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Título: El Agente Secreto (The Secret Agent)
Año:
1936
Guión:
Charles Bennett, basado en la novela Ashenden de Somerset Maugham.
Producción:
Gaumont British Picture
Reparto:
John Gielgud, Madeleine Carroll, Peter Lorre, Robert Young.

Argumento

El novelista Edgar Brodie recibe una peligrosa misión de espionaje por parte del Servicio Secreto británico: asesinar a un espía alemán que se encuentra en Suiza y del cual no conoce ni su aspecto ni su identidad. Para ello, se simulará el fallecimiento de Brodie y se le adjudicará una agente de espionaje, Elsa, que se hará pasar por su esposa. También le acompañará un excéntrico asesino a sueldo apodado "El Mexicano".

Comentario

Después del enorme éxito de El Hombre Que Sabía Demasiado y 39 Escalones Hitchcock decidió mantenerse en el género de espionaje una vez más adaptando de forma muy libre algunos relatos de Somerset Maugham.

La película parte de una sencilla premisa de suspense: un escritor es elegido por el Servicio Secreto británico para matar a un espía en Suiza. A partir de aquí se suceden los típicos elementos hitchcockianos aparentemente normales pero que se ven involucrados en la conspiración: el falso funeral, mensajes cifrados en cajas de bombones, un organista muerto en la iglesia (magnífico el detalle de la nota del órgano que sigue sonando una vez muerto), etc. En este caso, Hitchcock jugó además con la ambientación en Suiza para aportar elementos locales a la trama de suspense. Así pues, los espías se esconden en una fábrica de chocolate y el asesinato de Mr. Caypor tiene lugar en una montaña.

El gran tema de la película que nace a partir de esta sencilla historia de suspense es el cumplimiento del deber en tiempos de guerra, cómo un novelista se ve abocado a tener que matar a un hombre que no conoce por orden de sus superiores. Del mismo modo, Elsa al inicio se siente atraída por la emoción de la aventura e insinúa divertida que quizá haya disparos, pero cuando El Mexicano mata por error a un hombre inocente, ésta descubre horrorizada la realidad tras esa idea glamurosa de ser espía y anima a Edgar a abandonar la misión.

En su tratamiento de este tema, la película resulta algo cruda en lo que se refiere a la muerte de Caypor, ese hombre tan agradable y encantador a quien toman equivocadamente por el espía.
La escena del asesinato rompe con el tono hasta entonces algo liviano del film, mostrando en paralelo la acción en la montaña con la inocente charla que tiene Elsa con Mrs Caypor, que se ve interrumpida por los llantos de su perro, que presiente que algo le ha sucedido a su amo. Aunque no se llega a ver el asesinato directamente, es un momento inusualmente crudo, un poco en la línea del niño que muere en Sabotaje, estrenada en ese mismo año. Pocas veces en su carrera resultó tan cruel como en pequeños instantes como éste.

Un punto flojo de la película es la poco creíble historia de amor entre Edgar y Elsa claramente metida con calzador y que desaprovecha una premisa magnífica y muy hitchcockiana: dos personas obligadas a aparentar ser un matrimonio sin serlo realmente, es decir, que deben compartir una intimidad que en realidad no desean (o no reconocen que desean). En lugar de eso, se cae en el tópico del amor a primera vista y los altibajos de Elsa respecto a Edgar, tan pronto amándole como rechazándole por involucrarse en un asesinato, resultan aún menos verosímiles. En contraste, el entrañable (y a la vez oscuro) personaje de El Mexicano supone una pequeña y extravagante aportación humorística que le da un respiro al relato de su tono grave y la superficial historia de amor.

El protagonista es encarnado por el shakesperiano John Gielgud en un improbable papel de héroe de acción. Aunque Gielgud era un grandísimo actor, no se le ve cómodo en el papel y resultó una elección de casting simplemente curiosa por mostrarnos uno de sus primeros papeles en el cine, ya que él era ante todo un actor teatral. La primera elección de Hitchcock era obviamente repetir a la pareja protagonista de 39 Escalones, pero aunque no pudo contar con Robert Donat sí que repitió Madeleine Carroll, a quien se podría considerar como la primera actriz hitchcockiana junto a la checa Anny Ondra (La Muchacha de Londres y El Hombre de Man). A diferencia de su compañero de reparto, Ondra asume fácilmente su papel de espía que pasa de buscar emociones fuertes a sentir repugnancia por su trabajo.
Cierra el trío protagonista un viejo conocido del director, el alemán Peter Lorre, que se reserva un jugoso papel secundario extravagante y divertido, el General. Hitchcock solía favorecer a los actores por los que sentía debilidad, y en este caso deja a Lorre varios momentos de lucimiento propio.

Es cierto que el film sale perdiendo en comparación con las dos obras anteriores y las que la siguieron, pero se trata de un buen Hitchcock menor. Sin sobresalir entre su filmografía, ofrece buen entretenimiento y expone eficazmente el dilema moral sobre el deber de matar.

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