5,5

Título: Atormentada (Under Capricorn)
Año:
1949
Guión:
James Bridie y Hume Cronyn basado en la novela homónima de Helen Simpson.
Producción:
Transatlantic Pictures, distribuida por Warner Bros. Pictures.
Reparto:
Ingrid Bergman, Joseph Cotten, Michael Wilding, Margaret Leighton, Cecil Parker.

Argumento

1831. El irlandés Charles Adare viaja a Australia a hacer fortuna con la ayuda de su primo, el gobernador local. Allí conoce a Sam Flusky, un ex-presidiario que había sido deportado a Australia y que ahora ha conseguido prosperar, el cual decide acogerle como protegido. En una visita a su mansión, Charles conocerá a la esposa de Sam, Lady Henrietta, que es una prima suya que ahora se encuentra en un estado deplorable por culpa del alcohol. Sin embargo, Charles se propondrá rehabilitarla.

Comentario

A Hitchcock no parecían gustarle mucho las películas de época y sin duda se debía sentir incómodo trabajando en un terreno tan poco habitual para él. Éste sería su tercer intento de atreverse con el género, y tras ver los resultados no es de extrañar que fuera también el último. Es una pena que su última colaboración con la maravillosa Ingrid Bergman fuera un film tan fallido y olvidable como este melodrama.

Atormentada es una película que personalmente se me antoja aburrida y sin apenas virtudes que merezcan ser mencionadas. Su principal problema radica en un guión pésimo que no sólo no consigue hacer interesante una historia que daba mucho más juego (una mujer abocada a la locura y al alcohol que intenta rehabilitarse en medio de ese ambiente opresivo), sino que además la cuenta de forma torpe y poco creíble. Los personajes están pésimamente tratados y casi nunca entendemos sus motivaciones o la evolución de sus sentimientos. El mayor ejemplo de ello se encuentra en el proceso de rehabilitación de Lady Harietta, tema que se resuelve en dos breves escenas sin que se nos permita ver como va adquiriendo confianza en si misma poco a poco. Por otro lado, tampoco queda muy clara la relación entre Charles Adare y Sam Flusky, que tan pronto le acoge como su protegido (sin que nunca entendamos por qué tiene tanta confianza con él) como repentinamente termina sucumbiendo a los celos. Sin ir más lejos, se hace muy difícil identificarse con el personaje protagonista, ya que nunca acabamos de entender su comportamiento del todo (ni su personalidad, me atrevería a añadir).
Por otro lado tenemos al personaje de Milly, la criada y ama de llaves encargada de cuidar de la enferma Lady Henrietta. Hitchcock comparaba en sus entrevistas con Truffaut a este personaje con la Mrs. Danvers de Rebecca, y aunque ciertamente tienen mucho en común, las comparaciones son odiosas. Mientras Mrs. Danvers lograba ser tan inquietante debido a la oscuridad y el misterio que le rodeaban, Milly es una antagonista tan clara que no impresiona tanto. Lo que hacía a Mrs. Danvers un personaje único es el hecho de que su extraño comportamiento tan ambiguo hacía que no supiéramos qué pensar exactamente de ella, lo cual nos hacía temerla más porque no sabíamos cuales serían sus verdaderos propósitos. Sin embargo, Milly resulta ser una Mrs. Danvers de segunda categoría que se pone en evidencia de forma tan obvia que no nos resulta inquietante o misteriosa: cuando la señora Henrietta quiere ganar confianza encargándose de la cocina, Milly la humilla delante de las cocineras enseñándoles todas las botellas de vino que había en su habitación. Es una humillación tan descarada que nos extraña que incluso la misma Henrietta siga confiando en ella.
Como apunté antes, el comportamiento de los personajes es bastante simple y previsible. Después del enfrentamiento entre Charles Adare y Milly, ésta abandona la casa pero vuelve la noche en que Charles y Henrietta han salido a un baile. Milly entonces aprovecha para plantar en Sam la semilla de los celos y la desconfianza, pero lo hace con un larguísimo e interminable monólogo que resulta tan burdamente descarado y repetitivo que acaba haciéndose pesado. La culpa no es de la actriz Margaret Leighton, que interpreta con eficiencia el papel, sino de unos guionistas que se dejaron llevar por la tentación de escribir largos discursos literarios llenos de florituras que no aportan nada.

Finalmente, otro punto del guión que me molesta especialmente es el conflicto final (o mejor dicho, el supuesto conflicto final). Sam Flusky, muerto de celos, se encara con Charles Adare y le hiere accidentalmente de un disparo. Charles está al borde de la muerte y se inculpa a Sam del intento de homicidio. Como es su segundo delito, corre el riesgo de ser condenado a muerte, así que Henrietta sale en su defensa confesando que fue ella quien cometió el crimen por el que su marido fue procesado. Entonces surge el conflicto final: si Henrietta se declara autora del anterior crimen deberá volver a Irlanda para ser procesada, por lo que Sam perdería toda la fortuna que se ha labrado tras trabajar duramente al volver a su tierra natal; si no lo hace, Sam será probablemente condenado a muerte. El conflicto resulta muy interesante sobre todo por jugar con una idea muy presente en el film: Australia como un lugar de segundas oportunidades, donde no está bien visto preguntar por los crímenes por los que uno fue procesado y donde sólo cuenta "el presente y el futuro". Volver a Irlanda sería volver al pasado, en el cual Sam no es un respetable hombre de fortuna sino un simple mozo de cuadra. Sin embargo este conflicto pierde toda su fuerza cuando es tan fácil de resolver que uno se pregunta dónde está el problema, y es que Charles Adare sobrevive y por tanto está en condiciones de declarar que fue herido accidentalmente. Los guionistas ignoran ese punto en los últimos minutos para luego en la escena final hacer reaparecer a Charles, al que tenían olvidado, y solucionar todo de la forma más burda y simple: con una declaración suya a favor de Sam.

El efectivo reparte suple como puede estas carencias pero por desgracia no hace milagros. Ingrid Bergman está bastante bien pero no es para nada de sus papeles más destacables, y lo mismo suecde con Joseph Cotten. Sin embargo no puedo decir lo mismo del actor protagonista, Michael Wilding, a quien el papel principal le queda sin duda demasiado grande y hace una interpretación bastante mediocre y olvidable.

En cuanto al trabajo de Hitchcock, Atormentada es la continuación del experimento que hizo en su anterior film, La Soga, de rodar la película en larguísimos planos secuencia. En La Soga la limitación del espacio podría justificar dicho experimento, pero en Atormentada se me antoja a todas luces innecesario. Por supuesto estos larguísimos planos se agradecen visualmente por su virtuosismo pero pocas veces realmente aportan algo a la película. Esta obsesión por rodar en planos secuencia hizo que para los actores y técnicos el rodaje fuera un infierno, y es que en esta ocasión los movimientos de la cámara no se limitan sólo a travellings por habitaciones sino que Hitchcock usa la grúa en abundancia para subir y bajar de un piso a otro con destreza. Esto tiene su justificación en algunos momentos para ofrecernos un contraste entre lo que sucede en los diferentes pisos (por ejemplo, mientras Sam y Charles conversan sobre qué hacer con Henrietta, en el piso de arriba vemos como Milly está "tratándola" a su manera), pero poco más.
De todos los largos planos destaca sin duda el larguísimo monólogo de Ingrid Bergman rodado sin ningún corte en que Henrietta confiesa a Charles todo lo referente a su pasado. La escena es un momento de lucimiento absoluto para la actriz sueca, y sólo por este momento el visionado del film queda justificado.
Aparte de eso, destaca de nuevo el gusto de Hitchcock por los detalles, que queda patente en mi momento favorito del film: la primera aparición de Henrietta. Se produce en una cena formal en la que de repente los caballeros dejan de hablar y miran alarmados en dirección a Sam, su anfitrión. La expresión de éste denota que ya se imagina qué está sucediendo, pero nosotros no lo sabemos hasta que a continuación Hitchcock nos ofrece un plano de los pies descalzos de Henrietta, que acaba de entrar en la habitación. Estos pies desnudos son la primera imagen que nos muestra el director de ella en todo el film, con esta presentación enseguida nos queda claro cuál es la situación en que ella se encuentra y por qué las esposas de los comensales se negaron a acudir a la cena (es decir, para evitar tratar con una anfitriona que seguramente estaría ebria y provocaría situaciones embarazosas).

Salvo estos interesantes detalles, Atormentada es un melodrama bastante olvidable que merece la pena únicamente por la interpretación de la actriz protagonista y para disfrutar del virtuoso trabajo de cámaras.

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