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Título: Alarma En El Expreso (The Lady Vanishes)
Año:
1938
Guión:
Sidney Gilliat y Frank Launder, basado en la novela The Wheel Spins de Ethel Lina White.
Producción:
Gainsborough Pictures
Reparto:
Margaret Lockwood, Michael Redgrave, Paul Lukas, Dame May Whitty, Cecil Parker, Basil Radford.

Argumento

La acción tiene lugar en un país del centro de Europa en una época de crispación política y miedo a una inminente guerra. En este contexto encontramos a Iris Henderson, una joven inglesa que planea volver a su tierra natal para contraer matrimonio. Poco antes de coger el tren de regreso sufre un pequeño accidente que la lleva a ponerse en manos de una adorable anciana, la señora Froy, que viaja en el mismo tren que ella. Sin embargo, al despertarse de su siesta descubre que la anciana ha desaparecido. Cuando interroga al resto de pasajeros sobre su paradero descubre sorprendida que todos afirman que no existe ninguna señora Froy y que en realidad ella subió al tren sola.

Comentario

A mediados de los años 30 Hitchcock ya había hecho méritos para ser uno de los cineastas más reputados de Reino Unido, pero fue Alarma en el Expreso el film que acabó de catapultarle al estrellato. Se trata ni más ni menos de su mejor obra inglesa junto a 39 Escalones y de su mayor éxito hasta entonces, de hecho en la época fue el film británico más taquillero hasta la fecha.

A diferencia de otros proyectos de finales de su etapa británica, cuando Alarma en el Expreso llegó a manos de Hitchcock ya estaba muy avanzado. De hecho, años atrás se intentó filmar una adaptación de la novela de Ethel Lina White en Yugoslavia, pero el rodaje tuvo que detenerse y la película nunca llegó a materializarse. En este caso, Hitchcock tuvo la ventaja de contar con un excelente guión de Sidney Gilliat y Frank Lauder que el director apenas modificó salvo por dos grandes cambios: el inicio y el final. Hitchcock planteó la divertida escena inicial en el hotel en que se presentan los personajes y el emocionante tiroteo final (el guión original terminaba cuando llegaban a la estación y el Doctor Hartz se llevaba a una de sus espías al hospital creyendo que era la señora Froy). Así mismo inventó la pareja de ingleses aficionados al cricket que tienen el protagonismo en los primeros minutos de film.
Como el mismo Hitchcock reconocía, la premisa argumental no supera cualquier examen lógico que se le aplique (comenzando por el divertido McGuffin de una melodía con un mensaje secreto), pero el hecho de que la película siga funcionando a la perfección pese a eso es una prueba del excelente resultado final.

Un aspecto especialmente remarcable a nivel de dirección es que se trata de la primera de una serie de películas de Hitchcock enmarcada en su mayor parte en un espacio cerrado, a la que le seguirían más adelante Náufragos, La Soga o Crimen Perfecto. El tipo de argumento, así como las limitaciones de los estudios en que se rodó el film, necesitaban de un buen trabajo a nivel de realización para simular en todo momento el espacio de un tren en movimiento. El resultado fue tan bueno que aún hoy en día resulta remarcable: apenas se notan los numerosos trucajes que se utilizaron y la película resulta dinámica en todo momento pese a concentrarse en un espacio limitado.

Una de las mejores escenas a nivel de dirección es una aparentemente muy simple que partía de una premisa que Hitchcock compartió con Truffaut en su libro de entrevistas:

"En Alarma en el Expreso por ejemplo tenía una escena muy tradicional construida en torno a una bebida drogada. ¿Qué se hace habitualmente en estos casos? Uno se las arregla con el diálogo: "Tenga, beba esto. - No, gracias. - Pero si le aseguro que le sentará bien. - Ahora no, más tarde. - Se lo ruego. - Es usted muy amable..." y el personaje coge el vaso, se lo lleva a la boca, lo aparta, lo deja, vuelve a cogerlo y empieza a hablar de nuevo antes de decidirse a bebérselo, etc. Yo dije: "No, no quiero hacerlo así; intentaremos cambiar un poco." Fotografié una parte de la escena a través de los vasos, para que el público los viera constantemente, pero los personajes no tocan los vasos hasta el final de la escena. Por eso hice que fabricaran vasos muy grandes... y ahora recurro con frecuencia a accesorios agrandados.... Es un buen truco, ¿eh?... Por ejemplo el empleo de una mano gigante en Recuerda".

La otra gran escena de la película es el emocionante tiroteo final que no estaba previsto en el guión original y que es un tipo de desenlace que al director le gustaba, como pudo verse años atrás en El Hombre Que Sabía Demasiado, con otra escena final parecida que de nuevo fue idea suya.

Es en esta escena donde resulta interesante analizar la reacción de los personajes típicamente británicos que acompañan a los protagonistas.
De entrada, las dos parejas británicas que viajan en el mismo vagón formaron parte del complot pero sin ser conscientes de ello, únicamente por motivos triviales: una pareja de amantes adúlteros que teme que haya una encuesta judicial y salgan sus nombres a la luz y los dos entrañables fanáticos del cricket que temen que esta investigación les haga llegar tarde al campeonato. Ambas parejas son tan frívolas que prefieren no dar importancia a la desaparición por sus intereses personales, lo cual no es algo exclusivamente británico pero sí su reacción ante el posible ataque. Todos se mantienen incrédulos ante la historia narrada por los protagonistas y prefieren creer las explicaciones coherentes y racionales basadas en la diplomacia y evitar un conflicto ante todo ("Me inclino a creer una explicación racional", "No pueden hacernos nada, somos súbditos británicos"). Este comportamiento perfectamente lógico debe entenderse en el contexto de la época: Europa en 1938 se encontraba en ebullición ante el peligro de una inminente guerra y el Reino Unido, al igual que las futuras potencias aliadas, prefería mantenerse al margen en la neutralidad, evitando el conflicto.
Dos de los pasajeros británicos bajan a intentar dialogar con los enemigos y ambos reciben disparos en su intento de solucionar el conflicto de forma diplomática y pacífica. Una triste premonición del futuro que estaba por llegar.

  

Centrándonos en la protagonista, la gran idea que sobrevuela el film y que es más puramente hitchcockiana es la de un personaje corriente envuelto en una situación extraña que no sabe hasta qué punto es real o imaginaria, tema que retomaría sin ir más lejos pocos años después en EEUU en Sospecha, donde el personaje de Joan Fontaine no sabe si realmente su marido es un asesino o son figuraciones suyas. En este caso la idea es muy poderosa por basarse en un hecho muy chocante, y que en realidad es un argumento que ya viene de lejos, tal y como Hitchcock explicó a Truffaut:

"Todo procede de una leyenda que se sitúa en París en 1880. Una señora y su hija llegan a París, se instalan en un hotel y la madre cae enferma en la habitación del hotel. Llega el médico, examina a la mujer, luego habla aparte con el propietario del hotel y después dice a la chica: "Su madre necesita tales medicamentos", y manda a la chica al otro extremo de París en un coche de caballos. Tras una ausencia de casi cuatro horas, cuando vuelve al hotel y pregunta "¿Cómo está mi madre?", el director del hotel le responde "¿Qué madre? Yo a usted no la conozco, ¿quién es?". Y la chica: "Mi madre está en tal habitación". La llevan a la habitación, hay otros clientes y el papel del tapizado es diferente. (...) La explicación de esta pretendida historia real es que había una gran exposición en París, tal vez en el momento en que se construía la torre Eiffel; las mujeres procedían de la India y el doctor se había dado cuenta de que la madre tenía la peste; entonces, había pensado que si la noticia se divulgaba, correría el pánico y haría huir a todos los turistas que habían ido a visitar la exposición. Ésta era la base".

Como curiosidad, en su serie de televisión de los años 50 rodó esta historia en un capítulo utilizando como protagonista a su hija Patricia.

Al igual que Roger Thornill en Con La Muerte En Los Talones, la familia de El Hombre Que Sabía Demasiado, Melanie Daniels en Pájaros y un largo etcétera de personajes hitchcockianos, Iris es una mujer corriente envuelta repentinamente en un mundo extraño y conspiranoico donde una anciana desaparece y, más adelante, reaparece en forma de otra mujer. Bajo ese mundo aparentemente normal, ella intuye que hay otra realidad escondida que solo se deja entrever mediante esos signos tan hitchcockianos que son elementos que no encajan en una imagen corriente, por ejemplo los tacones de la monja (otros ejemplos posteriores incluyen molinos de viento que giran en dirección contraria al viento y aviones que fumigan donde no hay cosechas).

Significativamente, Iris se nos presenta al inicio del film como una aventurera que va a casarse con un hombre al que no aprecia demasiado para asentarse. En su camino hacia esa nueva vida de tranquilidad vive una asombrosa intriga que le lleva a conocer a otro hombre algo alocado al que acabará tomando en sustitución a su marido, del que solo vemos un breve plano al final de la película, buscándola en la estación de trenes sin ser consciente de que la ha perdido para siempre.

  

Es de justicia hacer una mención al excelente guión de Sidney Gilliat y Frank Launder, cuidadísimo hasta el detalle. El guión está especialmente bien planificado en lo que se refiere a los indicios que le llevan a Iris a creer que la anciana realmente existió, dejándolos caer poco a poco de forma que cada vez que el personaje se ve inclinado a ceder creyendo que fue una alucinación, algo vuelve a resurgir que le convence de lo contrario.
La negativa inicial de todos los pasajeros es un primer argumento sólido contra la existencia de Miss Froy pero cuando ve el nombre de ella escrito en un cristal empañado se convence de que es real. Sin embargo al borrarse el nombre se queda sin ninguna prueba material por lo que el resto de personajes se inclinan a creer que es parte de su alucinación. Es entonces cuando se necesita de otro objeto que mueva a Gilbert a volver a ponerse de su lado, y aparece en forma del envoltorio de té que Miss Froy mandó utilizar al camarero. Posteriormente, como indicio de que realmente ha sido capturada, se nos presenta la primera prueba material: sus gafas tiradas en el suelo.

Del mismo modo es de destacar la excelente y refrescante combinación entre comedia e intriga. De hecho los primeros minutos de película parecen más una comedia pura y dura, y el único indicio que existe de que hay un elemento de suspense es el cantante callejero que es estrangulado (una escena algo gratuita y que está incluida simplemente como primera pista a los espectadores de que no se han equivocado de película y que se trata de un film de suspense). Esos primeros minutos son quizás lo mejor que ha hecho Hitchcock en cuanto a comedia. Aunque su finalidad es hacer la presentación de los personajes se nota que tanto el director como los guionistas quisieron recrearse en este prólogo, especialmente en lo que respecta a la pareja de ingleses, Charters y Caldicott, que parecen ser los protagonistas del film hasta que el foco de atención recae en Iris. Son dos personajes excelentemente perfilados y muy bien interpretados por Basil Radford y Naunton Wayne (a los que volveré más adelante). Una de sus mayores virtudes es que consiguen que sus personajes encajen perfectamente tanto en este inicio cómico como en el desenlace de intriga del final.

En general, las situaciones que se producen en este inicio son prototípicas de las comedias de la época: confusiones (creemos que los dos ingleses están preocupados por la situación política pero en realidad lo están por un torneo de cricket), situaciones absurdas (ambos deben utilizar la habitación de la doncella al no haber más alojamiento disponible) y pequeños toques de tensión sexual (la doncella cambiándose delante de ellos sin ningún tipo de pudor y, en el caso de Iris, Gilbert bajando para dormir con ella cuando ésta consigue echarlo de su habitación).

  

Finalmente, este es uno de esos felices casos en que todo el reparto encaja a la perfección con sus personajes. En lo que respecta a la pareja protagonista, Margaret Lockwood, en el papel más destacable de su carrera, resulta una convincente heroína hitchcockiana, mientras que Michael Redgrave ofrece la primera interpretación de su larga carrera en el cine (hasta entonces era un actor teatral).
En cuanto a los secundarios hay otros nombres de calidad como Paul Lukas y Dame May Whitty, pero quienes destacan sobre todo son Naunton Wayne y Basil Radford como Charters y Caldicott, los dos ingleses fanáticos del cricket. Al parecer los dos actores nunca habían trabajado juntos, pero congeniaron rápidamente y hubo tan buena química entre ellos que Hitchcock no dudó en ampliar sus escenas. No solo son un magnífico contrapunto cómico sino que muestran perfectamente cierta faceta del carácter británico que sin duda a Hitchcock le resultaría irresistible. Fue tal el éxito de esta entrañable pareja que repitieron los mismos personajes en varias películas posteriores como Night Train to Munich (1940) de Carol Reed o Millions Like Us (1943), cuyos guiones eran de los mismos autores de Alarma en el Expreso (que además dirigieron el segundo film). También se les vería en otros films interpretando a personajes con otros nombres pero cuyo comportamiento y relación entre ellos era exactamente el mismo, como por ejemplo en la comedia de la Ealing Pasaporte a Pimlico (1949).

En definitiva, una combinación perfecta de comedia y suspense maravillosa, con un buen guión y reparto perfectamente orquestados por Hitchcock. Una de sus grandes obras maestras.

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