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Título: Los 39 Escalones (The 39 Steps)
Año:
1935
Guión:
Charles Bennett, basado en la novela homónima de John Buchan.
Producción:
Gaumont British Pictures
Reparto:
Robert Donat, Madeleine Carroll, Lucie Mannheim, Godfrey Tearle, Peggy Ashcroft, Wylie Watson.

Argumento

Richard Hannay es un canadiense que se encuentra de vacaciones en Londres y que se ve envuelto en un complejo asunto de espionaje al acoger en su apartamento a una misteriosa mujer que le revela que es una agente secreta. Cuando Richard se encuentra con que ésta ha sido apuñalada en su propia casa mientras dormía se ve obligado a demostrar su inocencia y a la vez a impedir que la organización secreta responsable de su muerte saque fuera del país unos documentos de vital importancia para el estado. Para ello huirá hacia Escocia intentando evitar a la policía y la misteriosa organización, valiéndose de las pocas pistas que la difunta espía le dió a conocer.


Comentario

Como es habitual casi siempre que Hitchcock se basa en una novela, el guión adapta muy libremente la obra original haciendo que la compleja trama de espías que aparece en el libro quede simplificada en la típica historia de suspense de un inocente acusado de un crimen que no ha cometido. A Hitchcock se nota que la trama de espías le da absolutamente igual, a él lo que le importa es tener una excusa argumental para dar pie al suspense y sus temas predilectos, y es por ello que la película es bastante superior a la novela (que es entretenida pero se hace algo pesada o complicada). De hecho la gran mayoría de situaciones que veremos en la película no aparecen en la novela original, de la cual prácticamente toma sólo el nombre de la organización secreta de espías y la situación que provoca el conflicto.
Así pues aquí el McGuffin son los documentos que la malvada organización criminal quería extraer del país de los cuales conocemos su existencia justo al final de la película, durante el resto del metraje tanto el protagonista como nosotros hemos ido algo perdidos y nunca hemos tenido demasiado claro qué busca exactamente... pero es que no importa.
De hecho analizando fríamente el inicio de la película no es que tenga demasiado sentido: una atemorizada espía sube al piso de un desconocido para despistar a los espías enemigos y pese a todas las medidas de seguridad que toma (como evitar pasar delante de las ventanas con la luz encendida) no sólo acabarán asesinándola sino que antes ya sabía que la tenían localizada por las insistentes llamadas de teléfono y los dos hombres esperando afuera. Tampoco tiene demasiado sentido que asesinen a la espía y no a nuestro protagonista mientras estaba durmiendo del todo indefenso. Sin embargo cuando vemos la película todos estos detalles no nos importan porque Hitchcock sabe como disponer los diferentes elementos para que la película nos tenga enganchados sin que demos importancia a estas minucias.

Otro elemento muy típico ya por entonces en el cine de Hitchcock y que está siempre presente en la película es el humor. El inicio del film de hecho es bastante ligero con esa especie de music hall en el que el pobre Mr. Memory intenta en vano llamar la atención de un público que sólo le pregunta datos deportivos, la edad de Mae West o cómo se reproducen los pájaros ("No digas vulgaridades" le dice su avergonzada esposa, a lo que él responde "¡Las aves también se reproducen!", humor 100% hitchcockiano).
Las situaciones humorísticas se seguirán sucediendo a lo largo del film. En el mismo compartimento del tren en que se encuentra nuestro protagonista nos encontramos a dos vendedores de ropa interior femenina que comentan sin ningún tipo de pudor los modelos que comercializan, provocando el rubor y desconcierto de un sacerdote. La represión sexual, el fetichismo y el tabú que conllevan estas cuestiones son algunos de los temas que más le gustaba tratar a nuestro director inglés y que se repetirán en futuras obras (sin irse muy lejos, en Alarma En El Expreso con los dos ingleses compartiendo habitación en un hotel con una criada de mirada pícara).
En este mismo tren encontraremos otro detalle humorístico más sutil con el camarero que le pregunta a nuestro protagonista si desea que le sirva ya el té. Más adelante, y pese a haber visto como escapaba de la policía por una ventana, cuando se topa con él en el vagón restaurante le ofrece gentilmente la mesa donde está ya dispuesto su té.
También habrá bastante humor en los momentos en que los dos protagonistas permanecen esposados y se ven obligados a convivir juntos. La forma como Hannay se cansa de convencerla de su inocencia y pasa a inventarse un pasado criminal está muy bien tratada por los guionistas, pero lo mejor son los pequeños detalles que nos devuelven a los temas mencionados anteriormente de represión sexual.. Tomemos como ejemplo la escena en que ella se quita las medias: al estar esposados la mano de él inevitablemente acaba rozando las piernas de ella cuando se quita su media izquierda, pero cuando tiene que quitarse la media derecha él se ve obligado a dejar su mano puesta sobre la pierna izquierda de ella, de modo que ésta al darse cuenta le da las medias y le pide que las sujete a lo que él responde con una falsa naturalidad "Sí, sí, claro".

 


Sin embargo para mí el gran punto fuerte de la película junto a la dirección son los personajes secundarios. A lo largo de su viaje, Hannay se irá topando con varios personajes sin ningún tipo de desperdicio: el lechero que acabará cediendo su uniforme amablemente cuando éste le cuenta la falsa historia de que huye por asuntos amorosos, los dos vendedores de ropa interior citados antes, el matrimonio que les aloja creyendo que son una pareja de enamorados fugitivos... Sin embargo hay tres en los que merece la pena centrar especialmente nuestra atención.

En primer lugar el propio Mr. Memory, cuya primera aparición parece meramente anecdótica pero que al final del film adquirirá mucha relevancia siendo él parte del McGuffin de la película. Resulta muy significativa su forma de morir: Hannay se ve ya acorralado por la policía en el teatro donde éste actúa y sabe que Mr. Memory está implicado pero no puede demostrarlo, así que simplemente le pregunta qué son los 39 escalones. Éste se queda pálido porque sabe que revelar la respuesta es su perdición, pero él es Mr. Memory, el hombre que lo sabe todo y que nunca se equivoca. Podría decir que no lo sabe pero sería deshonrarse ante un público que nunca le ha tomado en serio, podría mentir pero entonces él sabría que no ha cumplido lo que promete en cada show: responder a las preguntas que le hagan sin equivocarse.
La muerte de Mr. Memory puede parecer absurda, pero en realidad no lo es vista desde el punto de vista del personaje, del showman que cree en su personaje hasta las últimas consecuencias. No puedo dejar de reproducir las últimas frases que dice Mr. Memory antes de morir justo después de haber dado a conocer lo que le han preguntado (el secreto de estado que iba a dar a los espías enemigos):

- ¿Estoy en lo cierto, señor?
- Sí, es correcto.
- Gracias, gracias... mi memoria es prodigiosa, ¿verdad?

Uno no puede dejar de sentir algo de pena por este singular personaje que murió sin haber recibido nunca el aplauso que merecía y que la única forma que encontró de ver reconocido su genio era traicionando el país.

Sin embargo, los dos secundarios que destacan por encima de todo este elenco son el matrimonio de granjeros. Pocas veces en la filmografía de Hitchcock unos personajes han dicho tantísimas cosas en tan poco metraje, cada segundo de esta escena nos está definiendo a la perfección a ambos personajes desde el momento en que el granjero le presenta a la otra habitante de la casa ("¿Su hija?" "... mi mujer").
Ella es soñadora y bondadosa, añora la ciudad y se preocupa por cosas tan triviales como si en Londres las mujeres se pintan las uñas, mientras que él responde a la afirmación de Hannay sobre que prefiere la ciudad con un sencillo "Dios creó el campo".
El mejor momento que tiene lugar en esta granja es sin duda la escena en que bendicen la mesa antes de cenar, donde Hitchcock consigue contarnos todo con un juego de miradas. Mientras el granjero reza, Hannay no para de mirar nervioso el periódico que está encima de la mesa donde se anuncia su fuga, ella extrañada mira al periódico, descubre la noticia y le mira asustada, éste le responde con señas intentando decirle que es inocente y mientras tanto el granjero ha ido siguiendo este cruce de miradas pero creyendo que en realidad están coqueteando o quedando para verse más tarde. Todo esto se nos dice sólo con las miradas de los personajes y se acaba de redondear en el momento en que el granjero pone una excusa para salir fuera y observar por la ventana como los dos comienzan a hablar nerviosamente, desde su punto de vista están concertando una cita aunque nosotros sabemos qué es lo que sucede en realidad. El mostrarnos este diálogo entre Hannay y la mujer desde el punto de vista del granjero permite a Hitchcock matar dos pájaros de un tiro: en primer lugar nos ahorra las explicaciones de Hannay justificando su inocencia que no nos interesan porque ya las conocemos y en segundo lugar contribuye a crear tensión puesto que esta conversación fomenta las sospechas del granjero sobre su mujer y el extraño invitado.

 

Finalmente, cuando llega la policía a casa, el granjero descubrirá la verdad y aunque promete a Hannay encubrirlo se deja tentar por el dinero de la recompensa mientras la bondadosa esposa no sólo le deja huir sino que le da el abrigo de su marido (que más tarde le salvará la vida al detener el impacto de una bala una Biblia que había dentro, detalle que Hitchcock seguro que tomó de Los Espías (1928) de Fritz Lang). Antes de irse Hannay le pregunta si su marido no le pegará y ella dice que no, pero tanto nosotros como posiblemente el propio Hannay sabemos que muy probablemente no es así. Lo comprobaremos más adelante en una secuencia en que el granjero, al descubrir que su esposa ha dado el abrigo al fugitivo que dejó escapar, le atesta un golpe que no llegamos a ver pero sí a oír por el grito de ella (magnífica forma de elidir una escena de violencia doméstica que en aquella época no creo que gustara).
Cuando ese misterioso y atractivo fugitivo de la justicia se escapa, escapan con él los sueños de ella y su oportunidad de escapar también de su dictatorial marido. Junto a la difusa sombra de Hannay escapan las fantasías que por unos instantes se apoderaron de su mente.


La labor que lleva a cabo Hitchcock en este film como director es sobresaliente mostrando ya una muy interesante madurez respecto a sus obras anteriores y una realización inusualmente ágil para la época en la que no teme usar panorámicas o travellings bastante complejos. Así mismo también echará mano de algunos recursos muy originales como fundir el grito de la asistenta de la limpieza que descubre el cadáver con la sirena del ferrocarril donde huye Hannay.
También nos ofrecerá algunos planos muy interesantes como ese plano subjetivo de Hannay en su compartimento leyendo el periódico con los inquisidores ojos de uno de los vendedores de lencería femenina sobresaliendo por encima y que parecen mirarle acusadoramente como si supiera que es él el peligroso asesino buscado por la policía, aquí Hitchcock nos hace partícipes de la sensación de angustia y paranoia del protagonista puesto que no se nos muestra nada que nos haga sospechar que ese hombre conoce la identidad de Hannay, pero sin embargo tanto él como nosotros creemos que nos está mirando acusadoramente. Otro plano muy interesante es el que aparece al principio de la película cuando Hannay observa desde la ventana de su apartamento a los dos misteriosos hombres que seguían a la agente secreta. El interés reside en algo que ya comenta Truffaut en su libro de entrevistas con Hitchcock y es que la clave para que este plano inquiete al espectador y le mantenga en tensión es mostrar a los dos misteriosos espías de lejos (desde el punto de vista del protagonista) y sin mostrarnos sus caras, puesto que no hay nada que atemorice más al espectador que lo que no conoce, si se nos mostraran sus caras acabaríamos humanizando estas inquietantes figuras y por tanto les tendríamos menos miedo.

  


En cuanto al resto de elementos no hace falta detenerse demasiado en ellos porque destacan por sí solos. Por ejemplo, en cuanto a las interpretaciones todo el reparto está realmente bien y Robert Donat en concreto hace a la perfección el papel de galán atractivo y con sentido del humor (papel que luego acabaría recayendo de forma excelente en Cary Grant en futuros films del director) además de tener mucha química con su compañera de reparto Madeleine Carroll. Se cuenta que para favorecer la química entre los dos actores Hitchcock, después de rodar una secuencia en que tenían que permanecer esposados, les dijo que había perdido las llaves de las esposas obligando a los dos actores a permanecer esposados un larguísimo rato en el cual acabaron congeniando a la perfección.
Cabe destacar algo muy importante sobre la relación entre los dos personajes, y es que a diferencia de la mayoría de films del director, en esta película la historia de amor nunca se acaba materializando ni en palabras ni en hechos, de hecho ni siquiera se dan el clásico beso. Lo más cercano que encontraremos a eso es el plano final de la película en que ambos, después de haber pasado por todos esos apuros, se cogen de las manos (lo cual nos devuelve a la idea de las esposas, que antes les obligaban a permanecer unidos). Ese aspecto es bastante positivo puesto que nos ahorra escenas de amor que romperían el ritmo, además que la química entre ellos y el mencionado plano final ya dicen más que suficiente.

En lo que respecta al guión no hay mucho que comentar que no se haya mencionado ya, la estructura luego sería readaptada en posteriores films del mismo Hitchcock como Sabotaje (1942) o la célebre Con La Muerte En Los Talones (1959), películas de espías en que el protagonista emprenderá un viaje repleto de aventuras para demostrar su inocencia y además frustrar los planes del enemigo.
Sin embargo si en algo destaca esta película por encima de las otras dos en lo que al guión respecta es en su estructura cíclica: la película empieza con una el espectáculo de Mr. Memory y Hannay conociendo a una misteriosa mujer que será la causante de todos sus problemas y acabará con Hannay conociendo a otra mujer que en esta ocasión le ayudará a solucionarlos y de nuevo con otro espectáculo de Mr. Memory, en el momento en que Hannay identifique la melodía que venía silbando durante toda la película y vuelva a ver a Mr. Memory sobre el escenario conseguirá atar los cabos sueltos y el ciclo quedará completo.


Si en películas como El Enemigo De Las Rubias (1927), La Muchacha De Londres (1929) y El Hombre Que Sabía Demasiado (1934) ya comenzaba a reflejarse el estilo de un joven y prometedor Hitchcock, en 39 Escalones ya nos encontramos con un Hitchcock notablemente más maduro que ha sabido perfeccionar su estilo personal mostrándonos algunas de las constantes de su carrera con una maestría inusual para la época. Su primera obra maestra y su película británica más lograda junto a Alarma En El Expreso (1938).


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