hitchcock seguía con ganas de probar con nuevos recursos e ideas.

Uno de los grandes temas hitchcockianos que aparece de forma más marcada en la película es el de la comida. Comenzando por los escenarios situados en el mercado de Covent Garden y los indigestos platos que intenta comer el inspector, la comida está siempre presente en la película, muy a menudo fuertemente ligada con el concepto de sexo sobre todo en lo que respecta a Rusk. No solo trabaja en el mercado sino que sus asesinatos están vinculados con la idea de comer, no en vano el inspector dice en cierto momento que hay que atraparle "antes de que se le abra el apetito". Antes de la violación de Brenda, Rusk devorará una pieza de fruta de su almuerzo y, después de violarla y estrangularla, se llevará otra consigo.
Del mismo modo, para desembarazarse del cadáver de Babs, Bob la ocultará en un saco de patatas dando pie a uno de los mejores momentos de la película cuando intenta arrancar de sus manos el alfiler que le inculparía a bordo del camión de patatas.

Para dar forma a esta película tan especial de su carrera, Hitchcock optó por servirse de un reparto sólido pero bastante desconocido. A nivel internacional ninguno de ellos era un rostro conocido así que se trataba de una arriesgada apuesta. Como anécdota, Anna Massey (que interpreta a Babs), hizo una prueba de cásting pensando en el personaje secundario de la secretaría de la agencia matrimonial. Cuando supo que Hitchcock la había escogido no para ese papel, sino el de Babs, la actriz estuvo convencida de que había sido un error puesto que era una completa desconocida (hasta entonces el único papel relevante que había hecho en el cine fue en la magnífica El Fotógrafo del Pánico de Michael Powell).
Aunque se barajó el nombre de Michael Caine para encarnar a Bob Rusk (sin duda habría estado muy bien en ese papel) el elegido acabó siendo Barry Foster, que es el más beneficiado de todo el reparto con un personaje que por otro lado era muy jugoso para un buen actor. Foster hizo muy buenas migas con Hitchcock hasta el punto de que prolongaría su amistad con él después del rodaje.
No puede decirse lo mismo de John Finch, con quien el director no acabó de congeniar del todo pese a que cabe reconocer que supo retratar muy bien a ese antipático perdedor.
También quiero destacar a Alec McCowen y Vivien Merchant como el matrimonio Oxford, que consiguen que sus escenas funcionen a la perfección encarnando perfectamente a esa aburrida pareja de mediana edad.
Y por último, Hitchcock se permitió un pequeño guiño a su pasado dando un pequeño papel como recepcionista del hotel a una ya anciana Elsie Randolph, que 40 años atrás apareció en Lo mejor es lo malo conocido.

La película fue un apabullante éxito de crítica y público. Frenesí fue recibida como el gran retorno de Hitchcock después de unos años un tanto inciertos. El film no solo era la obra de un Hitchcock en plena forma creativa en la última etapa de su vida, sino que además mostraba cómo el veterano director había sido capaz de adaptar su inconfundible estilo a los nuevos tiempos sin traicionarse a sí mismo.
Absolutamente esencial.

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