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Título: El Enemigo De Las Rubias (The Lodger)
Año:
1927
Guión:
Eliot Stanard, basado en la obra teatral Who Is He? de Marie Belloc Lowndes
Producción:
Gainsborough Pictures
Reparto:
Ivor Novello, June Tripp, Malcolm Keen, Marie Ault, Arthur Chesney.

Argumento

Un psicópata está provocando el pánico en Londres: un asesino que se hace llamar El Vengador y que mata sólo a mujeres rubias. Mientras la policía sigue sin poder descubrir su identidad, los Bunting reciben en su casa a un nuevo inquilino, un misterioso joven que parece sentir debilidad por su joven hija Daisy. Tanto los Bunting como el novio de Daisy, que es el detective encargado del caso del Vengador, empezarán a sospechar que ese inquilino podría ser el peligroso asesino.

Comentario

Aunque previamente había dirigido ya algunas películas, El Enemigo de las Rubias puede considerarse como el primer Hitchcock auténtico, es decir, el primer film en que podemos intuir su estilo personal. No sólo eso, fue también su primera película de género criminal - no en vano es la primera obra en que él mismo pudo escoger el material de partida - y también la mejor obra de su etapa muda con diferencia.

La clave del éxito de El Enemigo de las Rubias seguramente está en que Hitchcock por fin pudo aplicar todos los conocimientos técnicos que había adquirido en una historia que le interesaba realmente, un drama de intriga basado en la historia de Jack el Destripador. Hitchcock, que siempre había experimentado un gran interés por las historias reales de criminales, debía sentir una fascinación especial por la que era una de las leyendas negras británicas por excelencia.

No obstante el aspecto en que el director fue más audaz e innovador fue en centrar el punto de interés no en el criminal en sí mismo sino en la que fue la primera trama de falso culpable de su carrera. Por tanto la clave del film era si el misterioso inquilino se trataba de ese psicópata apodado El Vengador, y no en el propio asesino (al que nunca se llega a ver en la película, lo cual enfureció a los productores al comprobar que su costoso film sobre Jack el Destripador no mostraba al psicópata).

  

El inicio de la película es sin duda uno de los mejores arranques de un film de Hitchcock, una auténtica maravilla desde el punto de vista de realización y montaje que sorprende por su virtuosismo para ser obra de un cineasta tan joven. El film se inicia con el primer plano del rostro de una chica gritando. Su cara cubre todo el encuadre y de hecho Hitchcock la filmó tras un cristal extendiendo sus cabellos para que ocuparan todo el plano e iluminándola desde abajo. A continuación se sucede una serie de escenas organizadas mediante un montaje dinámico y muy creativo. Se intercalan rótulos que anuncian el espectáculo "Esta noche - Rizos de oro" con planos del descubrimiento del cadáver de una chica y cómo esto se convierte en noticia y llega a los diarios. La insistencia del rótulo de "Rizos de oro" reiterándose sirve para remarcar una idea que luego conocemos mediante los comentarios de los personajes y de los diarios: el asesino es un psicópata que cada martes asesina a una joven rubia de pelo rizado. En el espectáculo de Rizos de Oro las bailarinas comentan el asesinato y el peligro que corren, los repartidores de diarios están contentos porque los martes por la noche es cuando venden más ejemplares. Cada vez que el asesino mata a una chica deja caer junto al cadáver una nota con su apodo y un triángulo dibujado. Para incidir en el símbolo del triángulo, éste aparece continuamente en los rótulos del film.

Hasta los 10 minutos de película no aparecen los protagonistas: Daisy, su novio Joe (un policía al que casualmente se le encomienda el caso del Vengador), los padres de ella y el misterioso inquilino que toma una de las habitaciones que alquila la familia. La entrada del inquilino está llena de misterio, irrumpiendo en mitad de la tormenta, con su rostro cubierto por una bufanda y un abrigo, creando el clima de tensión que luego irá en aumento. A los pocos minutos de llegar, da la vuelta a los cuadros de mujeres que hay en su cuarto, ¿por qué?

  

La película está llena de recursos visuales asombrosos. Para dar a entender que el inquilino está inquieto y no para de caminar en su cuarto, Hitchcock filmó la lámpara del techo moviéndose y luego un plano filmado con un suelo de cristal de los pies del inquilino yendo arriba y abajo. Más adelante Daisy empieza a sentirse atraída por él y tiene una discusión con Joe, cuando la pareja se abraza reconciliándose, Daisy observa el techo y ve la lámpara moviéndose: el inquilino sigue inquieto y el hecho de que ella repare en ello denota que está preocupada por él.

Todo el film está impregnado de la clarísima influencia del cine alemán, uno de los referentes más obvios del primer Hitchcock sobre todo a raíz de cuando estuvo trabajando brevemente en los estudios de la UFA. El diseño de producción bebe claramente de ese estilo, algo que se nota desde los decorados (por ejemplo la pasarela de modelos en que trabaja Daisy) a la iluminación plagada de sombras y claroscuros. Su forma de dirigir la película también iba muy enfocada a ese estilo, situando la cámara a menudo en ángulos complejos que hacían que el rodaje de algunas escenas aparentemente simples se retrasara mucho.

Algunas de las aportaciones de Hitchcock a la historia general fueron por ejemplo hacer que el psicópata solo matara a chicas rubias y de pelo rizado. De esa forma empieza su famosa obsesión con las rubias pero también aumenta más el suspense, ya que Daisy tiene un pelo rubio y rizado que el propio inquilino alaba cortesmente. También aumentó el protagonismo de Daisy dando mucha importancia al triángulo amoroso entre ella, el inquilino y Joe.
El director no duda en dar a la película cierta carga erótica en lo que respecta a esta relación. Por ejemplo, cuando Daisy se está bañando el inquilino acude al cuarto de baño e incluso intenta entrar. Previamente, Joe jueguetea con ella esposándola, un gesto de connotaciones fetichistas (que se retomaría posteriormente en Los 39 Escalones) y que se repetirá con un tono más funesto en la escena final.

Por otro lado son destacables también las escenas de amor entre Daisy y el inquilino, filmadas con mucha delicadeza (reforzada aún más por la actuación algo afectada de Ivor Novello). El momento en que se besan Hitchcock lo realza con un primer plano sobre un fondo casi negro que da a la escena un estilo casi pictórico. Pocas escenas de amor de su carrera tienen la extraña belleza de ésta.

  

Hitchcock refuerza continuamente el vínculo entre los dos conflictos del film: las sospechas de que el inquilino sea el criminal y el triángulo amoroso entre él, Daisy y Joe. Joe no solo es el rival amoroso del inquilino sino también el encargado de capturar al Vengador, algo que se refuerza en esa frase tan maravillosamente hitchcockiana que pronuncia: "cuando ponga una soga al cuello del Vengador, pondré un anillo en el dedo de Daisy". Del mismo modo, cuando ella da un grito más adelante, Joe acude en su ayuda rápidamente temiendo por su vida pero la ve abrazada al inquilino. El impulso inicial era acudir a ella por si estaba en peligro por el psicópata, pero una vez llega ahí se topa con un segundo conflicto: ella le está engañando por el inquilino. Resulta lógico pues que ambos problemas converjan, ya que la presencia de ese inquilino misterioso provoca ambos conflictos en su opinión.

Por ello no es casual que sea justo cuando Daisy rompa con Joe que éste empieza a atar cabos y decide detenerle como sospechoso de los crímenes. La escena en que el inquilino escapa con ella con las esposas es el clímax de mayor tensión del film. En una posada alguien le descubre las esposas y tiene que huir ante un tumulto enfurecido que quiere lincharlo. En su intento por huir salta una verja pero se queda enganchado por las esposas. El plano del protagonista atrapado ahí mientras la multitud acude a matarle es la primera de las muchas imágenes iconográficas de la carrera del director, todo un hallazgo visual que sigue funcionando a la perfección.

El hecho de contratar al célebre Ivor Novello para el papel era también un rasgo muy hitchcockiano, ya que se trataba de un contracásting en toda regla puesto que Novello era un actor inmensamente popular y que el público jamás podría aceptar como un asesino de mujeres. Eso tenía en cambio un aspecto negativo: los productores no le permitieron a Hitchcock acabar la película como él quería, con el inquilino desvaneciéndose en la niebla de la noche sin que nunca se sepa si era realmente el Vengador o no. En su lugar tuvo que añadirse la historia algo forzada de que estaba tratando de vengar la muerte de su hermana.

Cuando Hitchcock terminó el film, las primeras impresiones de los productores no fueron muy buenas, más bien al contrario. Consideraron el film demasiado intelectual y artístico, en otras palabras, un fracaso de taquilla casi seguro. Hitchcock, que por entonces era únicamente una joven promesa abriéndose paso, tuvo que sufrir durante un tiempo la incertidumbre de no saber qué harían con su película, que se mantuvo sin estrenar mientras se pensaba qué hacer con ella. Gracias al apoyo de un crítico de cine que vio el film y a algunos retoques, se decidió estrenarla y fue un éxito inmenso de crítica y público. El público disfrutó de una historia de suspense tan bien tejida, mientras que la crítica se asombraba por la pericia de ese joven director y muchos la consideraron la mejor película británica jamás hecha.

Con El Enemigo de las Rubias, la carrera de Hitchcock logró despegar por fin. No obstante, pese a tratarse de un excelente film de suspense, el director no volvió a recurrir a su género predilecto hasta la llegada del sonido, de forma que El Enemigo de las Rubias ha acabado siendo una película única dentro de su carrera muda.
Un film esencial para seguidores del director y una de las grandes obras de su etapa británica.

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