8,5

 

 

Título: Crimen Perfecto (Dial M For Murder)
Año:
1954
Guión:
Frederick Knott, basado en su obra teatral.
Producción:
Gaumont British Picture Corporation
Reparto:
Ray Milland, Grace Kelly, Robert Cummings, John Williams.

Argumento

Tom Wendice es un ex-jugador profesional de tenis que decide acabar con su mujer Margot tras haber descubierto que ésta le engaña con el joven Mark Halliday. Para ello decide chantajear a un antiguo compañero de universidad, el cual cometería el asesinato mientras él dispusiera de una coartada imbatible. Un crimen perfecto.
Por desgracia, la noche del crimen Margot consigue salvarse al apuñalar a su agresor con unas tijeras, desbaratando el plan original de Tom. Éste decide entonces alterar los hechos para que su esposa sea acusada de un asesinato premeditado y no en legítima defensa.

Comentario

En pocos films de su carrera Hitchcock propuso de una forma tan clara y abierta un juego con el espectador como en Crimen Perfecto. La película, al igual que La Soga se sitúa en su casi totalidad en un apartamento y con pocos personajes, pero en este caso su propósito no es crear suspense sino una trama basada en la premisa de si el protagonista conseguirá cometer el asesinato y salir indemne. La clave está en todos los cuidadísimos detalles que envuelven el crimen y que éste ha planificado meticulosamente hasta que, por un accidente, la situación se le vuelve del revés y su mujer apuñala a su agresor. Entonces lo que él había planeado como un crimen que debía parecer un intento de robo tiene que convertirse en un asesinato premeditado de su esposa con motivo de un chantaje.

Una de sus mayores bazas es la magistral forma como Hitchcock y su guionista juegan con la dosificación de información y la forma de transmitirla con sencillez y rapidez. El inicio es un claro ejemplo de ello. Primero vemos a Tom y Margot en su apartamento dándose un beso y desayunando juntos mientras leen el periódico, esta primera aparición de los personajes nos da a entender que los protagonistas son un matrimonio. Ella lee en el diario la llegada del escritor Mark Halliday, vemos un plano de Robert Cummings en tierra firme y acto seguido un plano del mismo apartamento en que Margot y Mark se están besando, obviamente son amantes. Hasta ese momento no ha habido diálogos.
Seguidamente, Margot y Mark tienen una conversación. Ella le confiesa que no quiere abandonar a su esposo porque ha cambiado y a continuación le hace saber que una de las cartas que su amante le mandó le fue robada y cayó en manos de un chantajista desconocido. Acto seguido vuelve Tom del trabajo, momento que se muestra con un plano muy sencillo pero hermoso en que las dos sombras de los amantes se separan recortándose sobre la puerta por la que entra el marido. Éste anuncia que no podrá salir con ellos como tenían previsto, ya que debe quedarse en casa trabajando. Se muestra amable y atento tanto con su mujer como con el escritor e insiste en que salgan ellos. Cuando han salido de la puerta, el rostro de Tom cambia, cierra las cortinas y se dirige al teléfono. Inmediatamente deducimos que él sabe lo que hay entre ellos.

En estas breves escenas Hitchcock ya nos ha presentado a los personajes y sus relaciones entre ellos jugando con el espectador mediante esa dosificación de información. Ese matrimonio que en el primer plano de la película parecía tan apacible acaba destruyéndose con el siguiente plano (muy similar al anterior beso) en que descubrimos que ella tiene un amante; y ese marido engañado tan amable y aparentemente inconsciente acaba convirtiéndose, al quedarse solo, en un hombre nuevo con ansias de venganza. Como siempre, Hitchcock procura sugerir lo máximo posible con imágenes y el máximo de economía narrativa posible, basta la mirada de Ray Milland al quedarse solo y su gesto de cerrar las cortinas para que deduzcamos que él sabe que son amantes y que además planea algo.

 

Todo el film se cimenta sobre este doble juego: qué sabe cada personaje que los otros no conozcan (durante la mayor parte del film es Tom quien lleva la voz cantante, en la parte final pasará a ser el inspector de policía) y cómo los detalles del minucioso plan de Tom encajan primero para planificar el asesinato de su mujer y luego para condenarla a muerte.

Crimen Perfecto podría verse como una especie de partida de ajedrez entre Tom y el resto de personajes en que éste sigue una cuidada estrategia en que ha planificado todo de antemano, de manera que las reacciones y movimientos de los demás han sido ya previstos por él y los aprovecha para reconducirlos hacia donde él quiere.
La escena en que eso se hace más obvio es en el encuentro entre Tom y el Capitán Lesgate, a quien quiere contratar para que mate a su mujer. Pese a sus propósitos, no podemos dejar de admirar la forma como Tom ha planificado hasta el más mínimo detalle tejiendo esa telaraña alrededor de Lesgaste hasta atraparlo por completo con un gesto en apariencia tan poco significativo como cuando se le cae la carta y deja que éste se la recoja amablemente.
Su mentalidad es fría y ante todo pragmática, para convencer a Lesgate de que acuda a su hogar (bajo el pretexto de comprarle un coche) Tom hizo referencia a un esguince, pero cuando éste ya ha caído en su trampa inmediatamente abandona el bastón que estaba utilizando (Hitchcock remarca el gesto con un plano del bastón) puesto que no tiene necesidad de seguir fingiendo. Inmediatamente después, empieza a limpiar todos los objetos que Lesgate ha estado cogiendo para borrar sus huellas dactilares, pero lo hace con total tranquilidad mientras conversa con éste sobre el chantaje al que le está sometiendo y el crimen que espera que cometerá por él. Incluso le pide amablemente que le deje su copa para borrar sus huellas, sin dejar de tratarle con la cortesía que merece un invitado, o le propone que se pruebe los guantes que ya ha comprado para él y que ya había dejado cuidadosamente sobre el sillón antes de la llegada de Lesgate. El chantaje es tratado con la formalidad y seriedad de un negocio cualquiera, de hecho Lesgate le pide mirar sus movimientos bancarios para asegurarse de que no podrán rastrear el dinero con el que le pagará, petición a la que Tom accede sin problema, como si se tratara de un asunto de negocios entre dos empresarios que quieren asegurarse de que todo está en orden antes de cerrar un trato.
Cuando Lesgate intenta defenderse, Tom ya tiene anticipadas todas las respuestas, como un jugador de ajedrez que ya ha previsto todos los posibles movimientos de su contrincante.

Una vez que Margot ha matado a Lesgate, la estrategia de Tom cambia para inculparla del asesinato. Pero para eso no sólo debe reconducir todas las pruebas hacia ella sino que además debe hacerlo mientras finge ser un fiel esposo que quiere defenderla. Bajo esa apariencia, Tom se convierte en una especie de director que dirige secretamente al resto de personajes de la misma forma que hizo con Lesgate. Por ejemplo, le comenta al inspector Hubbard que la última vez que vio a Lesgate fue meses atrás en la Estación Victoria sabiendo que luego éste relacionará ese hecho con el robo del bolso. O cuando Mark le escribe al inspector su dirección, éste se fija con disimulo en su letra seguramente para comprobar que es la misma que la de la carta que encontraron en el cadáver, momento que Tom observa atentame desde la distancia para asegurarse de que todo sale según lo previsto.
En la parte final, Tom perderá protagonismo en favor de Mark y el inspector Hubbard, que son entonces quienes poseen más información e intentan reconstruir el crimen sin que éste sospeche nada. Serán entonces los que le tenderán una trampa a él, a diferencia del resto del film en que era éste último quien poseía ese rol.

A diferencia de la mayoría de films del director relacionados con el mundo del crimen, éste no incide demasiado en el suspense salvo en un par de momentos puntuales, especialmente el del asesinato. En un gesto típicamente hitchcockiano, el director juega con el espectador en dos sentidos: primero le hace sufrir al hacerle creer que el crimen no se cometerá (ya que el reloj de Tom se ha parado) y luego le hace sufrir por Margot en la escena del estrangulamiento. Se trata de la escena más recordada de la película y uno de los asesinatos más angustiosos de la carrera de Hitchcock. La forma como filma a los dos cuerpos unidos enzarzándose en una pelea nos hace recordar la frase de Truffaut sobre que el director inglés filmaba las escenas de amor como asesinatos y los asesinatos como escenas de amor. En cierto sentido recuerda también al famoso asesinato en la granja de Cortina Rasgada al ser una escena muy física.

  

El resto de la película no contiene escenas tan llamativas y memorables como ésta, pero Hitchcock consigue mantener el buen ritmo del film y utilizar la cámara con total desenvoltura aún estando en un espacio cerrado, evitando así que el resultado final sea demasiado teatral. Su insistencia por evitar en la medida de lo posible otros espacios que no sean el apartamento le lleva a utilizar un recurso magnífico y muy original en la escena del juicio, que la rueda como si fuera una pesadilla surreal con un plano de Margot mirando a cámara sobre un fondo neutro que va cambiando de color o de iluminación mientras se oyen fuera de plano las acusaciones y preguntas. Es un excelente ejemplo de economía narrativa (nos ahorra presenciar la tediosa escena del juicio) y de la capacidad de inventiva de Hitchcock como director siempre al servicio del film.
Otro de los aspectos que más se suele recordar de la película es el vestuario de Grace Kelly, cuyos colores van cambiando a lo largo de la película en función del desarrollo de la trama: del color rojo tan llamativo de su lujoso vestido de noche a los tonos más apagados y oscuros de su ropa en la parte final.

Tampoco hay que olvidar que ésta fue la única película de la carrera de Hitchcock rodada en 3D. En aquella época, ese nuevo sistema era una de las desesperadas medidas de la industria cinematográfica por atraer a un público que estaba perdiendo por culpa de la televisión. Jack Warner insistió a Hitchcock en que utilizara ese sistema para su nueva película y éste aceptó sin mucho convencimiento sospechando que el 3D no era más que una moda pasajera. Por ello, no añadió escenas forzadas diseñadas especificamente para ese sistema (las más típicas por ejemplo eran personajes lanzando objetos a cámara) y prefirió que el uso del 3D se limitara a crear profundidad en el espacio. Eso explica que en la composición de muchos planos haya objetos en primer plano delante de los personajes. Finalmente, y pese a los gastos que hizo la Warner Brothers, el film no se estrenó en 3D, dando así la razón al director.

 

Éste sería el primero de los tres films que Hitchcock realizó con su actriz predilecta junto a Ingrid Bergman: Grace Kelly. La bella y distinguida actriz de 25 años hasta entonces había trabajado principalmente en televisión y únicamente un par de películas importantes: Solo ante el peligro de Fred Zinneman y Mogambo de John Ford. Pese a que está ausente de la pantalla en buena parte del film, su presencia y su excelente actuación consiguieron cautivar al público convirtiéndola en una estrella de renombre a partir de esta película.
Ray Milland, en su única colaboración con el director, encarnó a la perfección el elegante y cínico protagonista que jamás pierde la compostura ni sus maneras, planificando el asesinato de su esposa con escrupuloso detallismo y sangre fría.
El eficaz John Williams (uno de esos secundarios de lujo fáciles de encontrar en muchos films de la época) repite el papel de Inspector Hubbard que ya interpretó en la obra de teatro original, al igual que Anthony Dawson como Lesgate. Por último, Robert Cummings es quien cuenta con el papel más discreto. Cummings ya había protagonizado años atrás Sabotaje y Hitchcock, que aún conservaba su amistad con él, pensó que el limitado actor podría encarnar a ese personaje más sencillo.

A lo largo de su carrera, Hitchcock nunca dio demasiada importancia a Crimen Perfecto considerándolo un film menor. En realidad, Crimen Perfecto no era más que uno de los muchos proyectos que el director estaba tanteando en aquella época y al que recurrió cuando se atascó con The Bramble Bush (ver sección de Proyectos) antes de poder dedicarse a La Ventana Indiscreta, que le interesaba mucho más y de la cual hablaba sin cesar con Grace Kelly durante el rodaje. La rodó en solo 36 días y según él no tuvo mucho que hacer al contar con un excelente guión y un buen reparto. Aunque es cierto que el film debe mucho al magnífico guión adaptado por el mismo autor de la obra teatral y al reparto, no es menos cierto que se trata de una gran película que se merece su estatus de clásico.

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