Alfred Hitchcock nació el 13 de agosto de 1899 en Londres. Sus padres, William y Emma, eran unos humildes tenderos que ya habían tenido previamente dos hijos llamados William y Eileen.

La familia Hitchcock inculcaba a sus hijos una severa educación católica que fue reforzada cuando ingresaron al pequeño Alfred en una escuela jesuita. Este tipo de educación tan severa podría ser el origen de algunos de los complejos que asolarían temprano su personalidad y que se verían reflejados en su obra (como por ejemplo el repetido uso del tema del falso culpable) y en su forma de ser tímida y solitaria.
Hay una famosa anécdota al respecto que nos sirve también para comprender su fobia a la policía y a las figuras autoritarias en general. En una ocasión su padre decidió dar una lección a su hijo menor enviándole a comisaría con una nota en la que pedía a un policía amigo suyo que encerrara a su hijo en un calabozo durante un buen rato para que aprendiera "qué les pasa a los chicos malos". Alfred, totalmente desconocedor del contenido de la nota, se dedicó a cumplir el recado y de repente se vio castigado entre rejas sin saber qué estaba pasando ni cuándo le dejarían salir. Nunca olvidaría este trauma.

A los 14 años, Alfred perdió a su padre. A esa misma edad, ingresó en una escuela de Ingeniería puesto que en ese momento deseaba ser ingeniero. Cuando se graduó unos años más tarde, tuvo que trabajar en una Compañía Telegráfica (para ayudar a pagar los gastos del hogar familiar) al mismo tiempo que estudiaba dibujo en la Universidad de Londres. Eso hizo que en la Compañía Telegráfica le trasladaran de un puesto técnico al departamento de publicidad. Por aquel entonces, Hitchcock ya estaba comenzando a interesarse por el cine y empezando a ver claro que tenía una vocación más artística.

Aunque siempre ha sido reticente a hablar de influencias cinematográficas o de cineastas que admirara, en sus entrevistas con Truffaut explica "Iba con frecuencia al teatro; pero, a pesar de todo, el cine me atraía más y tenía más interés por las películas norteamericanas que por las inglesas. Veía las películas de Chaplin, Griffith, todas las películas 'Famous Players' de la Paramount, actores de la talla de Buster Keaton, Douglas Fairbanks, Mary Pickford, y también de la producción alemana de la compañía Decla-Bioscop. Es una sociedad que precedía a la U.F.A. y para la que trabajó Murnau". También menciona la película Las Tres Luces (Der Müde Tod) de Fritz Lang.

Su entrada en el mundo del cine fue diseñando rótulos de películas en la sucursal inglesa de la compañía Famous Players-Lasky. En 1922, la compañía abandonó los estudios por su poca rentabilidad y el productor inglés Michael Balcon se hizo con ellos para crear Gainsborough Pictures. Por entonces, Hitchcock ya había conseguido trabajar como ayudante de dirección para el director Graham Cutts (además de colaborar en la escritura de guiones y de diseño de decorados).

La primera película que dirigió fue Number Thirteen (1922), pero no se pudo finalizar debido a la falta de presupuesto. Un año más tarde, se encargó de completar un film titulado Always Tell Your Wife cuando el actor protagonista se peleó con el director y le pidió a Hitchcock que dirigiera el resto del metraje.
De los films en los que colaboró como ayudante de dirección con Graham Cutts destaca Woman To Woman (1923) a la que aportó el guión y diseñó los decorados. Además durante el rodaje conoció a una montadora y script-girl llamada Alma Reville, que sería su futura esposa.

En 1925, Hitchcock perdió su puesto de ayudante de dirección pero Michael Balcon le ofreció dirigir el que sería finalmente su verdadero debut: El Jardín de la Alegría. La película, rodada en Alemania, no tuvo demasiado éxito pero le permitió iniciar definitivamente su carrera como director. A ésta le seguiría El Águila de Montaña (1926), otro olvidable film que a día de hoy es la única obra de su filmografía que ha desaparecido. En Diciembre de ese mismo año, Hitchcock se casaría con Alma Reville, la cual sería durante toda su vida su más fiel consejera y ayudante.

El primer gran éxito de su carrera y su primera película hitchcockiana sería El Enemigo de las Rubias (1927). En dicho film, Hitchcock demostró su saber hacer si se le permitía llevar los films a su terreno: el suspense. La obra, inspirada vagamente en el personaje de Jack el destripador, ya mostraba algunos de los temas que más se repetirían en su carrera (como el falso culpable o la obsesión por las rubias) y propulsaría definitivamente su carrera.
A ésta le seguirían otras películas con desiguales resultados tanto artísticos como comerciales (ninguna tuvo el éxito y la calidad de El Enemigo de las Rubias) hasta culminar en 1929 con The Manxman, su última obra muda.

En lo que se refiere al ámbito personal, en 1928 el matrimonio Hitchcock tuvo a su única hija: Patricia.

Después de rodar unas cuantas películas menores de tipo dramático o cómico, en 1929 Hitchcock se encontraba inmerso en la producción de la que prometía ser su segunda gran película, La Muchacha de Londres, en la cual recuperaba el sentido del suspense que tanto le caracterizaría en el futuro y que tan bien le había resultado en El Enemigo de las Rubias. Sin embargo, durante el rodaje se encontraron con el inconveniente de que el sonido estaba difundiéndose tan rápidamente que se dieron cuenta de que convendría sonorizarla. Afortunadamente, Hitchcock había previsto esa eventualidad y ya había planificado el film para poder adaptarlo al sonoro. El único problema que encontraron fue que la principal actriz, Anny Ondra, no era británica y por tanto hablaba con un marcado acento, aunque lo solventaron haciendo que otra actriz doblara sus líneas.
Finalmente, no sólo fue un éxito tal como estaba previsto sino que La Muchacha de Londres ostentó el honor de ser la primera película sonora británica de la historia.

A ésta le seguiría un trabajo de encargo digiriendo un pequeño número musical de vodevil para la película Elstree Calling. Su producción de los siguientes años continuó siendo bastante irregular pasando de obras muy notables (Asesinato, 1930) a auténticos horrores (Juno y el Pavo, 1930). Durante estos años Hitchcock perdió poder y tuvo que conformarse con rodar muchos encargos que no le interesaban de bajo presupuesto y, muy a menudo, basados en obras teatrales de éxito. Ello no impidió que siguiera siendo el director más reputado del país y el mejor pagado. Consciente de lo importante que era tener presencia en los medios, Hitchcock contrató a un publicista al mismo tiempo que escribía frecuentemente artículos para algunos medios de prensa (eso sin olvidar sus famosos cameos, que hacían que su opulenta silueta fuera cada vez más reconocible para el público).

El salto definitivo que hizo que el nombre de Hitchcock se diera a conocer con fuerza más allá de las islas británicas llegó tras el nefasto musical Valses de Viena (1934). Por aquel entonces, sus últimos films habían sido fracasos de taquilla consecutivos y la British International Pictures estaba deseando deshacerse de él, así que el productor Michael Balcon (gracias al cual había pasado a ser director 9 años atrás) acudió a su ayuda para dar forma a dos de sus obras cumbre de su etapa británica: El Hombre Que Sabía Demasiado (1934) y Los 39 Escalones (1935).
Así Hitchcock demostró cómo era capaz de crear películas geniales y comerciales si se le dejaba centrarse en el tema que mejor se le daba: el suspense. Estos dos films marcaron un punto de inflexión en su carrera no sólo porque le recuperaron del punto más bajo de su filmografía y le dieron fama internacional, sino porque después de ellas Hitchcock se centraría definitivamente en el cine de suspense después de varios años coqueteando con varios géneros que no se le daban demasiado bien.
Los mejores thrillers provenían por entonces de Hollywood, donde contaban con más medios. Sin embargo, Hitchcock demostraría con estas dos obras que en Reino Unido podían competir con el mercado norteamericano realizando emocionantes films de impecable factura con menos presupuesto. A partir de aquí, muchos productores de Hollywood comenzarían a seguir atentamente los pasos de ese prometedor y talentoso director inglés.

En sus siguientes películas, Hitchcock se mantuvo firme en el género policíaco que luego sería la constante de su obra. Todas fueron éxitos de taquilla (su nombre pronto se convirtió en sinónimo de éxito asegurado) e incluso en una de ellas (Sabotaje) pudo contar con la estrella norteamericana Sylvia Sydney. A causa de eso, después del inmenso éxito de Alarma en el Expreso (1938) Hitchcock anunció que emigraría a Hollywood.
La industria cinematográfica británica se le había quedado pequeña, en los Estados Unidos contaría con más medios y seguramente se sentiría más cómodo (los críticos británicos eran demasiado elitistas como para apreciar el cine de Hitchcock). A eso cabe añadirle que la de por si no muy floreciente industria británica estaba de capa caída, Hitchcock no sería el único que emigraría a la Meca del cine en busca de mejores oportunidades para desarrollar su talento.
Así pues, tras años negociando con varios productores, Hitchcock decidió firmar con David O. Selznick. Después de rodar por encargo la olvidable Posada Jamaica (1939), el director y su familia emigraron a los Estados Unidos acompañados de su inseparable secretaria personal Joan Harrison, sus dos criadas y sus dos perros.

El primer proyecto del que iba a encargarse en los Estados Unidos era un film sobre el hundimiento del Titanic, pero finalmente se acabó cambiando por una adaptación de la novela Rebeca de Daphne Du Maurier. La película fue un inmenso éxito y la única de su larga carrera en ganar el Oscar a la mejor película. Hitchcock estuvo nominado al mejor director pero perdió en favor de John Ford, sería la primera de las cinco nominaciones al Oscar que obtuvo a lo largo de su carrera.

Después de este gran éxito, Selznick cedió los servicios de Hitchcock a otros productores o estudios interesados en él. Así pues a continuación Hitchcock se embarcó con otro productor en el thriller Enviado Especial (1940), que sería además su primera obra de propaganda aliada e incluso estuvo nominada también al Oscar a la mejor película. Se puede decir que no pudo empezar su carrera americana con mejor pie.

Sus siguientes obras se realizaron en la RKO. La primera, Matrimonio Original (1941), era una elegante comedia hollywoodiense que no tenía nada que ver con el estilo del director y que él siempre aseguró que rodó como favor hacia la actriz Carole Lombard. Sin embargo luego volvió a su terreno con films de suspense como Sospecha (1941), Sabotaje (1942) y La Sombra de una Duda (1943). En Sospecha trabajaría por primera vez con Cary Grant, uno de sus actores predilectos con el que además mantendría una larga amistad.

En el ámbito personal, en 1942 Hitchcock perdió a su madre (a la que años atrás había intentando convencer en vano para que se refugiara en los Estados Unidos de los estragos de la Segunda Guerra Mundial) y al año siguiente a su hermano William. Además fue en estos años cuando su conocida obesidad llegó a su mayor extremo, consciente de ello se sometió a una dieta que le hizo perder unos cuantos kilos además de tenerle a menudo de muy mal humor.

1944 fue el año en que Hitchcock hizo sus mayores esfuerzos por crear obras de propaganda aliada (recordemos que en los años de la contienda Hollywood aportó su granito de arena creando centenares de films en que se hacía propaganda aliada y se atacaba duramente a las naciones contra las que estaban luchando para "elevar la moral" del público). En primer lugar destaca el largometraje Náufragos, que demostró su increíble pericia técnica al ser capaz de llevar adelante un film en que toda la acción tiene lugar en una balsa (mérito que le valió otra nominación al Oscar). Como curiosidad, en esa película haría un cameo que hacía referencia a la dieta a la que se estaba sometiendo al aparecer en un anuncio de un diario que anuncia un producto adelgazante (después del estreno llovieron cartas en los estudios de la 20th Century Fox preguntando dónde se podía conseguir ese milagroso producto).
A éste le siguieron dos mediometrajes sin interés alguno llamados Bon Voyage y Aventura Malgache que también mostraban historias con trasfondo de propaganda aliada.

En Recuerda (1945) trabajaría por primera vez con una de sus actrices predilectas, Ingrid Bergman. El aspecto más recordado del film serían las secuencias oníricas que Hitchcock creó en colaboración con el artista surrealista Salvador Dalí. La película era uno de los muchos dramas psicológicos que tan de moda se pusieron en Hollywood y resultó ser otro gran éxito de taquilla que le valió para otra nominación al Oscar.
Más éxito tuvo aún su siguiente obra, Encadenados (1946), que fue una de las películas más taquilleras de su carrera. En ella pudo reunir a su pareja de actores predilecta: Cary Grant e Ingrid Bergman, que hicieron un trabajo formidable.
Paralelamente, Hitchcock y Sidney Bernstein fundaron la productora Transatlantic Pictures, la cual el director esperaba que le diera más libertad creativa.

Con El Proceso Paradine (1947) terminaría su relación con David O. Selznick. A ésta le seguiría una de las películas más sorprendentes de su carrera: La Soga (1948). La novedad estaba en que Hitchcock se propuso rodar todo el film en complejos planos secuencia de 10 minutos, lo cual resultó extremadamente duro para el equipo técnico y, sobre todo, para los actores. También sería la primera colaboración con su otro actor favorito, James Stewart. En su siguiente film, Atormentada (1949), quiso repetir el experimento pero no lo llevó a cabo hasta los extremos de su anterior obra. Atormentada sería la última película que realizó con Ingrid Bergman, ya que ésta se fue a Italia a trabajar con el director neorrealista Roberto Rossellini, con el que más adelante iniciaría un sonado romance. Había perdido a su actriz favorita. Jamás le perdonó que le abandonara por otro director.

Hitchcock inició el cambio de década con el fracaso de Pánico en la Escena (1950) compensado posteriormente con el enorme éxito del excelente thriller Extraños en un Tren (1951). En ambas obras participó su hija Patricia en un par de pequeños papeles. Patricia desde hacía tiempo aspiraba a convertirse en actriz y de hecho había estudiado Arte Dramático en Londres. Sin embargo su carrera se vio truncada cuando se casó en 1952 y al año siguiente tuvo a su hija Mary. Desde entonces sólo haría esporádicas apariciones en series de televisión y un pequeñísimo papel en Psicosis.

Después del serio drama Yo Confieso (1953) se iniciaría la que sería la gran edad de oro de su carrera. Durante los siguientes 10 años Hitchcock vivió su época de mayor popularidad (acrecentada con su serie de televisión, de la que hablaremos más adelante) consiguiendo crear una buena sucesión de films que tuvieron un enorme éxito de taquilla y que además se encontraban entre lo mejor de su filmografia. El inicio de esta edad de oro coincidió con el descubrimiento de su segunda diva, Grace Kelly, la cual se convirtió inmediatamente en una actriz hitchcockiana perfecta. Con ella hizo Crimen Perfecto, La Ventana Indiscreta (ambas de 1954) y Atrapa a un Ladrón (1955). Desafortunadamente para Hitchcock, de nuevo volvió a perder a su adorada actriz y de nuevo el causante fue otro hombre. Sin embargo en esta ocasión no era un hombre cualquiera, sino el príncipe Rainier de Mónaco, con el que se casó en 1956 convirtiéndose en la princesa de Mónaco.

En 1955, con motivo del rodaje de la comedia negra Pero, ¿Quién Mató a Harry? Hitchcock conocería a uno de sus más famosos colaboradores, Bernard Herrmann, que sería el compositor de las bandas sonoras más míticas y reconocibles de su carrera.

Ese mismo año se estrenó en la NBC la serie "Alfred Hitchcock Presenta", en la cual el propio Hitchcock aparecía siempre en el prólogo y epílogo de cada episodio para presentar y comentar la historia de cada noche de forma humorística. Dicha serie fue muy importante sobre todo por dos motivos. El primero es que contribuyó enormemente a popularizar la imagen de Hitchcock (por si no bastaba con sus famosos cameos) hasta el punto de convertirse él mismo en una suerte de estrella de cine. El gran éxito de la serie hizo que se le asociara con el macabro humor negro del que hacía gala en sus breves intervenciones y con su gusto por las temáticas sórdidas y criminales. Hitchcock ya no era un director cualquiera, sino que era el director más famoso del mundo, un icono popular.

El segundo motivo por el que fue tan importante tiene que ver con la relación entre Hollywood y la televisión. Cuando la pequeña pantalla se introdujo en los hogares de América, Hollywood rápidamente se dio cuenta de la amenaza que podría representar para ellos, así que comenzó una táctica antitelevisiva en toda regla. Se negaban a ceder sus mejores películas para que las retransmitieran y sus estrellas tenían terminantemente prohibido aparecer en programas televisivos. Esta situación se mantuvo así durante unos años hasta que poco a poco la barrera se fue rompiendo cuando se comprendió que no tenía sentido enfrentarse a un medio tan popular. Uno de los primeros cineastas de alta categoría que se decidió a dar el gran paso fue Hitchcock, que no sólo apareció en dicho medio sino que se comprometió totalmente con él produciendo una serie de televisión y dirigiendo algunos capítulos. La experiencia resultó tan rentable económicamente que pronto aparecieron por la pequeña pantalla más estrellas de Hollywood.

Aun así, Hitchcock encontró tiempo para combinar la serie con la realización de joyas como el remake de El Hombre que Sabía Demasiado (1956) y Falso Culpable (1957). Este último film se diferenciaba bastante del resto de sus obras al tratarlo con un tono casi documental. Además en él conoció a otra seria aspirante a ser su nueva diva: Vera Miles. Hitchcock tenía grandes planes para Miles comenzando porque protagonizara su siguiente película, pero al quedarse embarazada perdió el papel y todo el interés que el caprichoso y posesivo director pudiera sentir por ella. La nueva elegida para protagonizar la que sería una de sus obras más personales fue Kim Novak. Y aunque dicha obra, Vértigo (1958), no tuvo tanto éxito como sus predecesoras dada su densidad psicológica, con el tiempo ha acabado siendo considerada una de sus obras cumbre.

Con La Muerte en los Talones (1959) se convertiría en otro de sus mayores éxitos de taquilla, pero lograría superarlo con la que es quizás su película más mítica, Psicosis (1960). Lo que en un principio se planteó como un film de bajo presupuesto para la televisión se acabó convirtiendo en el mayor éxito de taquilla de toda su carrera y en una de sus obras más alabadas e influyentes. Pese a que los tiempos estaban cambiando en el mundo del cine, con Psicosis Hitchcock demostró estar al día y ser capaz de elaborar una película moderna y sorprendente.

A pesar del enorme éxito de Hitchcock en taquilla, en Estados Unidos seguía sin ser tomado realmente en serio por la crítica. Era visto como un buen director capaz de crear divertidos entretenimientos, pero no un artista, y por mucho que él lo escondiera bajo su habitual máscara de cinismo, eso le dolía. Sin embargo, a mediados de los años 50 esto empezó a cambiar gracias a un influyente grupo de críticos franceses que escribían en revistas como "Cahiers Du Cinema". Con el teórico de cine André Bazin al frente, un importante movimiento empezó a tomar forma en Francia capitaneado por una serie de críticos que más adelante dirigirían sus propias películas (François Truffaut, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer...), los cuales se englobarían bajo la etiqueta de Nouvelle Vague. Estos críticos atacaban duramente gran parte de las películas consideradas de calidad por el resto de la crítica y reivindicaban una nueva forma de hacer cine.
Una de sus principales reivindicaciones era lo que ellos consideraban cine de autor (películas creadas por directores que tienen un estilo tan personal que hace que sus películas sean reconocibles al instante), es decir, las obras de cineastas europeos tan dispares como Ingmar Bergman, Jacques Tati, Jean Renoir o los directores neorrealistas italianos. Pero lo más curioso de todo es que no se quedaban ahí, sino que también alababan a directores norteamericanos que hasta entonces sólo habían sido vistos como correctos creadores de obras de entretenimiento, gente capaz de hacer películas bien facturadas pero que en opinión de la crítica (sobre todo la americana) no eran artistas. Eso incluía a directores tan respetados hoy en día como Fritz Lang, Samuel Fuller y, por supuesto, Alfred Hitchcock, uno de los cineastas de Hollywood predilectos de los críticos franceses.
Estos críticos se dedicaron a reivindicar ferozmente la figura de Hitchcock con entrevistas y minuciosas reseñas sobre su obra que culminaron con una serie de entrevistas con François Truffaut que tuvieron lugar a partir de 1962 y que darían lugar al imprescindible libro El cine según Hitchcock. Después de leer cómo Truffaut (que se nota que es todo un entendido en Hitchcock) y el director desmenuzan su obra película por película y comentan algunos de sus trucos o conceptos a la hora de crear films (como el famoso McGuffin), muchos se dieron cuenta de que era todo un maestro del séptimo arte. Sería a partir de entonces cuando la figura de Hitchcock como cineasta alcanzó la respetabilidad de la que goza aún hoy en día.

Tras el enorme éxito de Psicosis, Hitchcock se enfrentaría a uno de los rodajes más complejos y costosos de su carrera con Los Pájaros (1963). En dicha película además presentó al mundo su nuevo descubrimiento: una hermosa modelo llamada Tippi Hedren a la que aspiraba convertir en su nueva rubia hitchcockiana. Con Los Pájaros se cerró esa edad de oro tanto comercial como artística.

Marnie la Ladrona (1964) iba a ser el gran retorno de Grace Kelly al mundo del cine, pero la desaprobación de la monarquía de Mónaco (y más cuando la protagonista se trataba de una cleptómana) lo hizo imposible. En sustitución de ella, se contó de nuevo con Tippi Hedren. El rodaje sin embargo sería un martirio para la actriz, que se vio acosada por un Hitchcock que prácticamente quería controlar hasta su vida privada. Finalmente, al acabar el rodaje rompieron inevitablemente su relación.

A partir de entonces, la carrera de Hitchcock pasó por una fase terriblemente errática como no se veía desde hacía décadas en la que se notaba que el director se encontraba perdido y sin confianza en si mismo. Había perdido a parte del equipo con el que solía trabajar y hacer sus mejores obras (sus actores favoritos ya estaban viejos y no encontró en las nuevas generaciones ningún sustituto que le convenciera, y su asociación con Bernard Herrmann se había roto) y no sabía cómo situarse en el panorama cinematográfico de los años 60, una época difícil para cineastas clásicos que no supieran amoldarse a la modernidad del cine (aunque lo curioso es que films como Psicosis o Los Pájaros eran tremendamente modernos y por tanto todo parecía indicar que Hitchcock sabría adaptarse a los nuevos tiempos sin problema).
Tanto Cortina Rasgada (1966) como Topaz (1969) son producto de esta confusa época. La primera fue un intento de compensar el fracaso de Marnie volviendo a los esquemas de suspense más básicos recurriendo a dos actores de moda (Paul Newman y Julie Andrews), con los que por cierto no llegó a entenderse. La segunda en cambio era un film de espías inspirado directamente en los conflictos que se estaban viviendo por entonces con Cuba por la Guerra Fría. Hitchcock había hecho muchas películas de espías anteriormente, sin embargo en Topaz le dio un enfoque distinto a su estilo habitual, como queriendo modernizarse, pero desgraciadamente no llegó a funcionar pese a su excelente reparto internacional.

Un año antes, en 1968, había conseguido por fin el reconocimiento de la Academia de Hollywood recibiendo en la ceremonia de los Oscar el Premio Irvin G. Thalberg por su extensa carrera cinematográfica. Sin embargo, como suele suceder en estos casos, llegó demasiado tarde.

El último renacer de Hitchcock tendría lugar en 1972 con el estreno de la excelente Frenesí, una macabra película rodada en Londres sobre un asesino en serie repleta de humor negro y que, esta vez sí, demostraba que el director había conseguido adaptar su estilo a los nuevos tiempos a la perfección. El germen del film estaba en Kaleidoscope, un proyecto de película que estuvo acariciando durante años la década anterior cuyo guión contenía escenas bastantes fuertes de sexo y violencia y que, por ese motivo, nunca llegó a realizar.

Frenesí fue un enorme éxito de público y crítica, pero cada vez le costaba más embarcarse en nuevos proyectos. Alma, que era su fiel consejera, había sufrido un infarto recientemente y unos pocos años después a él le implantarían un marcapasos. Su última película sería la comedia ligera de suspense La Trama (1976). El rodaje fue bastante dificultoso ya que su delicado estado de salud obligaría a retrasar el rodaje y aplazarlo unos meses. Hitchcock tenía serios problemas para acabarla pero aun así al finalizar el rodaje se embarcaría en un nuevo proyecto llamado The Short Night. Cuando le resultó evidente que no estaba en condiciones de realizar otra película, Hitchcock no tuvo más remedio que abandonar el proyecto y retirarse oficialmente a sus casi 80 años. Alma por entonces estaba también en un estado de salud muy precario y él no quería separarse de ella.

En sus últimos años de vida, Hitchcock asistió a varios homenajes en su honor y recibió diversos reconocimientos entre los que destaca el título de Sir, que le fue concedido en 1979. El 29 de abril de 1980 murió en su casa de California por una insuficiencia renal dejando tras de sí una filmografía de 53 largometrajes.